Miguel Martín Alonso | Almería (EFE).- Las altas temperaturas que castigan las ciudades andaluzas impulsan nuevas formas de habitar los espacios públicos ante el calor. Ante episodios de calor extremo y el efecto isla de calor, los ciudadanos buscan refugio. Así, las instituciones culturales ganan un creciente protagonismo como verdaderos oasis urbanos de interior.
Por ejemplo, la Consejería de Presidencia, Sanidad y Emergencias impulsa la Red Andaluza de Refugios Climáticos. Su objetivo es identificar lugares seguros para proteger la salud poblacional. En este escenario, los museos encajan como «refugios de actividad», donde descansar térmicamente en un entorno accesible y enriquecedor.
El Centro Andaluz de la Fotografía (CAF) de Almería es un claro ejemplo. Sus exigencias para conservar las obras obligan a mantener una climatización constante. El secretario general de Innovación Cultural y Museos, José Vélez, destaca en una entrevista con EFE que «gracias a esa obligación de mantener la temperatura y la humedad, son espacios fantásticos».
Lejos de ser una tendencia exclusiva de la temporada estival, la vinculación entre los fenómenos meteorológicos adversos y el consumo cultural es una realidad contrastada por los gestores públicos. Vélez explica que «la gente se refugia en los museos y hemos notado que ciertamente de alguna manera se aumenta ese número de visitantes cuando hay un desastre natural». Esta doble vertiente de protección y difusión cultural resulta altamente satisfactoria para la administración.

Experiencia a pie de calle
«No hay nada más bonito que entrar en un museo donde además puedes estar viendo arte, donde puedes estar disfrutando de la cultura y si sirve también para resguardarte de las inclemencias del tiempo, pues mejor que mejor, hacemos un doble cometido», añade el secretario general.
La experiencia a pie de calle respalda esta visión. Ante el calor, los ciudadanos cambian sus rutinas y priorizan la oferta museística frente al tradicional ocio comercial. Isabel Mondéjar, visitante del CAF, relata cómo decidió aprovechar que este espacio resulta «amable porque se está a gustico, hace fresquito».
Mondéjar reflexiona sobre este cambio de tendencia. «Solemos, y yo soy la primera que lo hago, decir: hace mucho calor, vamos al centro comercial». Sin embargo, admite que esa alternativa «siempre es lo mismo: tiendas, gasto, consumismo y poco más». La cultura ofrece ahora una alternativa real.
Por ello, esta visitante valora positivamente aprovechar la oportunidad de «estar un rato fresquito» y, a la vez, «inmiscuirte un poco en lo que es la cultura». Se demuestra así que la protección frente al calor extremo encuentra en las salas expositivas a un poderoso y refrescante aliado.
Estos refugios climáticos, como subraya la Junta, no solo alivian las altas temperaturas, sino que resultan fundamentales para los grupos más vulnerables. Personas mayores, niños y mujeres embarazadas encuentran en estos espacios acondicionados un respiro vital ante unas olas de calor cada vez más prolongadas.
La estrategia andaluza busca ir más allá de la mera climatización pasiva. Convertir un espacio en refugio implica garantizar accesibilidad, disponer de zonas de descanso y ofrecer agua potable. Un conjunto de acciones sencillas que los museos andaluces ya integran en sus dinámicas de atención al público.
De este modo, el arte contemporáneo y la salud pública entrelazan sus caminos. El bienestar ciudadano frente a las temperaturas extremas se enriquece con propuestas artísticas, transformando una necesidad biológica de cobijo en una valiosa oportunidad para la reflexión, la educación y el disfrute del patrimonio cultural. EFE










