El Pérez Estrada al que «olvidó» Pérez Estrada surge en una antología

José Luis Picón I Málaga, (EFE).- Rafael Pérez Estrada «olvidó» la poesía que había escrito hasta 1985, un periodo al que no le gustaba regresar, pese al interés de unos poemas que muestran a un autor incipiente y la evolución hacia su etapa más conocida, como revela la antología «Santuario. RPE antes de RPE (1972-1985)».

«Es una etapa muy definida porque el mismo Rafael puso una frontera. Cambió de estética, encontró el modo de escritura que más se le reconoce y lo anterior lo dejó como en el olvido», afirma en una entrevista con EFE José Ángel Cilleruelo, albacea de la obra de Pérez Estrada y editor de esta antología publicada por Polibea, que presenta este miércoles en Málaga la Fundación Rafael Pérez Estrada.

Se trata de un periodo «al que no le resultaba ni siquiera grato volver, porque eran sus inicios como escritor, con muchas cosas que pensaba que había superado y que veía como defectos en el pasado».

El Pérez Estrada de 1985

Son por tanto obras que «estaban en un cierto limbo» al ser un material «completamente enterrado» por el propio Pérez Estrada, según Cilleruelo, que considera sin embargo que «renegar es una palabra un poco fuerte» para definir la actitud del poeta malagueño hacia esta etapa.

«Él se olvidó de esta época. Si le pedían poemas, nunca mostraba los de estos años. No es renegar, sino que se sentía más a gusto con lo que empezó a escribir en 1985», precisa el editor.

Pérez Estrada
José Ángel Cilleruelo, albacea de la obra de Pérez Estrada y editor de la antología «Santuario. RPE antes de RPE (1972-1985)», posa durante una entrevista para EFE en la capital malagueña. EFE/Daniel Pérez

Pese a que esa etapa «dejó de interesar» al poeta, Cilleruelo sí cree que tiene interés, porque «hay muchos matices, un Rafael incipiente muy interesante, rasgos de la época y, sobre todo, el diálogo de Rafael sobre cómo interpretaba su propia evolución hasta llegar a ser el Pérez Estrada a partir de 1985».

Explica que, «en superficie», esta poesía no se parece a la obra más conocida de Pérez Estrada, «pero, si se lee con atención, hay muchos temas que son los de Rafael de siempre y sí se reconoce como obra suya, aunque es verdad que en el estilo, en algunos poemas, no sintoniza con el posterior».

Nunca fue un poeta joven

Cilleruelo (Barcelona, 1960) sostiene que este «olvido» de su primera época obedece a una cuestión de estilo y no a que se avergonzara de sus poemas de juventud.

«Rafael no fue nunca un poeta joven, porque publicó sus primeros libros de poesía en 1972, cuando tenía 38 años. El estilo era muy distinto y no se identificaba con él. Cuando empezó en 1972, su modelo era el hermetismo barroco, y a partir de 1985 escribía con un estilo completamente diáfano».

Pérez Estrada
El escritor malagueño Rafael Pérez Estrada (I) recibe del alcalde de Málaga, Francisco de la Torre (PP), la medalla que le acredita como Hijo Predilecto de la Ciudad en reconocimiento a su obra literaria y a su aportación a la vida cultural. EFE/Rafael Díaz.

También es «esencial», subraya, que «su relación con la literatura había cambiado», porque entre 1972 y 1985 escribió seis libros de poemas, ocho libros de narrativa y dieciséis piezas de teatro, y «quería ser un escritor de vanguardia, pero escribía en los tres géneros tradicionales».

«Lo que hace desde 1985 es escribir en un género literario que crea él, a veces en prosa, otras en verso, con muchos elementos narrativos que trasciende con elementos poéticos y muchos elementos dramáticos, todo fundido en un género suyo, y él era consciente de que lo que escribía no era ni narrativa, ni poesía ni teatro en el sentido tradicional».

Unas cartas llenas de poesía

La Fundación Rafael Pérez Estrada también presenta este miércoles «Práctica de la emoción. Correspondencia (1986-2000)» un libro que recoge las cartas entre el poeta malagueño y el propio Cilleruelo, y que ha sido publicado por Mixtura Editorial.

«Son cartas que están llenas de poesía, en las que no nos transmitíamos información, porque Rafael me llamaba semanalmente y las cosas prácticas las dirimíamos por teléfono», explica Cilleruelo.

«Una vez al mes o dos, nos escribíamos por el gusto de escribirnos, de jugar con la realidad y con las cosas y compartirlo. Las cartas son plenamente literarias, algunas como poemas, al jugar con el lenguaje para un lector que era el que recibía la carta», añade.

Su valor reside que en ellas está «el Rafael oral», porque «quienes le conocieron no pueden olvidar su gracia y su espontaneidad» y, mientras que sus libros de poemas «pasaban por un sistema de corrección y contención», las cartas son «igual que si estuviese hablando, sin una pretensión literaria, sino con la efervescencia del momento, que en Rafael era potentísima». EFE