Marcos López lince
El biólogo Marcos López lleva 24 años trabajando en la conservación del lince ibérico. EFE/ Laura Rincón

Marcos López, el técnico que consagró su vida al lince ibérico hace más de dos décadas

Christian Afonso I Sevilla, (EFE).- El biólogo Marcos López lleva 24 años trabajando en la conservación del lince ibérico. Consagró su vida a este felino en 2001, y desde entonces ha visto cómo sus esfuerzos han supuesto la recuperación de poblaciones y su extensión a otros puntos de la geografía peninsular. Y es que, cuando el lince llama a tu puerta, no le puedes dejar escapar.

En una entrevista con EFE, López comenta que el lince ibérico «tiene algo que atrae» y eso juega en su favor, porque hace que mucha gente se «enganche», tanto entre los profesionales que trabajan con él como en la sociedad en su conjunto.

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«En general, los felinos suelen ser animales que son muy llamativos y generan en los seres humanos una respuesta siempre, o generalmente, positiva y una especie de fascinación», señala el biólogo, quien recuerda con especial cariño el día en que vio a uno por primera vez en su hábitat natural, una «experiencia que se te queda marcada».

Relata que le sorprendió especialmente que sus «manos eran desproporcionadas, parecía que llevaba unos calcetines llenos de plomo», pero que en cualquier caso poder verlo salvajemente fue un «espectáculo» para él, pero que si alguna vez cruzan miradas, lo que se siente es una «conexión muy curiosa».

Fue una concatenación de circunstancias las que hicieron que este biólogo andaluz empezara a trabajar con los linces. Hacía poco que había acabado sus estudios en la Universidad de Sevilla, era 2001, y trabajaba en otro programa de la Junta de Andalucía sobre aves rapaces, y de repente le hablaron de los inicios del programa LIFE y del interés creciente por conservar al felino más famoso de la Península Ibérica.

Equipo de conservación

«Cuando el lince ibérico llama a tu puerta, es difícil decirle que no», admite.

En sus más de dos décadas de trayectoria, ha vivido muchos momentos especiales, pero cuenta uno que no fue particularmente alegre, pero sí que le hace valorar la labor que ejerce todo el equipo de conservación del felino.

Fue durante el brote de leucemia que padeció la población de linces de Doñana en 2007, una situación «muy dramática» justo en un momento en el que se empezaban a ver los resultados positivos en la recuperación de ejemplares en este entorno natural del suroccidente andaluz.

De los diez ejemplares que tuvieron que sacar de la población de Doñana, una de ellas era una hembra reproductora que acababa de tener dos cachorros. A ella la consiguieron capturar, pero a los dos pequeños no, y no sabían dónde podían estar.

«Había que intentar coger los cachorros porque, si no, iban a morir, y tuvimos que montar una campaña especial y durante tres días muchísima gente del espacio natural de Doñana, compañeros del resto del equipo de Andalucía estuvimos buscándolos, y después de esos tres días, el momento en el que conseguimos capturar el segundo cachorro para mí fue una mezcla de emociones», rememora López.

Por un lado, significaba sacar de su hábitat natural a un joven cachorro debido a su posible infección, pero también les causó «satisfacción» por saber que estaban cuidando del resto de ejemplares y de que el pequeño lince iba a tener un seguimiento y poder ser tratado de la leucemia.

El poder de la digitalización

Aunque en un principio pasó mucho tiempo en campo, una parcela que reconoce que intenta recuperar cada poco tiempo, la tarea que el biólogo lleva a cabo en la actualidad tiene que ver con el procesamiento de las «toneladas de datos» que la digitalización ha posibilitado extraer de los ejemplares censados.

En su día a día lleva a cabo informes, analiza la información que se va generando en el campo, que cada vez es mayor debido a las nuevas herramientas de las que se dispone.

«Generar esa información es lo que nos permite tomar decisiones desde el punto de vista de gestión e intentar que esas decisiones sean lo más acertadas», asegura Marcos López.

El técnico de la Agencia de Medio Ambiente y Agua de la Junta ahonda en este aspecto: «Es muy importante todo lo que se ha avanzado en digitalización, es mucho mejor conocer el lince más profundamente», con un crecimiento que ha sido «exponencial».

También se encarga, como ocurre en esta época del año, de analizar los datos del chequeo sanitario a las poblaciones, y de las campañas de identificación para el censo del año 2025, que se conocerá los primeros meses de 2026, así como el seguimiento de las poblaciones de conejo, tan importante en la cadena trófica del lince ibérico.

El orgullo

Todo ese trabajo ha llevado a una recuperación del lince ibérico que se ha convertido en modelo y ejemplo para otras regiones y para otras especies.

«Requirió por nuestra parte tener la capacidad de llegar a conectar con esos agentes locales, encontrar puntos de conexión, de entablar conversaciones, incluso cuando había muchas situaciones en las que teníamos opiniones muy diferentes», indica.

Pero al final todo ese trabajo dio sus frutos, y con el paso del tiempo ve ahora los resultados de ese esfuerzo. Y ello hace que se sienta «orgulloso».

«Hay muchas cosas que hacer, hay veces que te genera frustración situaciones que no se terminan de resolver. Pero es importante para seguir teniendo empuje, para resolverlas, levantar la cabeza de vez en cuando, mirar hacia atrás y ver que se ha avanzado mucho en muchos aspectos», concluye. EFE