Almería (EFE).- Madrugar, buscar un horizonte oeste despejado y huir de las farolas, son las principales recomendaciones del astrónomo del Observatorio de Calar Alto Gilles Bergond para disfrutar del eclipse parcial de Luna que teñirá el satélite de tonos cobrizos al amanecer de este viernes y que, con un 93 % de su disco oculto por la sombra terrestre, se quedará muy cerca de ser total.
«Es mejor madrugar», aconseja en una entrevista con EFE Bergond, que propone levantarse hacia las cinco de la mañana para buscar con tiempo un lugar adecuado desde el que contemplar el máximo del eclipse, previsto a las 06:12 hora peninsular.
La fase parcial será visible desde toda España y puede contemplarse a simple vista, sin filtros ni protección ocular especial, según el Instituto Geográfico Nacional (IGN), aunque la particularidad esta vez es que el espectáculo se desarrollará con la Luna cada vez más cerca del horizonte.
Por eso, más que telescopios o equipos sofisticados, Bergond recomienda encontrar un lugar con buena visibilidad hacia el oeste y la menor contaminación lumínica posible.
Las condiciones, explica, se parecerán a las del eclipse total de Sol que atravesó España el pasado 12 de agosto: quien encontrara entonces un buen emplazamiento para ver ponerse el Sol puede tener ya una pista de dónde acudir ahora, pues la Luna llena descenderá por una zona similar del horizonte apenas dos semanas después.

Una Luna eclipsada sobre el mar
Las playas pueden convertirse en un buen balcón para el fenómeno siempre que ofrezcan un horizonte abierto y suficientemente oscuro. Bergond menciona lugares como Cabo de Gata o la zona de Roquetas de Mar, en Almería. Alejarse de esas luces puede ofrecer, además, una estampa singular: la de la Luna descendiendo hacia el horizonte con casi todo su disco sumergido en la sombra de la Tierra, una imagen «muy poética».
Calar Alto no realizará esta vez una campaña específica con sus grandes telescopios, entre otros motivos porque el fenómeno se producirá con la Luna a muy poca altura y esas condiciones reducen la calidad de las observaciones profesionales.
Los eclipses lunares sí se han aprovechado en otras ocasiones para investigaciones como la búsqueda de los fugaces destellos producidos por meteoroides al estrellarse contra la superficie lunar. Al carecer la Luna de una atmósfera como la terrestre, estos pequeños cuerpos pueden alcanzar directamente el suelo y liberar en el impacto una energía que genera un breve flash.
En 2019, el proyecto español MIDAS logró registrar por primera vez uno de estos impactos durante un eclipse lunar: el destello duró apenas 0,28 segundos y fue causado por una roca de unos 45 kilos que golpeó la Luna a unos 61.000 kilómetros por hora y produjo un cráter de entre diez y quince metros. El estudio de estos impactos ayuda a conocer mejor la población de meteoroides que también puede encontrarse con la Tierra.
Una oportunidad para mirar a la Luna de otra manera
Bergond destaca también que la apariencia de la Luna durante un eclipse está relacionada con la atmósfera terrestre. Aunque nuestro planeta se interpone entre el Sol y el satélite, parte de la luz solar atraviesa la atmósfera y alcanza la superficie lunar, de ahí que la zona eclipsada no desaparezca por completo y pueda adoptar tonos cobrizos o anaranjados.
El grado de oscuridad puede variar según las condiciones de la atmósfera. Grandes erupciones volcánicas, por ejemplo, pueden cargarla de partículas y hacer que la Luna eclipsada resulte mucho más oscura.
Pero más allá de su rendimiento científico, Bergond reivindica el valor «filosófico» de estos fenómenos: detenerse a contemplarlos permite tomar conciencia de una mecánica celeste que normalmente pasa inadvertida.
Y recuerda que la Luna no es solo una compañera en el cielo. Su presencia contribuye a estabilizar la inclinación del eje de rotación terrestre, un factor importante para la estabilidad climática a largo plazo y, con ella, para las condiciones en las que ha evolucionado la vida.
Por eso, cuando el viernes la Luna casi desaparezca camino del horizonte, Bergond propone también mirarla como algo más que un espectáculo astronómico: «Gracias a la Luna se puede decir que estamos aquí». EFE










