Fermín Cabanillas | Villanueva del Ariscal (Sevilla) (EFE).- Una finca de la provincia de Sevilla se ha convertido en un referente en España a la hora de producir agricultura ecológica y vender sus productos por internet, lo que se acrecentó con la pandemia, cuando aumentó “la obsesión” por consumir alimentos sanos.
Lo ha explicado a EFE el gerente de ‘Más que lechugas’, Francisco Miguel Silva, mientras muestra todo lo que se recolecta en las tres hectáreas de terreno que gestiona en la localidad sevillana de Villanueva, una plantación paralela a la vía del tren situada a unos tres kilómetros de las casas del casco urbano.
Allí se producen más de 30 variedades de frutas y verduras al aire libre, en pleno Aljarafe sevillano, sin ningún aditivo que no sea el propio clima y la naturaleza en la que se encuentra la huerta, en la que, además de vender a cualquier lugar donde se demande su trabajo, se organizan jornadas de puertas abiertas para que se vea de cerca cómo se trabaja en lo que llega a la mesa del consumidor final.
Su idea comenzó a fraguarse en 2013 y desde entonces se ha asentado como una referencia a nivel nacional, con la sencilla fórmula de venta de recibir los pedidos directamente en casa o recogerlos en los puntos de entrega con los que cuenta en municipios de su entorno.

Un acierto por la falta de trabajo
Francisco Miguel recorre la finca para contar los detalles de una idea que nació cuando salió de la Escuela Agrícola de Sevilla “y lo que se encontraban eran ofertas de trabajo en sitios de casas de semillas, casas de fitosanitarios o industria agroalimentaria”, de modo que empezaron “con un family and friends de cestas ecológicas para la familia y los amigos”, tomando como base “siempre la producción en ecológico”.
‘Más que lechugas’ se asentó en el mercado desde este rincón de la provincia de Sevilla, y, como otras muchas cosas, tuvo un antes y un después con la pandemia.
“Se notó una sensibilidad mayor sobre lo que ponemos encima de la mesa para nuestra familia”, asegura, con lo que aumentó la necesidad de cuidar esa parte de la vida, la alimentación, a la que, “a veces, por la rapidez del día y demás, no se le presta demasiada atención”.
Facilitar la compra
Asegura que lo que hacen es facilitar esa compra, que se puede realizar desde el teléfono o el ordenador, con una metodología que se basa, sobre todo, en la naturaleza y la proximidad, con un alto porcentaje de sus clientes en localidades cercanas a la huerta, pero sin límites para llegar allá donde hay cobertura para hacer un pedido.
Para ello, los jueves o viernes a mediodía “se lanza la oferta para la siguiente semana”, y quien quiera algo de agricultura ecológica hace el pedido “que se recolecta el mismo lunes, y el martes por la tarde ya está en casa de los clientes”.
Se trata de llegar al consumidor final sin que el producto ecológico pierda calidad, afirma, y con el objetivo añadido de transmitir los beneficios de una alimentación saludable y un consumo responsable, porque, al final, se trata de productores que pisan el campo para llenar las cestas que acaban en las casas de quien reclama su trabajo.
El indudable efecto del cambio climático
Para Francisco Miguel Silva, no hay duda de que el cambio climático es una realidad. Comer fruta de temporada fuera de sus fechas “normales” ya es casi una costumbre, y él lo tiene claro: “Cuando llegamos aquí, además de que nuestros pozos estaban con mayor cantidad de agua durante todo el año, también teníamos muy coartado lo que podíamos plantar en verano y en invierno”.
“Ahora mismo, por ejemplo, tenemos plantados calabacines, que son productos de verano, que están tapados con una manta térmica para estos días de frío, pero tendremos calabacines a primeros de enero, e incluso tomates de exterior”, algo que sería imposible en estas fechas hace 13 años, con lo que no tiene dudas de que, en solo este periodo de tiempo “se han producido movimientos de temperatura o de regímenes de lluvia”. EFE