Alana S. Portero
"La Guerra Civil es el gran fantasma español, que se nos aparece una y otra vez y nos reclama algo porque no todo está reparado", ha dicho la escritora Alana S. Portero (Madrid, 1978) en la presentación de su novela "Cosamala" (Seix Barral). EFE/Seix Barral/Iván Giménez

La Guerra Civil se aparece y nos reclama algo, como un fantasma, dice Alana S. Portero

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Alfredo Valenzuela I Sevilla, (EFE).- «La Guerra Civil es el gran fantasma español, que se nos aparece una y otra vez y nos reclama algo porque no todo está reparado», ha dicho la escritora Alana S. Portero (Madrid, 1978) en la presentación de su novela «Cosamala» (Seix Barral) en los escenarios que la inspiraron, en el pueblo de Guillena (Sevilla).

La autora, durante un recorrido por las calles y el cementerio de Guillena, ha aclarado que su última obra no es una novela histórica sino una novela de terror con una base histórica y real, mientras que su editorial la define como «una novela gótica, sureña, lorquiana y antifascista».

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Los malvados de su novela son el general Queipo de Llano y Ramón de Carranza, quien capitaneó durante los primeros compases de la Guerra Civil una columna integrada por «caballistas, toreros, falangistas, terratenientes y guardias civiles» que fue imponiéndose a sangre y fuego por pueblos de la Sierra Norte sevillana.

«Cosamala» se inspira en las «17 rosas», 17 mujeres de Guillena fusiladas en la localidad próxima de Gerena y enterradas en una fosa común del cementerio después de su retención y recibir torturas durante dos meses en el Ayuntamiento de la localidad -las detenidas fueron 19 pero dos de ellas salvaron la vida, una por estar embarazada-.

Portero, que ha asegurado que el primer contacto con Guillena y con esta historia de asesinatos la tuvo porque la madre de su mejor amiga es de este pueblo, ha explicado que algunas de las acciones represivas con las que se ha documentado eran tan crueles que ha tenido que «rebajarlas» al integrarlas en su novela.

Fusiladas en el cementerio

Las mujeres de Guillena asesinadas eran esposas o familiares de hombres huidos y fueron víctimas de una violencia sistemática, de un señalamiento y de tratos groseros y vejatorios que empezaron con el rapado del cabello y la ingesta de aceite de ricino y culminaron con su fusilamiento en el Cementerio de Gerena, donde fueron trasladadas de noche en un camión.

La escritora ha querido que su novela sea «un homenaje absoluto» a estas mujeres e incluso «una oportunidad de venganza» por lo que, para estar más apegada al terreno, ha optado por un lenguaje de leyenda oral «como el de una anciana que contara cuentos en torno a la hoguera».

«Una tierra que tiene a más de cien mil personas en fosas es algo injusto, porque están en un descanso que no es un descanso», ha afirmado la autora al recorrer al calles de Guillena junto a biznietas y nietos y otros familiares descendientes de las «17 rosas» y preguntarse:

«¿Qué nos pasa como comunidad se impide a alguien despedirse de los suyos como si se los hubiera tragado la tierra, y qué le pasa a esa tierra? Incluso en las guerras más crueles de la antigüedad se paraba para enterrar a los muertos. Antígona nos enseña que no poder enterrar a sus muertos es el peor castigo que se le puede hacer a una familia».

En su recorrido por Guillena, Portero ha estado acompañada por miembros de la asociación local de Memoria Histórica que en 2012 exhumaron a las «17 rosas» en Genera y le dieron digna sepultura, a todas ellas juntas, en el cementerio de Guillena -localidad que ahora tiene unos 13.000 habitantes y en 1936 apenas contaba con 3.000-.

Lucía Socan, cantautora de Guillena, biznieta de una estas mujeres, fusilada a los 75 años, ha asegurado que su actividad está libre de rencor y que «nunca le hemos pedido a nadie que nos pida perdón, pero sí que nos contaran la verdad», y Blanca Domínguez, biznieta de otra de estas mujeres, asesinada con 25 años y dos hijos y quien ha asegurado que antes de que ella naciera hace casi 30 años su familia ya estaba buscando los restos de su bisabuela.

Alana S. Portero ha confesado que ha extraído el título de su novela de un diccionario sobre el habla sevillana, «Así hablamos», y que Cosamala, que posee muchos significados y lo mismo sirve para denotar alegría, pena o sorpresa, significa que algo en muy abundante, sea bueno o malo. EFE