La Carrauca es una vivienda comunitaria en la que viven ocho personas m. EFE/Eva García González
La Carrauca es una vivienda comunitaria en la que viven ocho personas m. EFE/Eva García González

Viviendas comunitarias, una «nueva familia» para personas mayores o vulnerables

Santander (EFE).- La Carrauca es una vivienda comunitaria en la que viven ocho personas mayores y autónomas, donde se sienten acompañadas y cuidadas tras pasar por situaciones de vulnerabilidad o no tener familiares.

Si bien no busca exclusivamente combatir la soledad no deseada, este tipo de vivienda da un hogar a personas que en muchas ocasiones no cuentan con alguien que les cuide o acompañe, dándoles la independencia que pueden asumir pero teniendo en cuenta sus necesidades.

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Lejos de ser una residencia al uso, en la que se controla la rutina de los pacientes y los residentes requieren una asistencia continua, La Carrauca, ubicada en Bielva (Herrerías), proporciona a sus habitantes un ambiente de compañía y diversas actividades, como el huerto que cuidan con esmero y del que se sienten muy orgullosos.

Esta iniciativa, impulsada por el Gobierno de Cantabria y gestionada por el Ayuntamiento de Herrerías, se puso en marcha en el año 2011 y ha llegado a alojar hasta 12 personas simultáneamente en habitaciones compartidas, aunque también ofrece servicio de comidas a personas externas.

«Tengo de todo»


Después de desayunar y arreglarse, Jesús, Pili y los demás compañeros de la casa bajan al salón comunitario si no hay ninguna actividad a la que apuntarse, como explica a EFE Pili, que suele acudir a clases de porcelana u otros cursos organizados por centros de mayores.

Antes de llegar a esta vivienda, ella vivía con una familiar y ahora asegura sentirse feliz. «Aquí estoy en la gloria. Tengo ropa, que no tenía, tengo viajes, que no tenía. Tengo de todo. Estoy encantadísima», dice.

Jesús también vivió con unos familiares hasta que una trabajadora social le ofreció mudarse a La Carrauca, donde está «contentísimo» y se encarga de regar las flores y hacer recados.

La Carrauca es una vivienda comunitaria en Herrerías. EFE/Eva García González

Los habitantes de la casa asisten también a talleres y actividades de manualidades, estimulación cognitiva y cocina que ofrece la Mancomunidad del Nansa, además de vender los productos que cultivan, ya que les sobran a pesar de que los usan para el autoconsumo.


Los inquilinos pagan unos 170 euros por la pensión completa, lo que hace del alquiler una oportunidad asequible para personas en situación de vulnerabilidad, a las que se ofrecen todos los servicios necesarios para una vida digna.

Esa aportación de los usuarios supone un 57 % de la financiación de la vivienda, mientras que el Ejecutivo regional aporta un 32 % y la Mancomunidad del Nansa otro 11 %.

Una nueva familia


Uno de los objetivos de estas residencias para gente independiente es retener población en entornos rurales a la vez que se dota a sus habitantes de una seguridad y una libertad que en las ciudades no encuentran, como explica Lidia, una de las trabajadoras sociales que visita la casa todas las semanas.

Tanto ella como Ángela, educadora social, coordinan y supervisan que todo funcione en la vivienda, aunque es Jezabel la persona que vive con ellos y «forma parte de la familia» en la que se han convertido, como explican los residentes.

Un ejemplo


La Carrauca se ha convertido en un ejemplo a seguir para proyectos como el que próximamente se pondrá en funcionamiento en Ucieda (Ruente), en unas antiguas escuelas que han sido rehabilitadas y convertidas en apartamentos individuales para personas mayores o con discapacidad.

Para la consejera de Inclusión Social de Cantabria, Begoña Gómez del Río, estos recursos suponen para sus usuarios «una nueva familia».

Y para las personas mayores sirve para «seguir teniendo ilusión, vivir, compartir y tener una voz amiga con la que llorar y reír», según explica.

«Muchas veces por determinadas circunstancias de la vida nuestros familiares de consanguinidad viven lejos o ya no están con nosotros. Las viviendas sociales aportan una nueva oportunidad, una familia que sirve para crear vínculos y para continuar con ilusión en la vida», subraya.