Grazalema
Grazalema, el pueblo gaditano que tuvo que ser desalojado por las inundaciones del pasado febrero recupera la normalidad y se prepara este sábado para las próximas elecciones andaluzas. EFE/ Román Ríos

Grazalema vota tras vivir «una cosa rara», con políticos unidos por unos días

Grazalema (Cádiz), (EFE).- Tres meses después del susto que les obligó a desalojar el pueblo, los vecinos de Grazalema (Cádiz) aún se acuerdan de que hubo unos días, aquellos tan duros para ellos, en los que los políticos fueron «ejemplares» y trabajaron a una para ayudarles, una «cosa rara», como comprueban en esta campaña electoral andaluza.

«Sería bueno que continuaran tomando acuerdos en beneficio de todos. Que dejaran de tirarse los trapos sucios y sacaran los limpios, porque esto que tenemos es vergonzoso. Hemos llegado a tal extremo que ya es vergonzoso que estén todo el día solamente criticándose unos a otros, faltándose y poniéndose en mal lugar. Si algo están demostrando es no tener educación ninguna», dice en la plaza del pueblo Juan Pérez, de 82 años.

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Los 2.000 habitantes de Grazalema, que tuvieron que abandonar sus casas durante los once largos días de febrero que siguieron a unas inéditas lluvias que hicieron que el agua saliera hasta por los enchufes de las casas, apenas ven por el pueblo carteles electorales ni acogen mitines de la campaña para las elecciones andaluzas del próximo 17 de mayo.

De piñón fijo

Pero irán a las urnas sin olvidar que hace poco, cuando Grazalema fue la «zona cero» del tren de borrascas que asoló la provincia este invierno y recibieron la visita de muchos políticos y representantes de las administraciones, tuvieron la «suerte» de ver «una cosa rara», como dice Juan Pérez, trabajar por una buena gestión sin riñas ni polémicas partidistas.

«Yo creo que aquello no va a influir en el voto, porque aquí somos de piñón fijo. El que es de un partido lo sigue siempre. No somos gente cambiante» afirma Juan Pérez, uno de los jubilados del pueblo.

«Yo creo que sí va a afectar, totalmente, tanto en la gestión que se hizo en ese momento como de la vuelta a casa, en la posterior normalización de nuestras vidas, claro que sí va a afectar eso», dice María José Rincón, que atiende una de las queserías que ofrecen a los turistas sus productos locales.

«Igual que cuando nos desalojaron todos los partidos se unieron y fue espectacular y sorprendentemente positivo, yo creo que ahora nos sentimos un poco dejados por el tema carreteras, es un problema tremendo. Los pueblos pequeños hacemos vida fuera, necesitamos movernos para todo, si no tenemos carreteras adecuadas ya no es sólo que no nos llegue el visitante, que nuestra economía depende del turismo, si no que no hacemos vida normal», continúa.

Ella es madre de una estudiante de primero de Bachillerato que, como sus compañeros, aún no puede ir a su instituto, en la vecina localidad de Ubrique, con normalidad porque las carreteras siguen muy afectadas por los daños de aquellas borrascas.

Abandonados

«Nos sentimos muy abandonados, eso creo que sí va a influir, algunos vamos a votar muy enfadados, nos sentimos tan abandonados y tan impotentes. Escribimos y no nos contestan. Claro que va a influir en que asistamos a las urnas, votemos e incluso en la orientación del voto, por el abandono», dice esta madre.

«Necesitamos las carreteras para volver a nuestras vidas, nos queda mucho. Entendemos que se necesita mucha inversión, pero es que vemos tanta lentitud y en determinadas carreteras, como al que va a Ubrique, tanta dejadez que nos desesperamos», lamenta, mientras asegura que lo vivido en el pueblo les hace darse cuenta de que «dependemos de la política y del político en concreto que maneje la situación, los que escuchan, los que no escuchan y acaban imponiendo medidas», afirma.

Ana García, que trabaja como camarera en un café del pueblo mientras estudia oposiciones como criminóloga, también cree que aquellos días sirvieron para ver a los políticos de otra forma a la habitual, siendo capaces de dejar aparcados los enfrentamientos por sus ideologías.

«Después de ver tantas cosas que al final nos han dividido mucho a la población», los vecinos, recuerda, vieron aquellos días trabajar unidos al alcalde de su pueblo, Carlos García, del PSOE, y a la alcaldesa de Ronda, Maripaz Fernández, del PP, para atender la evacuación de los habitantes del primer pueblo al segundo.

«Nos ha hecho ver que da igual el color, que han buscado el beneficio de todo el pueblo», asegura.

Para ella con aquel susto los vecinos aprendieron que, lejos de la crispación, lo importantes es que «nos tenemos que apoyar todos, buscar puntos que nos beneficien a la mayoría» . EFE