Cinco alumnas de Educación Secundaria del instituto Nueve Valles de Reocín, todas ellas de 15 años, junto a su profesora Susana Díaz trabajan para ultimar los detalles de un pequeño satélite del tamaño de una lata de refresco, denominado 'Alianza estelar'. EFE/ Javier Paradelo

Ciencia en femenino desde Cantabria con cinco chicas a bordo de su ‘Alianza estelar’

Javier G. Paradelo | Reocín (EFE).- Cinco alumnas de Educación Secundaria del instituto Nueve Valles de Reocín, todas ellas de 15 años, han decidido mirar al cielo y hacerlo con la ciencia bajo el nombre de ‘Alianza estelar’, para diseñar, construir y programar un pequeño satélite del tamaño de una lata de refresco.

Este equipo formado por Lucía, María, Ilaya, Julia y Ariadna participa en el desafío CanSat, una iniciativa de la Agencia Espacial Europea que combina electrónica, programación, física y trabajo en equipo, y que se ha convertido en una experiencia educativa de nivel tecnológico para estas jóvenes estudiantes.

El desafío CanSat plantea a todos los equipos participantes una misión primaria común, que consiste en desarrollar un satélite funcional capaz de recopilar datos atmosféricos durante su descenso tras el lanzamiento, replicando a pequeña escala las misiones reales de la ingeniería aeroespacial.

El ingenio de la ‘Alianza estelar’ debe ser capaz de medir la presión atmosférica y la temperatura durante el descenso del satélite, registrando los datos al menos una vez por segundo, pero también debe desarrollar una misión secundaria propia, que aporte un valor científico o tecnológico añadido al proyecto.

Investigar también la vida de las aves

En este caso, las estudiantes han orientado su investigación hacia el impacto de las condiciones atmosféricas en la vida de las aves, para lo cual han dotado a su satélite de sensores capaces de medir humedad, calidad del aire, radiación ultravioleta y dióxido de carbono, entre otros indicadores.

El proyecto incluye varios elementos tecnológicos adicionales que amplían sus capacidades, como un sensor de aceleración en el eje Z, que permite calcular las fuerzas G soportadas durante el lanzamiento, así como con un sistema GPS, que facilita localizar el satélite tras su aterrizaje.

La profesora coordinadora del proyecto, Susana Díaz, explica a EFE que la iniciativa nació al comienzo del curso escolar, cuando ofreció a su alumnado participar en distintos desafíos científicos, propuesta que despertó el interés de los estudiantes, hasta el punto de que se formaron tres equipos.

Trabajo técnico

Entre todos ellos, el grupo ‘Alianza estelar’ fue el seleccionado para representar al centro, casualmente compuesto por cinco chicas que eligieron trabajar juntas en este proyecto en el que se sienten cómodas al apoyarse entre sí en el desarrollo de la idea y en la toma de decisiones.

Susana Díaz asegura que proyecto requiere un importante trabajo técnico, pues para proteger todos los componentes electrónicos y optimizar el espacio disponible las alumnas han diseñado una estructura interna en la que integran los sensores y sistemas de comunicación.

El satélite incluye además una tarjeta microSD, donde se almacenarán los datos recogidos durante el vuelo, así como un sistema de recuperación del dispositivo diseñado por las estudiantes.

Así, Lucía, María, Ilaya, Julia y Ariadna han calculado y construido un paracaídas fabricado con nylon Ripstop e hilo de cometa, con el fin de garantizar un descenso controlado y seguro del pequeño satélite.

Información transmitida en tiempo real

Para la transmisión de la información recogida por los sensores en tiempo real y mejorar el alcance de la señal, las propias alumnas han construido una antena Yagi de siete elementos, una solución técnica habitual en telecomunicaciones que demuestra el nivel de complejidad que puede alcanzar el proyecto.

La carcasa del satélite, donde se alojan todos los componentes, ha sido diseñada en 3D e impresa para este proyecto, adaptándose a las limitaciones de tamaño del desafío, similar al de una lata de refresco.

Además, el coste total del proyecto no puede superar los 500 euros.

Susana Díaz resalta que el desafío no se limita al desarrollo técnico ya que los participantes también deben preparar informes científicos, presentaciones públicas y estrategias de difusión, además de buscar posibles patrocinadores que ayuden a financiar el proyecto.

En Cantabria, la fase regional del desafío se celebrará entre finales de mazo y principios de abril, ¡y los equipos deberán superar diversas pruebas técnicas y realizar una presentación oral ante un jurado especializado, en la que explicarán el funcionamiento y los resultados de su satélite.

Un desafío que parecía inalcanzable

‘Alianza estelar’ se encuentra en la actualidad en pleno proceso de integración de todos los elementos dentro del satélite, para llegar a la fase regional que tendrá lugar el 26 de marzo, con posibilidades de ir a la nacional que se prevé celebrar en mayo en la Base Aérea de Talavera la Real (Badajoz).

María Fernández, una de las alumnas integrantes del equipo, recuerda que al principio el desafío parecía casi inalcanzable pues pensaban que no iban a ser capaces de realizar algo de este nivel, aunque con el paso de las semanas la experiencia está siendo «tan exigente como enriquecedora».

«Nos hemos dado cuenta de que somos capaces de hacer muchas cosas y de que el proyecto va cada vez mejor. Creemos que podemos llegar muy lejos», afirma mientras, junto a sus compañeras, se afana en ultimar los preparativos de la satélite ‘Alianza estelar’.