Secuelas del maltrato: «Una víctima siempre pierde, nunca gana»

Eva Ruiz I Sevilla, (EFE).- Las secuelas del maltrato que sufren las víctimas de agresiones físicas y psicológicas no se terminan necesariamente cuando esa situación finaliza, sino que se pueden extender a lo largo de toda la vida y cambiarla completamente, ya que «una víctima siempre pierde, nunca gana».

Es el caso de Luz (nombre ficticio). Tiene 35 años, vive en la provincia de Sevilla, y esa es su opinión después de pasar diez de ellos sufriendo agresiones por parte de su expareja. Explica a EFE que «no hay estudio que pueda dar una visión de las secuelas tan grandes que sufre una víctima», algo que además «no es fácil de demostrar» y que a veces se complica todavía más debido a los trámites y «errores» burocráticos a los que se tienen que enfrentar.

Aunque la situación venía de atrás, Luz tomó la decisión firme de separarse cuando vio peligrar su vida y la de su hijo. «Había intentado poner solución a todo eso, pero al final no tenía solución. Al contrario, cada vez iba empeorando la situación y yo no sabía salir de ella».

El temor no desaparece

Cuenta que cuando finalmente dio el paso comenzó un acoso constante. «Eso me hizo perder el trabajo, la vida que llevaba y todo mi mundo». Recuerda que pasó a seguir a rajatabla las indicaciones para estar protegida. «Unas veces podía salir más, otras me aconsejaban que estuviera encerrada… El peligro siempre estaba ahí, era día tras día vivir con una persona detrás que te quiere matar, a ti y a tu hijo».

«Yo estaba muerta en vida, me condicionaba para todo», dice antes de enumerar los trastornos por los que ha pasado, algunos de los cuales aún se mantienen: desde insomnio a fatiga constante, pasando por olvidos continuos, amenorrea por el estrés, desórdenes alimenticios, dolores de estómago, colon irritable o problemas digestivos que han necesitado dos intervenciones quirúrgicas, además de numerosas afecciones en la boca.

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La sociedad vallisoletana rinde homenaje a la joven enfermera vallisoletana Teresa Rodríguez Llamazares, asesinada supuestamente por su expareja el pasado 27 de octubre en Bruselas. EFE/NACHO GALLEGO/Archivo

Todo ello lo resume en un «estrés postraumático», una de las principales secuelas del maltrato, que la lleva a seguir en tratamiento psicológico, porque su temor no ha desaparecido con la entrada en prisión de su agresor hace un par de años, tras una sentencia que considera «protectora» hacia ella y su hijo.

Aún así, dice, «cuesta salir a la calle, por miedo a que te suceda algo más». Detalla que no es capaz de ponerse el cinturón de seguridad en un coche porque una vez, con los nervios, no podía quitárselo al final de una persecución de su expareja en otro vehículo y temió que él se llevara al niño en ese momento.

O que, cuando se anima a salir, va mirando siempre «hacia atrás». «Un golpe se quita, pero las secuelas psicológicas no», argumenta.

Errores burocráticos

Después de todo este tiempo Luz considera que las administraciones podrían hacer mucho más para ayudar a las víctimas. «No saben cómo atendernos, agravan las secuelas y crean otras», asegura antes de mantener que «hay en la mano de todos los funcionarios muchísimas herramientas para ayudar a mejorar estas vidas».

Precisa que en ocasiones se ha sentido juzgada e incluso ha visto cómo dudaban de su palabra «por no querer contar, por vergüenza, todos los detalles de lo que había pasado».

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La Red Feminista de Gran Canaria convoca una manifestación con el lema «Contra las violencia machistas los feminismos actuamos, ¿y tú?». EFE/Quique Curbelo/Archivo

Algunos fallos y la falta de entendimiento entre administraciones le han hecho incluso «pensar en tirar la toalla». Ha llegado a creer que «tanta lucha por llevar una vida normal parece que no merece la pena, porque siempre hay algún error burocrático, alguien que no entiende la situación o que no conoce la materia que hace que tu vida sea todavía más vulnerable».

Explica además que no todas las personas que han vivido malos tratos tienen que tener las mismas secuelas ni reaccionar igual aunque pasen por algo similar y lamenta haber tenido que escuchar a veces expresiones como «eso no es para tanto».

«La sociedad no está preparada para asumir qué es ser víctima», asevera abundando sobre las secuelas del maltrato.

Pasar página

Cree que las leyes son positivas pero que no se aplican como debería hacerse, especialmente en el caso de las secuelas psicológicas. «Una de las peores cosas que veo de la justicia es que esperen a que pase algo», sostiene. «Sigo recordando que no se tomaron medidas para que yo haya somatizado ciertas cosas».

A pesar de ello se muestra agradecida hacia «todas aquellas personas que han ayudado en todo lo que han podido».
«Gracias a ellos pude salir y confío en esas buenas personas que me han ayudado y que sé que ayudarán a otras como yo», afirma.

En esta etapa, Luz quiere pasar página y comenzar de nuevo. «Yo no quiero vivir de las administraciones, yo quiero volver a trabajar», afirma antes de subrayar que en su caso «el maltrato económico continúa a día de hoy», ya que su expareja no se ha hecho cargo en ningún momento de la cantidad que está obligado a aportar para el mantenimiento de su hijo.

Con una vida social que considera «bastante destruida» también por las secuelas del maltrato, no se plantea tener una nueva pareja ni se ve con un hombre en un futuro, a pesar de su juventud.

«Tengo miedo de que se obsesionen conmigo de nuevo», asegura recordando los celos que tuvo que sufrir. «Él no siempre me ha tratado mal. ¿Quién me dice entonces que con otra persona al final no va a ser lo mismo? No confío», confiesa. EFE