La finca familiar 'Juanito Orange', situada en Pizarra (Málaga), se ha convertido en referente del turismo agrícola con su explotación dedicada al cultivo tradicional de cítricos. EFE/Álvaro Moreno

‘Juanito Orange’, la finca familiar malagueña que recibe a 25.000 turistas cada año

Málaga (EFE).- La finca familiar ‘Juanito Orange’, situada en Pizarra (Málaga), se ha convertido en referente del turismo agrícola con su explotación dedicada al cultivo tradicional de cítricos, que cumple casi dos décadas y recibe cada año a unas 25.000 personas que buscan una experiencia educativa, sensorial y sostenible.

En pleno Valle del Guadalhorce, los visitantes recorren los campos con hasta 38 variedades de cítricos, prueban zumo y mermeladas artesanales mientras participan en la explicación de su fundador, Juan Moreno, que señala en una entrevista con EFE cómo ha logrado el éxito de este negocio familiar, ahora a cargo de uno de sus hijos.

La idea de convertir el cultivo y la recolección de frutas en una visita guiada de unos 45 minutos se remonta a hace más de 30 años en la finca de un vecino, cuando Moreno buscaba alternativas a su restaurante con poca clientela entre semana.

“¿Y si nos metemos con turistas para enseñarles este rincón?”, le propuso el conocido como ‘Juanito Orange’ a su vecino, quien dudó de la viabilidad de este negocio desde el primer momento. “Yo le dije que por probar no iba a pasar nada”, recuerda el malagueño.

A los pocos días de contactar con el director de una agencia de viajes, que había acogido de manera positiva la oferta, un grupo de alemanes se desplazó hasta esta finca malagueña para visitarla. El día siguiente el autobús llegó lleno «y así empezó todo; al principio eran tres grupos a la semana, después cinco… y ahora son cuatro o cinco por día”, comenta.

Juan Moreno, fundador de la finca familiar ‘Juanito Orange’, situada en Pizarra (Málaga), que se ha convertido en referente del turismo agrícola con su explotación dedicada al cultivo tradicional de cítricos. EFE/Álvaro Moreno

Turistas de todo el mundo

La finca ‘Juanito Orange’ recibe a unos 25.000 turistas durante todo el año, «de todos lados», ya sean japoneses, alemanes, canadienses, belgas o franceses.

La mejor publicidad es el «boca a boca». Son los propios clientes los que recomiendan la experiencia a otros, procedentes de cruceros que llegan a Málaga o de agencias de viajes.

Para Moreno, los idiomas no suponen ninguna barrera. “Me entero con todos los idiomas”, dice entre risas al aclarar que puede hablar “alemán, inglés, francés y holandés”.

Los grupos visitantes, que se organizan con reservas previas, llegan con el objetivo de conocer las variedades de cítricos que alberga el terreno, saber cómo el tiempo afecta al color y la maduración de los frutos y aprender sobre otros detalles relacionados con la polinización, el riego o la sostenibilidad de la explotación.

En esta actividad agroturística se evita el uso de carteles explicando las propiedades de cada cultivo con el fin de conseguir la atención directa de los clientes y fomentar su participación en la experiencia.

“Si pones alguna foto con la variedad, la gente no está pendiente a lo que se dice”, señala el malagueño. E insiste en que prefiere ser él mismo quien explique de manera detenida las diferencias de todos y cada uno de los cítricos que visitan.

Naranja, higo o limón con guayaba

La experiencia -que tiene un precio de unos 15 euros- incluye degustaciones de zumo natural y mermeladas hechas con productos autóctonos. Entre estas se encuentran las variedades de naranja amarga, higo o limón con guayaba. Además de los desayunos y las comidas que también elaboran en las instalaciones de la finca.

Durante las visitas de estos días, el fundador de la finca muestra a los turistas limones aún verdes o pomelos en proceso de maduración. Y así ilustra cómo el tiempo influye en el aspecto de los frutos.

“Les falta frío. Muchos creen que lo que necesitan es sol, pero lo que realmente necesitan es estar expuestos a temperaturas de entre 7 y 12 grados”, añade.

“Al final te faltan naranjas”, bromea el fundador de la finca. Aprovecha las variedades tardías, como la Valencia Late, para congelarlas en mayo o junio y así poder ofrecer zumo natural durante todo el año. “No se nota la diferencia”, recalca. EFE