La médica y profesora de microbiología jubilada y apasionada de las bacterias, la cántabra Marisa Maliaño durante, en una entrevista con EFE. EFE/Pedro Puente Hoyos

Bacterias contra el terraplanismo y la ola antifeminista

Santander (EFE).- Médica, profesora de microbiología jubilada y apasionada de las bacterias, Marisa Maliaño ha hecho de la divulgación científica la herramienta para tratar de contrarrestar los bulos, el terraplanismo y la ola antifeminista de los años postcovid, con evidencias y sin perder el humor.

«Tenemos que tirar de datos para tratar de frenar la ola de involución en la que estamos inmersos», dice en una entrevista con EFE la divulgadora y activista santanderina, cuyas charlas sobre la evolución de la vida son parte de un proyecto del grupo ecofeminista de Ecologistas en Acción.

Marisa Maliaño parte de la idea de que con la pandemia de coronavirus empezó un cambio social que está trayendo un desprestigio de la ciencia, la vuelta a las creencias frente a la evidencia como reacción a esa quiebra de confianza y la defensa de los valores tradicionales.

No es la primera vez que una epidemia impulsa el cambio social. En el siglo XIV, recuerda, la peste mató en dos años a dos terceras partes de la población europea, un choque para una sociedad profundamente religiosa que vio como morían «los puros, los impuros y los obispos, sin una lógica divina» y empezó a buscar otras respuestas. En ese caldo de cultivo comenzó a cocerse el Renacimiento, y también de ahí vino nuestro miedo a las ratas, apunta.

En su opinión, la extrema derecha «lo ha hecho muy bien» en su manejo de las redes sociales, sobre todo para llegar a los jóvenes, tanto que «no nos hemos dado cuenta hasta que el daño era obvio».

Ve a los chicos «muy despistados», y a las chicas calladas. Hasta en cuatro ciudades distintas de España ha escuchado a jóvenes en sus charlas argumentando que hay más de 400 leyes en contra de los hombres. «Ahora feminista es un insulto, feminazi», lamenta.

«¿Y cómo es posible que tenga tantos seguidores la idea de que la tierra es plana?», se pregunta también Maliaño. «Demuéstrame que es redonda, te dicen. Pero si solo tienes que ir al mar y ver la curvatura. Acércate al borde y hazte un selfie», recomienda.

La médica y profesora de microbiología jubilada y apasionada de las bacterias, la cántabra Marisa Maliaño durante, en una entrevista con EFEa. EFE/Pedro Puente Hoyos

Con sus charlas en centros sociales y educativos, jornadas y encuentros en toda España y con su blog, «Los microbios no son machistas», quiere que su conocimiento y su larga experiencia en la sanidad y la docencia sirvan al menos para hacer pensar.

Marisa Maliaño fue médica rural a finales de la década de los ochenta, cuando la electrificación estaba acabando de llegar a los cántabros Valles Pasiegos. Aquella veinteañera descubrió que existía otra forma de ver la vida, y la muerte, en su mismo metro cuadrado.

Empezó en la enseñanza con la recién nacida Formación Profesional de la familia sanitaria y en los últimos 22 años ha sido profesora de microbiología en análisis clínicos, «una asignatura dura que nadie quería dar».

A su alumnado, que no entendía nada, le debe su capacidad de divulgación, agradece. Y recuerda divertida que conseguía revolucionar el aula del instituto cuando les aseguraba que las bacterias «son más listas que nosotros y controlan nuestras vidas».

¿Somos microbios venidos a más?

Sus charlas tienen títulos tan sugerentes como «De aquellas bacterias sexis a esta humanidad sin seso» y en la última le ha hecho un homenaje a Robe Iniesta.

«Que el libro de ciencia he podido estudiar/ que somos microbios venidos a más, a más», repite el líder de Extremoduro en las «Bulerías de la sangre caliente» (Deltoya). Marisa Maliaño, con todo el cariño, le lleva la contraria. «Nos creemos que somos lo más en la vida del ecosistema pero estamos siendo ya la causa de la sexta extinción del planeta. Cada día se muere una media de 150 especies».

Las bacterias son, por el contrario, un ejemplo de cooperación y «las reinas del mambo» de la adaptación al cambio. Son inmortales e invisibles pero están por todas partes. Nos paseamos con dos kilos de media de bacterias en nuestro aparato digestivo cuyos «pises, caquitas y eructos» son necesarios para el bienestar; nos recubren y protegen todos nuestros orificios.

En un beso en la boca, explica, la transmisión de bacterias es multimillonaria. «Y eso no es indeseable. Es supervivencia, lo necesitamos», añade.