Zaragoza (EFE).- Los fósiles de quince crías de dinosaurio descubiertos en Galve (Teruel), algunas de las cuales murieron antes de cumplir 200 días, han permitido a un equipo de paleontólogos reconstruir las profundas transformaciones que experimentaba el cráneo del iguanodon desde su nacimiento hasta alcanzar la edad adulta, hace unos 125 millones de años.
El estudio, llevado a cabo por la Fundación Dinópolis y publicada en la revista internacional ‘Zoological Journal of the Linnean Society’, revela que el cráneo de estos dinosaurios herbívoros cambiaba drásticamente durante su crecimiento y que algunos rasgos anatómicos utilizados para clasificarlos pueden variar considerablemente incluso entre individuos de una misma especie.
El estudio se ha basado principalmente en los restos de quince crías de Iguanodon galvensis, de menos de un metro de longitud, recuperados en varios yacimientos de Galve, que se han comparado con otros ejemplares de esta especie y de Iguanodon bernissartensis hallados en Bélgica.
Una «guardería» de dinosaurios
Los fósiles forman parte de un conjunto excepcional que ya fue interpretado en 2015 como una «guardería» de dinosaurios y que ha proporcionado información sobre las primeras etapas de vida de estos animales.

Los huesos del cráneo son muy poco frecuentes en el registro fósil y su conservación en ejemplares tan jóvenes resulta todavía más excepcional, apuntan desde Dinópolis en una nota de prensa.
Iguanodon galvensis fue un dinosaurio ornitópodo que vivió durante el Barremiense inferior, hace entre 125 y 123 millones de años y que al igual que su pariente cercano Iguanodon bernissartensis, que habitó Europa hace unos 123 y 121 millones de años, se caracterizaba por su dieta herbívora, por tener un pico córneo, carecer de «armadura», desplazarse tanto de forma cuadrúpeda como, ocasionalmente, bípeda, y por tener un espolón por pulgar en la mano.
Los fósiles craneales de Iguanodon galvensis estudiados proceden de varios yacimientos localizados en la Formación Camarillas. Solo en uno de ellos se recuperaron casi 1.500 fósiles de estas crías, entre los que se incluyen 250 restos craneales, especialmente valiosos porque los huesos del cráneo son poco frecuentes en el registro fósil y todavía más difíciles de encontrar en ejemplares tan jóvenes.
Según explica Javier Verdú, primer investigador del proyecto, la comparación de estos restos con los de otros yacimientos, ha permitido documentar con detalle las diferencias anatómicas existentes entre especímenes perinatales, juveniles, subadultos y adultos.
El análisis revela que el cráneo de iguanodon cambiaba drásticamente durante su ciclo de vida y que muchos de estos cambios responden a un proceso evolutivo denominado peramorfosis, en el que las especies alcanzan etapas de desarrollo más avanzadas que sus ancepasados.
La investigación confirma además que algunas características anatómicas utilizadas hasta ahora para clasificar estos dinosaurios pueden variar considerablemente entre individuos de una misma especie, lo que tiene implicaciones importantes para entender la diversidad.
El análisis de la dentición ha demostrado también que incluso las crías contaban con un aparato masticador complejo y eficiente, capaz de procesar eficazmente el alimento vegetal, y que algunas de las crías murieron antes de completar su primer ciclo de renovación dentaria, es decir, 200 días de vida, según otro de los autores del estudio, Josué García Cobeña.
Para el director-gerente de la Fundación Dinópolis, Alberto Cobos, esta investigación aporta «información fundamental» para comprender las diversas fases del desarrollo de estos dinosaurios ornitópodos.








