El aprovechamiento, gracias al uso de la inteligencia artificial, de todos los datos médicos informatizados de los que disponen muchos países del mundo desde hace más de 15 años y que conforman una cantidad de datos como nunca antes ha existido en la historia de la medicina, permitirá una progresión geométrica de los avances médicos gracias a su enorme potencial para la investigación.
Así se ha puesto de manifiesto en el foro Diálogos EFE «Innovación y Futuro: El Valor de la Investigación Médica» celebrado en el Colegio de Médicos de Alicante (COMA), en el que han participado el vicerrector de Planificación y Responsabilidad Social de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche y Premio Alberto Sols 2025 a la Labor Investigadora Clínica, Domingo Orozco, la vicedecana de Ordenación Académica de la Universidad de Alicante (UA) e investigadora del Centro de Investigación en Salud Laboral (CiSAL), Elena Ronda; la delegada provincial de Asisa, Paula Giménez, el presidente del COMA, Hermann Schwarz, y la vicepresidenta segunda de esta institución, Ana Segura.

El doctor Orozco ha resaltado que uno de los grandes retos actuales de la investigación médica es el aprovechamiento de toda la información con la que se cuenta. «Hoy en día toda la información clínica está informatizada a través de la historia de salud electrónica», lo que supone un volumen de información brutal para investigación que ahora mismo se está «desaprovechado completamente».
En este sentido ha resaltado que desde hace unos 15 años se lleva esa historia clínica de calidad de millones de personas, «con todas las pruebas de laboratorio y de imagen, las visitas, los tratamientos, etcétera», por lo que es necesario «abrir las puertas de estos datos públicos para que investiguen las universidades, los colegios, las sociedades científicas y también la empresa privada».
A su juicio, no tiene sentido disponer de toda esa información y no aprovecharla para el beneficio común, «cuando además ahí están todas las patologías, lo que implica que cualquier especialidad puede investigar con esos datos».
El proceso continuo de salud desde que una persona nace, las enfermedades que se le diagnostican, el tratamiento, la rehabilitación y el fallecimiento: «Está todo recogido en la historia clínica electrónica» y eso «nunca había pasado en la historia de la medicina», por lo que se abre una oportunidad para la investigación que no podemos desaprovechar porque «lo tenemos a la mano».
Por su parte, la doctora Elena Ronda ha señalado que «hay miedo a un mal uso de los datos», pero precisamente para eso existen comités de ética que aprueban todos los proyectos de investigación, de manera que cree necesario avanzar en este terreno. Por ejemplo, es «prácticamente imposible unir el certificado de defunción con la historia del paciente», lo que dificulta avances en salud pública para saber de qué se muere en relación con la ocupación.
«Para saber eso tienes que unirlo y hacer un seguimiento», por lo que debe existir ese acceso a los datos público «con los controles debidos», porque todo esto podría anticipar y ayudar a prevenir ciertos comportamientos y enfermedades.

Retos futuros
De cara al futuro inmediato, la delegada provincial de ASISA, Paula Giménez, ha resaltado que la mayor parte de la financiación para la investigación viene de fondos europeos, y «habrá que ver cuándo se acaben cómo se sostiene esa investigación», algo que en su opinión pasa necesariamente por la colaboración público-privada.
Para Ana Segura, «cuando se habla de sector público y privado no es ‘o’ sino debe ser ‘y’, y ha abogado por «la buena predisposición de todas las partes para alcanzar una «entente cordiale» entre ambos ámbitos a favor de una investigación con científicos «reconocidos y puestos en valor».
De otro lado, Hermann Schwarz ha incidido en que en atención primaria la investigación se centra en los resultados, porque es donde se ve si un fármaco que ha funcionado en condiciones de control de ensayo clínico o de laboratorio, es realmente efectivo cuando generalizas su uso.
En su opinión, es necesario poner el foco de la investigación en la prevención, para lo cual hacen falta datos no solo clínicos o médicos sino del entorno medioambiental del paciente, que es donde se encuentran los condicionantes de la salud.
Ha puesto como ejemplo la investigación en torno a las vacunas, que han salvado muchísimas vidas y está demostrado que cada 10 por ciento de aumento de la tasa de vacunación disminuye las resistencias antibióticas, a pesar de lo cual en cuestiones como la gripe la vacunación ronda el 50 por ciento.
En relación a esto Ronda ha afirmado que otro reto fundamental de la investigación es lograr la traslación de esos avances científicos a la práctica clínica. «Están sobradamente investigados los beneficios de la actividad física sobre la salud, por ejemplo, pero el caso es que la gente no hace deporte, por lo que hay que investigar sobre cómo hacer para que la gente se mueva».
Ha coincidido con ella Domingo Orozco al afirmar que hay que investigar cómo trasladar esos avances para que calen en la sociedad, aunque esto tenga menos «glamour» que descubrir un nuevo fármaco. Y se ha preguntado qué sentido tiene descubrir un nuevo fármaco si luego el 50% de los pacientes crónicos lo toman mal o ni siquiera lo hacen, lo que al final implica que no se benefician de esos nuevos avances que han tardado tanto en descubrirse.
Para Schwarz, una parte fundamental es la confianza del paciente en su médico, «como demuestra el hecho de que ser atendido lo largo del tiempo por el mismo médico es efectivo». Tener el mismo médico durante 15 años ha demostrado reducir un 30% el uso de los servicios de urgencias, un 28% las hospitalizaciones y un 25% la mortalidad.

Los expertos han coincidido también en que se está produciendo una «revolución en la obtención de nuevas vacunas», ya que la tecnología actual y la inteligencia artificial permiten reducir a la mitad los tiempos.Orozco ha explicado que el desarrollo para sacar un nuevo fármaco implica investigar 10.000 moléculas, pero hoy en día el tiempo necesario para ello se ha reducido a la mitad porque los procesos de inteligencia artificial permiten seleccionar las moléculas que tienen una serie de características más adecuadas.
Orozco ha explicado que el desarrollo para sacar un nuevo fármaco implica investigar 10.000 moléculas, pero hoy en día el tiempo necesario para ello se ha reducido a la mitad porque los procesos de inteligencia artificial permiten seleccionar las moléculas que tienen una serie de características más adecuadas.