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Personas mayores con dificultad de movilidad y algunos discapacitados se enfrentan a un drama permanente y silencioso si viven en edificios con problemas de accesibilidad, como falta de ascensor o rampa. EFE/ Salvador Ruiz

Enclaustrados en casa por problemas de accesibilidad del edificio, un drama silencioso

Salvador Ruiz I Málaga, (EFE).- Personas mayores con dificultad de movilidad y algunos discapacitados se enfrentan a un drama permanente y silencioso si viven en edificios con problemas de accesibilidad, como falta de ascensor o rampa: no pueden hacer algo común como salir de casa por sí mismos.

Permanecen enclaustrados en sus casa, con consecuencias de diverso tipo, y buena parte de edificios anteriores a los años 80 no están sujetos a normas que les obliguen a adaptarse.

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«Eso genera una bomba de relojería: tener a personas que no pueden salir de casa y tareas simples como ir a un centro de salud a que la vea un médico o ir a una cafetería se vuelven imposibles», según asegura a EFE el presidente del Consejo Andaluz de Administradores de Fincas, Manuel Jiménez.

Cita un informe en el que colaboró el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI) que reveló que 100.000 personas no pueden salir de su casa en España por falta de rampas, ascensores o elevadores, lo que extrapola a Andalucía y resultan 18.000.

Ha añadido que solo en Málaga cerca del 40 % de edificios residenciales carecen de ascensor, lo que afecta a más de 100.000 viviendas, con impacto directo sobre decenas de miles de mayores y discapacitados.

Soledad

«Requiere que le suban la comida, que deba ir un médico a atenderla a su domicilio porque no se puede desplazar; incluso hay problemas de soledad», ha destacado.

Vicente Pascual de 84 años con problemas de estabilidad física detalla a EFE su caso: se ve obligado a salir del edificio por el garaje, por la dificultad de bajar con el andador los 13 escalones que separan el ascensor del nivel de la calle, y lo tiene que hacer con ayuda de una asistenta.

Hace ya nueve años que tuvo que dejar de pasar por esa empinada escalera del bloque donde vive desde hace 70 años.

El presidente de la agrupación de desarrollo ‘Málaga Accesible’, Alfredo de Pablos, expresa a EFE que hay personas que están siempre como en la pandemia, «sufren encierro constante», y que un buen número de edificios de España con más de 40 años tiene problemas de accesibilidad.

Irse a una residencia

Recuerda que en el pasado no se exigía ascensor a edificios de hasta cuatro plantas; que a quienes no pueden salir de su casa «les rompe la vida y llega la soledad no deseada, situación muy desgraciada» y que hay quienes deciden irse a una residencia ante este problema.

Sobre las ayudas públicas para ascensores y rehabilitar edificios, explica que se rehabilitan «a un ritmo del 1 o 1,5 % o anual», lo que significa que «podemos tardar 100 años en rehabilitar el parque de edificios residenciales».

Y destaca que estas obras requieren mucho dinero: «En Italia la rehabilitación se subvenciona al 100 %, pero aquí las ayudas pueden estar entre un 30 y un 40 % o llegar al 80 % si la comunidad (de propietarios) reúne unas condiciones socioeconómicas».

Se ha referido al Plan Estatal de Vivienda de 7.000 millones de euros y su traducción en Andalucía de 1.197 millones (17,1 % del total nacional) entre 2026 y 2030 y ha señalado que un 30 % de la dotación andaluza se destinará a rehabilitar edificios, accesibilidad y regeneración urbana, unos 359 millones que suponen un incremento. «A veces -afirma- las bases no se ajustan a lo que necesitan las comunidades».

Locales-vivienda

«Hay una tipología nueva que surge en entornos urbanos: la transformación de locales comerciales en viviendas», ha resaltado, opción de la que ha dicho que ve bien, aunque «hay que ponerle freno para que no se convierta en un parque de vivienda turística».
«Son 35, 50 o 60 metros, que es lo que demandan los mayores, no quieren más, y solventan muchísimo problemas de movilidad», ha asegurado.

Ha admitido que eso genera polémica «porque se asocia a la pérdida del entorno comercial en barrios», pero ha precisado que los hábitos de compra y consumo han cambiado y «la gente pide cada vez más por internet, la alimentación se suele comprar en supermercados».

También ha aludido a opciones que se dan en Málaga como solicitar la permuta de una vivienda por otra adaptada en nuevas promociones del Ayuntamiento, que suele estar en planta baja, y el Consistorio alquila la recibida a jóvenes como vivienda social.

«Es una solución magnífica; pero tiene recursos limitados, promociones salen pocas y hay mucha gente en lista de espera», ha explicado. EFE