Victoria Coronas | Málaga (EFE).- Las vacaciones son sinónimo de descanso para todos excepto para las familias con hijos con necesidades educativas especiales (NEE), para las que encontrar algún lugar para llevar a los niños puede resultar «muy difícil», ya que la oferta es «escasa y cara», ha trasladado a EFE una madre en esta situación.
A pesar de existir oferta pública de «campamentos inclusivos» en distintos puntos de España, las familias y los docentes consultados por EFE los consideran «insuficientes», sobre todo cuando las necesidades del hijo requieren una atención individualizada.
Entre las actividades que desarrollan estos campamentos, organizados en distintos períodos vacacionales durante el año, se suelen realizar excursiones, talleres de manualidades, charlas o sesiones de relajación o musicoterapia, entre otros.
Necesidades especiales y diferentes
Inmaculada organiza un campamento privado en Málaga en varios momentos del año y, en una entrevista con EFE, ha subrayado la importancia de que estas actividades otorguen a los niños con NEE la «máxima autonomía posible».
También resalta la necesidad de «tocar a la puerta de las instituciones» para que no olviden que hay «necesidades grandes», algo que forma parte de esa «lucha».
Su campamento trata de romper la «estandarización» e integrar a los menores con discapacidad en distintos espacios y contextos, como supermercados, bibliotecas o parques, con el objetivo de promover «una inclusión real».
Oferta diez plazas en total, y ha reconocido que, aunque las familias en esta situación «se cuenten con los dedos de dos o tres manos», las administraciones públicas «deberían apoyar más» a iniciativas como la suya, que ofrece una atención «individualizada, ideal y necesaria» para los más dependientes.
«Apoyo al cien por cien a las instituciones con los campamentos que tienen, pero deben poner alguno como el nuestro, porque todas las personas deben tener las mismas oportunidades, cueste más o menos», ha valorado.
Por último, ha recordado que «es un gran error» hablar de niños con necesidades especiales «como si fueran un todo», ya que se trata de situaciones diferentes y «no pueden gestionarse todas de la misma forma».
El verano, «especialmente» difícil
David tiene 14 años y padece agenesia del cuerpo calloso, una enfermedad que consiste en la desconexión entre los dos hemisferios cerebrales, lo que lo hace muy dependiente. Carolina, su madre, ha contado a EFE que encontrar un espacio al que llevar a su hijo en vacaciones es «muy difícil, especialmente durante las de verano».
«Las cinco horas que pasa mi hijo en el colegio en invierno son las cinco horas que descanso, porque el resto del día depende de mí. El verano de las familias sin niños con necesidades no es como el mío», ha apuntado.
Pero, cuando aparece alguna opción de campamento o actividad para los menores discapacitados, la siguiente traba suele ser la económica, ha lamentado Carolina: «Un (campamento) privado no suele costar menos de mil euros al mes, y a muchas familias eso nos resulta inviable».
«Las propuestas son caras, pero sobre todo son escasas. Harían falta el doble de campamentos, y que estuvieran más pensados para ellos. Todo esto me hace ver que no vivimos en una sociedad inclusiva, por mucho que se diga lo contrario», ha valorado.
Convivencia
Algunas de las alternativas a las que recurren las familias son los campamentos en los que conviven niños con y sin necesidades especiales.
Un ejemplo de estos es el campamento público del Ayuntamiento de Málaga, celebrado en julio y agosto, y cuyos organizadores han trasladado a EFE que el objetivo es que los niños aprendan «a ser comprensibles, pacientes, a respetar los tiempos de cada uno», lo que llaman «corresponsabilidad».
Para Carolina, la convivencia es «mucho más fácil entre los niños que entre los padres», porque los menores lo llevan «con naturalidad» y no hacen «las preguntas absurdas que a veces hacen los adultos». EFE









