El realizador David Martín de los Santos, posa con motivo de la presentación de su película 'Un hombre en un puente', estrenada en la 71ª Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci). EFE/Nacho Gallego

Fracasos personales y migraciones de ida y vuelta, en el segundo filme de David Martín de los Santos

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Valladolid (EFE).- El valor de asumir el fracaso personal y social, la valentía de afrontarlo en busca de una solución, es una de las enseñanzas que desprende ‘Un hombre en un puente’, el segundo largometraje del realizador español David Martín de los Santos que ha estrenado este jueves dentro de la 71ª Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci).

De una manera tan consciente como desesperada, un hombre regresa a su localidad natal, en el norte de la provincia de Palencia, tras fracasar personal y laboralmente en todos los proyectos que emprendió en Madrid cuando decidió emigrar en busca de mejores oportunidades, un retorno también oportunista ya que hasta entonces no había vuelto al lugar de sus raíces.

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El realizador David Martín de los Santos (c, arriba), posa junto a los actores Nidia Bermejo (i), Roger Casamajor y Ruth Díaz (d), elenco de su película ‘Un hombre en un puente’, estrenada en la 71ª Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci). EFE/Nacho Gallego

Como director y espectador «el cine es ideal para mostrar estos personajes erráticos y controvertidos que se enfrentan al fracaso», ha explicado durante una comparecencia Martín de los Santos sobre su segundo largometraje de ficción después de ‘La vida era eso’ (2021) que entonces la valió dos nominaciones a los Premios Goya, y autor de la serie ‘Los años nuevos’ (2024).

Las apariencias

«Por razones de supervivencia, por miedo o educación tendemos a ocultar nuestros defectos y miserias en una sociedad donde en apariencia todo es felicidad, pero la vida es también sufrimiento, dolor y enfrentarlo te ayuda a no sentirse solo», ha añadido durante una comparecencia informativa al término de la proyección, fuera de concurso, dentro de la sección oficial del festival.

La película, una coproducción hispano-peruana, está protagonizada por Roger Casamajor y la actriz peruana Nidia Bermejo en el papel de una migrante en situación irregular que subiste con trabajos precarios, mal remunerados y sin regularizar en el apartado laboral, un personaje del que se vale el director, en cierto modo, para confrontar dos migraciones: la de los españoles del medio rural al urbano y la de los extranjeros procedentes de países menos favorecidos económicamente.

El personaje errático y a la deriva empieza a encontrarse cuando, a cambio de casi nada, recibe el apoyo y solidaridad de una migrante iberoamericana a la que conoce accidentalmente y que le reintroduce en la comunidad donde viven sus familiares y amigos, un pequeño municipio elegido especialmente por el director en el norte de la provincia de Palencia: Cervera de Pisuerga.

Bardem en el ‘retrovisor’

Ningún vínculo familiar une a David Martín de los Santos con Cervera de Pisuerga más allá del sustrato emocional que como cinéfilo almacenó en al menos dos películas de Juan Antonio Bardem: ‘Calle Mayor’ (1953), rodada en Palencia, y ‘Nunca pasa nada’ (1963), filmada en Aranda de Duero (Burgos), en ambos casos con las calles de soportales que en la vieja Castilla protegían del frío invernal y cobijaban del calor estival.

A ese imaginario se ha referido y citado expresamente el director al ser preguntado por la localización principal de su segundo rodaje de ficción: «Un sitio no muy turístico, con mucha textura, la de la huella del pasado y sobriedad del paisaje que propicia esa atmósfera íntima» necesaria para situar la peripecia de su personaje principal.

Incluso no ha tenido reparos en rodar planos de los soportales en calles lluviosas y nocturnas, con poca o deficiente iluminación y vacías, muy similares a las de las películas de Bardem.

De soslayo, el director alude a las dificultades laborales, el desempleo y el peso de la mujer en el medio rural, así como a la despoblación, envejecimiento y la beneficiosa presencia de los migrantes extranjeros en la España menos habitada, la del interior. EFE