Huelva (EFE).- Investigadores de la Universidad de Huelva (UHU) están desarrollando un proyecto en el que van a evaluar el potencial de bioestimulantes derivados de macroalgas marinas como herramienta sostenible para mejorar la resiliencia del cultivo de la fresa frente a condiciones adversas, especialmente en el contexto del cambio climático.
La investigación, denominada ‘Aplicación de bioestimulantes de algas marinas para mejorar la resistencia a estrés abiótico y biótico en fresa: efectos sobre la planta y la composición y calidad del fruto’, está liderada por Antonio Santos Rufo, investigador del Departamento de Ciencias Agroforestales, en el Área de Producción Vegetal, ha informado la UHU en un comunicado.
El investigador ha explicado que las macroalgas marinas “contienen una amplia variedad de compuestos bioactivos, como polisacáridos y otras moléculas señal, que pueden modular la respuesta fisiológica de las plantas cuando se aplican como bioestimulantes”.
A diferencia de los fertilizantes, estos preparados “no buscan aportar nutrientes ni forzar el crecimiento, sino analizar si contribuyen a activar mecanismos naturales de defensa y adaptación de la fresa frente a situaciones de estrés, especialmente el estrés abiótico, como la sequía o las altas temperaturas, y determinados estreses bióticos asociados a patógenos del suelo como Macrophomina phaseolina”.
Macroalgas
Para ello, el equipo investigador trabaja con preparados obtenidos a partir de macroalgas mediante distintos métodos. Incluyen extractos acuosos y formulaciones generadas a través de procesos de fermentación con microorganismos seleccionados.
“La comparación entre métodos de obtención, formulaciones y dosis permite identificar qué opciones muestran un mejor comportamiento en condiciones de estrés, siempre desde un enfoque científico y verificable”, ha indicado el investigador.
Antonio Santos ha hecho hincapié en que “la tolerancia de la planta se evalúa mediante parámetros fisiológicos objetivos”.
Entre ellos, se analizan el estado hídrico, el intercambio gaseoso, el crecimiento y el desarrollo del sistema radicular. Así como su interacción con la rizosfera (zona del suelo circundante y más cercana a las raíces de las plantas).
Además, el proyecto estudia posibles efectos sobre el rendimiento y la calidad del fruto, incluyendo características como la firmeza o la composición.
A nivel biológico, estas respuestas se asocian a ajustes metabólicos y celulares que se cuantifican experimentalmente.
El trabajo experimental combina diferentes escalas de estudio complementarias, como ha detallado el investigador.
En una primera fase, se realizan “ensayos controlados en invernadero y en cultivo sin suelo. Estos permiten aplicar los tratamientos con precisión y analizar la respuesta fisiológica de la planta en condiciones definidas”.
Herramientas sostenibles
Posteriormente, los tratamientos se validan en “entornos más próximos a la producción real, como túneles de cultivo, donde se evalúan variables agronómicas y parámetros del fruto”, un enfoque que permite obtener resultados sólidos y transferibles al sector productivo.
Las conclusiones de estos estudios serían de gran interés para el sector fresero. Porque existe “una necesidad real de herramientas sostenibles para la gestión del estrés climático y la reducción de riesgos productivos”.
No obstante, el proyecto se encuentra actualmente en fase de evaluación científica. Y la prioridad del equipo es generar evidencia robusta antes de trasladar recomendaciones prácticas o plantear su implantación.
El estudio está respaldado económicamente a través del Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación 2024-27 del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. EFE