Cártel de taller de afrontamiento activo del dolor, una afección cuyo Día Mundial se celebra mañana, 17 de octubre. EFE/ROMÁN G. AGUILERA
Cartel de taller de afrontamiento activo del dolor, una afección cuyo Día Mundial se celebra este 17 de octubre. EFE/ROMÁN G. AGUILERA

El cambio de mirada en el dolor: educación, pequeñas metas y ejercicio para mejorar

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Pilar Palazuelos |

Santander (EFE).- La educación terapéutica, el cambio de hábitos, fijar pequeños objetivos para el día a día y el ejercicio físico son algunas de las recetas con las que los servicios de salud están ayudando a los pacientes afectados por dolor crónico para «cambiar su mirada» respecto a su situación y mejorar su calidad de vida.

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Es el caso del Servicio Cántabro de Salud (SCS) que a principios de este año puso en marcha, como experiencia piloto, el programa de afrontamiento activo del dolor, una afección cuyo Día Mundial se celebra este 17 de octubre.

Se trata de una iniciativa grupal y participativa para personas con dolor crónico de alto impacto.

Lucía Bonis, fisioterapeuta de este programa, explica que el objetivo es lograr «cambiar la mirada» ante el dolor crónico, con objetivos asumibles aunque suponga, a veces, tener que rebajar las expectativas iniciales.

Metas asumibles

Se trata de fijar unas metas asumibles. «Si un día no llegas, tampoco te frustres. Hay que ir muy poco a poco y permitirse descansos», destaca.

Quienes participan en este programa son a menudo pacientes con estado emocional bajo y eso les puede llevar a sentirse peor «por no llegar».

«Sobre todo hay que plantearse pequeños planes de acción, objetivos medibles, que sean alcanzables, que sean realistas», insiste la fisioterapeuta.

Porque lo que se busca no es solo reducir el dolor, sino también recuperar capacidad y confianza.

Un programa que crece


Este programa inicialmente se impulsó en las Zonas Básicas de Salud de Camargo y Astillero, pero la buena respuesta ha motivado que se haya ampliado.

Y se ha hecho con el centro Dobra (Torrelavega), Polanco, Cabezón y Puente San Miguel, y también con la zona oriental, en Laredo, Colindres, Santoña, Ramales de la Victoria y Ampuero, además de Cazoña y Montaña (Santander) y Bezana.

Una vez terminada la experiencia piloto, ahora se está haciendo la selección de los pacientes para las nuevas sesiones.

La idea que manejan en el Servicio Cántabro de Salud es hacer tres intervenciones anuales: de enero a marzo, de abril a junio, y de mediados de septiembre a mediados de noviembre, evitando los periodos vacacionales.

El programa se articula en torno a una intervención estructurada, liderada por profesionales de fisioterapia de Atención Primaria con formación específica. Se combina educación en neurociencia del dolor y la realización de ejercicio terapéutico, adaptado y seguro.

El acceso a este programa puede ser a través del médico, el enfermero, el trabajador social, el fisioterapeuta o el psicólogo del centro de salud. Se entrega un cuestionario de seis preguntas y, en caso de cumplir con los criterios, se hace la derivación.

Once semanas


El programa dura once semanas, de las cuales las cinco primeras, con una sesión semanal, se dedican a educación en neurociencia del dolor y herramientas de manejo.

Tras esas cinco primeras semanas, se empieza con el ejercicio, tres días a la semana, con 18 sesiones.

En esta fase se trabaja la movilidad, la fuerza, la relajación, y también hay juegos con los que se intenta que el paciente pierda el miedo a moverse.

«Son pacientes que tienen muchas conductas de miedo y evitación. Tienen miedo a moverse e intentamos desbloquear», explica Lucía Bonis.

En la fase experimental, las mujeres han sido mayoría, y con edades entre 55 y 65 años.

«Comprender mejor el dolor»


La experiencia de los profesionales es que las personas que recurren a este programa llegan ya desesperadas y después de haber pasado por muchas consultas y tratamientos.

Por eso, uno de los primeros pasos es «alinear expectativas de qué quiere el paciente» y concretar qué se le puede ofrecer en estas sesiones focalizando en la mejora de la calidad de vida y la función.

Una de las premisas es no enfocar solo en el síntoma y por eso se hace ver que también influyen en el dolor factores como «el entorno, las emociones o el estrés». «Cuando estás más nervioso probablemente tienes más dolor, o cuando has dormido peor», abunda Lucía Bonis.

Por eso, tratan de enseñar qué es el dolor persistente y por qué se mantiene, y se ayuda a los pacientes a conocer cómo funciona el sistema nervioso y cómo influye en el dolor.

También se intenta que conozcan qué factores pueden influir para que el dolor aumente o disminuya, se ayuda a afrontar el miedo al movimiento y se facilitan estrategias para el día a día.

Metáforas y hándicap

En el programa, los profesionales tiran de metáforas, dibujos o vídeos para que los pacientes vean ejemplos y entiendan mejor los procesos y situaciones.

«Hablamos del dolor como el sistema de alarma y ponemos los ejemplos de un sistema de alarma antirrobo en tu casa o en el coche. Si esa alarma está muy especializada y muy sensibilizada suena con cualquier cosa, con una hoja, no cuando entra un ladrón», explica la fisioterapeuta.

Otro hándicap es que suelen ser pacientes con mucha medicación y que, a pesar de ello, no mejoran.

Por eso es importante que estos programas integren a médicos, que son quienes pueden revisar esa medicación y quitar si es necesario fármacos que pueden estar contraindicados o no estar surtiendo el efecto deseado.