Salvador Ruiz I Málaga, (EFE).- ‘Maricón-izaT’ es el nombre de un programa de intervención psicoeducativa contra la homofobia en aulas rurales de Secundaria que ha logrado favorables resultados, con grandes cambios que frenan esa actitud en los alumnos, y que es la base de una tesis doctoral.
Iniciativas como esta se desarrollan cuando los delitos de odio en España aumentaron un 23,6 % en 2025 hasta las 2.417 infracciones penales, la cifra más alta desde que en 2014 se empezaron a medir estos hechos, según un informe del Ministerio del Interior.
Tras el apartado de incidentes de racismo y xenofobia, a la cabeza de esa estadística con 934 hechos, aparecen los delitos de odio en relación con la orientación sexual e identidad de género, con 571.
Resignificar desde un insulto
«‘Maricón-iza-T’ es porque en los pasillos se sigue escuchando la palabra maricón como insulto fácil y se intenta resignificar, hacer ver que podemos crear patrones homófilos, de ayuda a la diversidad, a partir de un patrón homófobo. Muchas veces el alumnado reproduce palabras, comportamientos vistos en su contexto y no los somete a ningún juicio, forman parte de su prejuicio», asegura José Pablo Rodríguez.
Investigador de la Universidad de Granada y profesor de Secundaria en un instituto de Alcalá la Real (Jaén), Rodríguez impulsa este programa, presentó una tesis al respecto y ha manifestado a EFE que «cuando se educa, se pueden cambiar cosas».
Con la denominación del programa busca «un efecto contrario: crear patrones homófilos de un insulto homófobo», explica el profesor, que implantó su iniciativa en un instituto de Nueva Carteya (Córdoba) y cuya labor fue reconocida recientemente en Torremolinos (Málaga) con uno de los V premios Imparables contra la LGTBIfobia, que otorga el Instituto de Educación Secundaria Alfaguar, de Torrox (Málaga).
«El cambio es brutal, se nota mucho la diferencia: de no saber empezar a gestionar, a dar importancia al uso de las palabras, a gestionar empatía, porque resignificando esa palabra se dan cuenta de que puede que estén haciendo daño a una persona y no sean conscientes porque lo han heredado», añade.
El deporte o las redes sociales
El cambio lo revelaron los resultados de un mismo test científico de homofobia respondido por 60 alumnos de cuarto de la ESO antes y después de participar en las ocho sesiones del programa, en las que abordan la homofobia en el deporte o en redes sociales y trabajan prejuicios en la ‘generación Z’.
«La gente joven, lo que escucha en redes, muchas veces no lo somete a ningún juicio y vemos prejuicios en torno a la homofobia», afirma.
«Lo primero que hago es que, para que vean que pueden tener las personas del colectivo LGTBI un aliado, digo que soy homosexual, para que no se sientan solos y encuentren un referente, que en mi en época no tuve, si lo necesitan», comenta.
«Se analiza cómo la sociedad creó patrones de actuación de la homofobia en base a lo heteronormativo; la sociedad enseñó que hay cosas que se suponen que no eran normales y, por eso, se han callado mucho tiempo, lo heteronormativo se lo ha llevado por delante», destaca.
Según Rodríguez, el patrón sociodemográfico y sicológico del alumnado en zonas rurales «suele estar más sujeto a una religiosidad, a conceptos más tradicionales y si a esas personas no se les da la posibilidad de conocer otros ambientes y estar en otros contextos, que es gracias al aprendizaje, puede que se anquilosen y sea más difícil creer en la diversidad», incide.
«Yo venía de una zona muy tradicional, intento que no tengan que pasar por lo que pasé porque me ha costado muchos psicólogos», confiesa.
«El maricón de la clase»
«Yo era el maricón de la clase, no me gustaba jugar con niños y, como no cumplía con este patrón de género y no hacía cosas de niño, me estuve llevando ese galardón durante años. No me gustaría que ninguno de los alumnos tenga que pasar por eso porque no es nada agradable», asegura.
Admite que recibió amenazas por internet, como cuando una persona le dijo que si él le diera clase a su hijo, le «pegaba palos» a la puerta del instituto.
Al mismo tiempo, lamenta el aumento de delitos en relación con la homofobia y señala que «la educación es la base de todo» y que «la poca educación afectivo sexual sigue pasando facturas».
«Hay muchos patrones de alumnado que acceden, como manera de educación a la sexualidad, al terreno pornográfico; es un gran problema porque terminan creyendo que la vida es eso y no lo es», enfatiza, además de creer que «el machismo y la homofobia van muy de la mano en muchas cosas».
Insiste en que «la educación puede transformar, conseguir sociedades en las que la diversidad sea la base».
Ahora, este docente ha montado además con sus alumnos, en francés y en español, una obra de teatro sobre un libro suyo, ‘Mariana’, «una actualización de la Mariana Pineda de Lorca, que habla de la libertad sexual, de todo tipo de libertades» y gira en torno a la violencia de género. EFE








