Jesús Varas, de la Consejería de Desarrollo Rural de Cantabria. EFE/Román G. Aguilera
Jesús Varas, de la Consejería de Desarrollo Rural de Cantabria. EFE/Román G. Aguilera

Bellas invasoras

Santander (EFE).- La capacidad para adaptarse y dispersarse hace que las especies invasoras colonicen espacios, incluso los protegidos, y vayan a más desplazando a ejemplares autóctonos, aprovechándose de su vistosidad y de la falta de conocimiento general sobre el daño que causan a la biodiversidad.

«Son especies que tienen una gran capacidad de dispersión, de multiplicación», destaca Jesús Varas, de la Consejería de Desarrollo Rural de Cantabria.

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Este técnico reconoce que el trabajo que se realiza en la lucha contras las invasoras es a muy largo plazo y que gran parte del reto está en concienciar a la población para que esté mejor informada.

El mal del desconocimiento

Advierte de que, en gran medida por ese desconocimiento acerca de las especies invasoras y el daño que causan, quienes trabajan para minimizar su impacto encuentran no pocos problemas.

Primero, porque la gente, sin saberlo, a veces favorece su expansión.

Y también por falta de coordinación y colaboración por parte de otras administraciones o entidades, por ejemplo Adif o carreteras del Estado, en cuyos terrenos también proliferan las invasoras.

«Somos los humanos, en nuestro trabajo diario, cuando hacemos movimientos de tierras o actuaciones de este tipo, cuando trasladamos esas plantas a sitios donde antes no estaban, y se reproducen y generan focos de dispersión. Pero no podemos culpar a una persona o entidad por hacer esto cuando no saben ni qué es una renutria, por ejemplo. Ése es el reto que tenemos: divulgar», dice Varas.


Insiste en que para control de esas especies se requiere de una coordinación entre todas las administraciones.

«No se puede pedir que una sola administración haga todo porque no tiene competencias ni capacidad. Es necesario que trabajemos todos a una», manifiesta este experto.

Sensibilizados con el plumero


Quizás una de las excepciones a esa falta de conocimiento sea el plumero.

Cuando en Cantabria se hizo la estrategia regional contra las especies exóticas invasoras, la primera que se incluyó fue precisamente ésa.

Y se hizo así porque «realmente la población sí que está sensibilizada con el plumero».

«Se reconoce muy fácilmente y lo estamos viendo al trabajar en la eliminación en propiedades privadas: te pones en contacto con el propietario y todos te abren las puertas para que lo elimines, porque están sensibilizados con los problemas que genera esta especie», dice Varas.

El plumero es hoy, de hecho, la única especie que en Cantabria tiene un plan específico de control. Y se han impulsado proyectos para su erradicación, de la mano de entidades sociales, con buen resultado.

También hay más concienciación, e incluso «se ha generado alarma», en el caso de la avispa asiática, explica Varas.

Con animales, «más complejo»

En el caso de la fauna es «más complicado» concienciar y que la gente actúe correctamente. Y ello porque muchas veces la tentación es soltar a los animales y dejarlos libres en el entorno.

Así, hay especies, como el mapache o la tortuga de Florida, que se tienen como mascotas y que la gente suelta cuando crecen.

«Quieren devolverlos al medio intentando darles una oportunidad para que se asilvestren y vivan felices. Entiendo ese sentimiento y lo puedo compartir, pero se genera un peligro ecológico, ya que se alimentan de especies autóctonas y acaban con ellas», advierte Varas.

Estrategia con diez años


En Cantabria, la estrategia regional contra las especies exóticas invasoras tiene diez años y, con ese plazo de vigencia, «todo es susceptible de revisarse, aunque realmente sigue siendo válida», dice este técnico.

El trabajo del Ejecutivo regional ahora se centra más en definir protocolos de actuación para cada especie y planes específicos.