explotación sexual
La asociación Betania en La Línea de la Concepción (Cádiz) ha recreado la habitación de una víctima de explotación sexual para así, poder visibilizar la realidad de la trata de seres humanos en el Día Mundial contra la Trata de Seres Humanos. EFE/A. Carrasco Ragel

Betania recrea en La Línea cómo es la vida de una víctima de trata y explotación sexual

La Línea de La Concepción (Cádiz) (EFE).- Betania, organización nacida en 2011 en La Línea para atender a personas vulnerables y en riesgo de exclusión, ha ayudado en lo que va de año con los recursos que tiene a 1.080 mujeres víctimas de redes de explotación sexual, también en Sevilla, Málaga, Madrid, Valencia, Tenerife, Bilbao y, próximamente también en Barcelona.

En el Día Mundial contra la Trata, ha recreado en La Línea ‘La Habitación Invisible’, una instalación inmersiva que recrea el cuarto de una víctima de explotación sexual con el objetivo de visibilizar un problema que “afecta a miles de mujeres» y acercar su realidad a la sociedad.

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«Lo más difícil es la recuperación psicológica, pero lo primero es garantizar la seguridad física, que coman, duerman y descansen. Vienen de periodos largos de ser obligadas a consumir drogas. Una vez que tienen cierta fuerza, comienza el trabajo más duro y largo, que es la recuperación del trauma que han sufrido», explica a EFE Celia Pontiga Garrote, coordinadora autonómica del área de trata y violencia de género de Betania.

Colombia, Venezuela o China

En su experiencia ha constatado que el perfil de la víctima de las redes de trata y explotación sexual ha ido cambiando.

«Hace años, la procedencia mayoritaria era África (Nigeria y Costa de Marfil). En la actualidad el grueso viene de Colombia, Venezuela o China, tiene entre 23 y 27 años y situación irregular, y procede de familias desestructuradas o con vulnerabilidad económica», dice.

Pero también las mujeres españolas caen en estas redes y ocupan el cuarto puesto, junto a las de Paraguay, de las víctimas identificadas en España.

Las redes, dice Pontiga, también han cambiado sus métodos. “Antes captaban con engaños de falsas ofertas de trabajo en hostelería o servicio doméstico. Ahora saben que vienen a prostituirse, pero las engañan con las condiciones a cumplir».

«Trabajan 24/7 obligadas a consumir droga y aunque estén enfermas o con el periodo», cuenta.

Encerradas

Viven encerradas en casas de la red de las que no pueden salir sin estar acompañadas de alguno de sus miembros.

«Si por un servicio los clientes pagan 50 euros, a lo mejor 25 van para la casa y los otros 25, a pagar la deuda de 7.000 o 8.000 euros que han contraído por el billete de avión y gastos derivados. Para comprar comida buscan dinero con propinas por prácticas de riesgo», expone.

También ha cambiado el escenario: de la calle y los clubs se ha pasado a pisos y casas e incluso a apartamentos de alquiler vacacional, donde las inspecciones policiales son más complicadas de ejecutar.

A través de páginas web de prostitución, Betania lleva a cabo programas para localizar a estas mujeres, con las que intenta hablar por privado en un primer acercamiento.

«No rechazan la ayuda, tienen miedo. Las redes saben todo de su familia y temen que les hagan daño; o a las deportaciones si denuncian», explica.

Betania se muestra a favor de la abolición de la prostitución “acabando con la demanda, con el foco centrado en el proxeneta, el tratante y los consumidores”.

‘La Habitación Invisible’

Con el fin de sensibilizar y concienciar sobre la terrible experiencia de estas mujeres, Betania ha recreado en sus oficinas de la calle San Pablo de La Línea, en el pasaje Alba, cómo suele ser el espacio en el que viven y sufren su calvario diario.

‘La Habitación Invisible’ puede ser visitada hoy y mañana (de 10.00 a 12.00 horas y de 19.00 a 21.00 h), pero la idea es que pase a ser permanente, precisa a EFE Melissa Mann, directora estatal del área de trata y violencia de género de Betania.

“Hemos acondicionado un espacio en el que se pueden leer testimonios de mujeres y mensajes extraídos de los chats de puteros y audios que recrean esos mismos contenidos. Hay una barra que sería la zona de consumo de alcohol y luego una cama y, junto a ella, ansiolíticos, antidepresivos y simulación de estupefacientes, como cocaína, cuyo consumo inician con los clientes. Muchas terminan siendo adictas”, explica.

El recorrido finaliza en ‘El árbol de la ciudadanía’, donde los visitantes pueden escribir lo que han sentido durante esta experiencia inmersiva. EFE