Palafrugell (Girona) (EFE).- La barcelonesa Anna Irina Russell, premiada el año pasado en Marsella (Francia) en la feria internacional Art-o-rama, acaba de convertir el museo de escultura contemporánea de la Fundación Vila Casas, Can Mario, ubicado en Palafrugell (Girona), en un pulmón a base de piezas que respiran, creadas con materiales inflables.
Russell ha presentado la nueva muestra de este espacio, ‘Neix en l’aire la primera flor’, y ha explicado a EFE que esa respiración de esculturas que se inflan y desinflan hay que entenderla más allá de «algo biológico, hay que verla desde una dimensión política y poética».
«Respirar no es un gesto individual, sino algo compartido», ha añadido la artista, cuyo objetivo ha sido convertir Can Mario en un «pulmón de pulmones que comparte el aire con el público que entra».
La exposición, que se inaugura este sábado y que se podrá visitar hasta el próximo 22 de noviembre, responde al despliegue del cuerpo de trabajo de Anna Irina Russell a lo largo de cinco años, con el aire como tema principal.

El aire como material escultórico
Para Russell, el aire es un material escultórico y la escultura «no es algo estático, que perdura para siempre y que pesa mucho, sino algo que cambia de forma».
En el caso de ‘Neix en l’aire la primera flor’, «las piezas, que también se dejan afectar por la respiración del público, están fabricadas con tela de algodón crudo en unos casos y grafito en otros».
El primero de estos materiales es el que, según recuerda la artista, se utiliza para los primeros patrones de los vestidos, sobre los que se dibuja y recorta, y ella ha querido dejar a la vista todas las costuras como si se tratase de las «entrañas» de sus creaciones.
En cuanto al grafito, mancha ese algodón si hay contacto, una alegoría a los contagios por vía respiratoria que remiten a su vez a la pandemia de covid.

Otras maneras de comunicación
Con todo esto, la barcelonesa investiga sobre «maneras de comunicación más allá de la oral» y que despliegan un velo de feminismo, en palabras de la comisaria de la exposición, Blanca Arias, que encuentra ese vínculo en el concepto de cuidado por los demás que transpira la muestra.
Sin embargo, Arias precisa que se trata de «una exposición que abraza, pero también que habla de la asfixia», y para la que pide respeto a los silencios y los espacios.
El feminismo está igualmente en una creación escultórica que «no parte de extraer o cavar», sino que apela a esos cuidados y a una idea de contacto a través de la respiración que enlaza con la de «artistas LGTBI en la época del SIDA», según la comisaria.

Inspirar, Espirar y Aspirar
La exposición se articula en tres ámbitos como son Inspirar, Espirar y Aspirar, que recurren a membranas inflables, estructuras suspendidas, dibujos, instalaciones sonoras e, incluso, lumínicas.
El último de esos tres espacios, Aspirar, concluye el recorrido y lo hace con una serie de dibujos de la abuela de Anna Irina Russell, Joana Torres, que introduce la única presencia cromática de la muestra y propone una reflexión sobre memoria afectiva, genealogías familiares y transmisión de sensibilidades y prácticas creativas entre generaciones.
El director de arte de la Fundación Vila Casas, Bernat Puigdollers, ha explicado que la exposición responde a una intención de «repensar» la institución después del fallecimiento del que fue su fundador, Antoni Vila Casas.
Si Can Mario había albergado recientemente propuestas de artistas consagrados, sus salas se abren ahora, según Puigdollers, a otros más jóvenes como es el caso de Russell, nacida en Arenys de Mar (Barcelona) en 1993, que en este caso llega con material concebido para este museo. EFE










