La salud del planeta en manos de los guardianes de las aves

Miguel Ramos

Noja, Cantabria (EFE).- En España conviven unos mil anilladores de aves que durante el año, de forma voluntaria y no solo en periodos migratorios, se afanan por controlar la avifauna que sobrevuela y habita zonas naturales con la idea de recopilar datos que suponen un excelente barómetro de la salud del planeta.

Un modo de vida altruista de estos guardianes del ecosistema que, pese a no ser científicos profesionales, se mueven motivados por el simple privilegio de trabajar para la conservación de las especies.

En el Día Mundial de las Aves, un ejemplo de este colectivo es Fernando Pinto, un jubilado bilbaíno que, según reconoce en una entrevista a Efe, por sus manos habrán pasado «más de 5.000» pájaros al llevar casi la mitad de su vida dedicada a la identificación ornitológica.

«Es una satisfacción muy grata, porque las aves transmiten todo el conocimiento de la naturaleza a través del contacto directo», admite.

Desde hace cuatro años impulsa la estación de anillamiento científico de SEO/BirdLife en la marisma Victoria de Noja (Cantabria), un humedal protegido «muy importante» ya que, al ubicarse al lado de la playa, es parada estratégica para el avituallamiento de aves acuáticas en las ventanas migratorias de primavera y otoño.

Allí ya se han anillado unos 4.800 ejemplares pertenecientes a 52 especies diferentes encabezados por el mosquitero musical, seguido de la curruca capirotada, el carricero, el mosquitero común y el petirrojo europeo.

En el Día Mundial de las Aves, un ejemplo de este colectivo es Fernando Pinto, un jubilado bilbaíno que, según reconoce en una entrevista a Efe, por sus manos habrán pasado "más de 5.000" pájaros al llevar casi la mitad de su vida dedicada a la identificación ornitológica. EFE/ Miguel Ramos
En el Día Mundial de las Aves, un ejemplo de este colectivo es Fernando Pinto, un jubilado bilbaíno que, según reconoce en una entrevista a Efe, por sus manos habrán pasado «más de 5.000» pájaros al llevar casi la mitad de su vida dedicada a la identificación ornitológica. EFE/ Miguel Ramos

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Para poder capturar y examinar las aves, según detalla Pinto, no se utilizan técnicas «cruentas», sino que se sigue el método tradicional de extender una red de nailon por un arbolado en donde quedan atrapadas. Eso sí, reconoce que hay que tener «pericia» para tratarlas con cuidado y no sufran ningún daño o estrés hasta que se anillan.

«Se toma medida del ala, de la pluma primaria más larga o de la pata y también se comprueban otros datos biométricos como el peso, la acumulación de grasa y la musculación», explica.

Todo ese estudio se sube online al portal digital Euring, un banco informativo europeo que aglutina más de 1,2 millones de recuperaciones de aves silvestres para su cotejo por parte de las centrales de anillamiento.

Si el ejemplar ya está anillado se considera recapturado, por lo que se actualizan los datos de su ciclo biológico, además de comprobar su procedencia y fecha de identificación.

Uno de los momentos más placenteros para los anilladores durante las campañas de reconocimiento es encontrar un ave marcada en el extranjero, porque se trata de un hecho raro que «sucede en una de cada mil» capturas.

En concreto, en Noja se han recuperado tres mosquiteros musicales de Noruega, un petirrojo europeo, un pechiazul y un papamoscas cerrojillo procedentes de Francia, una curruca zarcera originario de Gran Bretaña y un carricero común anillado en Bélgica.

Delineante de obra civil en el aeropuerto de Bilbao, Pinto se hizo técnico de medioambiente durante esa etapa laboral para realizar los preceptivos estudios de control de fauna, de cara a ahuyentar las aves peligrosas de las pistas y así evitar posibles accidentes aéreos.

Pronto descubrió que el anillamiento era el mejor método para observar el retorno de las aves a lo largo del tiempo y en 1993 obtuvo el permiso en el centro de migración homologado de SEO para poder materializar estas operaciones.

Previamente, tuvo que superar un exhaustivo examen y demostrar que era capaz de distinguir y clasificar toda la avifauna que sobrevuela el país.

En ese «reciclaje» continúo que implica su misión, Pinto ha asistido a campañas de anillamiento en la estación de La Nava (Palencia), en el Parque Nacional de Doñana, en Tarifa (Cádiz) para el recuento de aves del Estrecho de Gibraltar, en el Parque de Salburua (Vitoria) o, como hace también de forma habitual, en el río Najerilla (La Rioja).

Para él, es un logro poder enseñar sus conocimientos ornitológicos a personas de todas las edades, sobre todo, a los niños, y siempre intenta «concienciar» de la importancia de cuidar el «medio ambiente» mediante el contacto directo con las aves, defendiendo su utilidad como mensajeros del estado de la naturaleza.