Martí Puig i Leonardi |
Barcelona (EFE).- El Govern de Salvador Illa ha aprobado este viernes el proyecto de presupuestos con el aval de Comuns pero no de ERC, su otro socio de investidura, y comienza ahora la cuenta atrás para esclarecer si los republicanos permitirán, al menos, que las cuentas superen el primer trámite parlamentario.
El debate a la totalidad en el Parlament tendrá lugar previsiblemente el 18 de marzo, después de que socialistas y republicanos hayan pactado darse una semana más de margen. ERC, sin embargo, ya ha avisado que, si nada cambia hasta entonces, registrará una enmienda de retorno, lo que pondría fin a la tramitación.
Si se supera ese primer debate, la votación final debería ser al menos 20 días después, es decir, después de Semana Santa. Este plazo podría acortarse a la mitad si se opta por el procedimiento de urgencia, una medida hasta ahora nunca aplicada en el caso de unas cuentas.
Presupuestos, suplementos de crédito o elecciones
Socialistas y republicanos siguen afirmando que quieren presupuestos, y esta parecía la opción más probable hasta hace poco. Para que ello sea posible es necesario, a priori, algún movimiento sobre el traspaso del IRPF, que es lo que viene reclamando ERC, si bien en política siempre pueden encontrarse soluciones imaginativas.
Si persiste el desencuentro, el Govern podría optar por añadir recursos a las cuentas aún en vigor -que son las de 2023- mediante la aprobación de suplementos de crédito, que ERC sí se ha abierto a validar.
A los socialistas les bastaría sumar el apoyo de JxCat para aprobar los presupuestos, pero descartan de plano esta alternativa. Otra posibilidad es que Illa opte por convocar elecciones anticipadas, aunque el president se ha mostrado hasta la fecha contrario a ello.
El precedente de Aragonès
Basta remontarse al mandato anterior para dar con una situación parecida a la actual: al no poder aprobar las cuentas de 2024, el Govern de ERC presidido por Pere Aragonès decidió adelantar las elecciones.

La película la protagonizan hoy los mismos partidos, aunque con papeles intercambiados: fue Comuns quien rechazó las cuentas que ERC había pactado con el PSC. El escollo no fue entonces el IRPF, sino el macroproyecto del Hard Rock.
Respecto a 2024 cambian, sin embargo, algunos elementos en la ecuación. El Govern de Aragonès venía ya debilitado, tras la salida de Junts, si bien había logrado aprobar el año anterior unos presupuestos, cosa que no ha conseguido Illa. Comuns, además, enfrió en todo momento la posibilidad de avalar las cuentas, mientras que ERC reconoce haber estado muy cerca de comenzar a negociarlas.
El juego de la gallina, otra vez
Le negativa de ERC del sábado de sentarse a negociar y el anuncio de Illa del lunes de que aprobaría las cuentas el viernes han abocado a los protagonistas a una nueva partida del juego de la gallina.
La metáfora es la de dos pilotos que llevan sus coches hacia el precipicio: ambos saben el peligro que enfrentan, pero también que el primero que frene será acusado de tener pocas agallas, lo que le puede pasar factura en el futuro.
Se dan dos circunstancias que condicionan esta particular partida: el líder de ERC, Oriol Junqueras, sigue sin poderse presentar a unas elecciones, al seguir inhabilitado para cargo público a raíz de la condena por el ‘procés’; y el presidente catalán, Salvador Illa, sabe que tras unos nuevos comicios volvería a necesitar, muy probablemente, el apoyo de los republicanos para seguir gobernando.
El escollo del IRPF
ERC cree que está ante su última bala para lograr arrancar el aval del Gobierno central a que la Generalitat pueda recaudar el IRPF. Se trata de una pata fundamental del nuevo modelo de financiación, y todo ello -que deberá recabar el posterior aval del Congreso- se remonta al pacto de investidura de Illa, de julio de 2024.

El Govern, por contra, pide paciencia, dado que el «principio de realidad» determina que el Ejecutivo de Pedro Sánchez no puede ahora -pero quizás sí más tarde- permitirse lo que sería leído como otra cesión al independentismo.
El pecado original, sin embargo, sigue siendo el mismo: el cumplimiento de los pactos de investidura -y el devenir de la legislatura catalana- no depende solo del PSC y de ERC, sino también del PSOE.










