Los hermanos Torres, Sergio y Javier, en su nuevo local 'Parada Torres' ubicado en el Mercado de Santa Caterina. EFE/ Enric Fontcuberta

Los hermanos Torres abren en Santa Caterina el bar que le debían a Barcelona

Lara Malvesí |
Barcelona (EFE).- Cuando los padres de Sergio y Javier Torres plantearon a sus hijos, ya cocineros de autor en ciernes, seguir con el bar Plaza en El Carmel, rechazaron coger el testigo. Pero más de veinte años después, los hermanos más populares de la gastronomía han decidido saldar su deuda con Barcelona y ponerse detrás de la barra en una nueva propuesta en el mercado de Santa Caterina.

«Nosotros somos muy de bar y con los años hemos ido viendo que queríamos poner todo nuestro aprendizaje de tantos años en poner en marcha el bar que sentimos que le debíamos a la ciudad», ha contado Sergio Torres a EFE poco antes de la inauguración oficial del espacio.

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Una vuelta a sus orígenes y a la infancia, cuando ayudaban a sus padres en un pequeño local en el barrio del Carmel. EFE/ Enric Fontcuberta

‘Parada Torres’ es no solo una vuelta a esos orígenes de bar «de toda la vida» en el que siendo niños jugaban a ayudar a sus padres subidos en cajas de bebida tras el mostrador, sino que también es «un homenaje a la abuela Catalina», que, como rememora el cocinero, hacía la compra en ese mismo mercado.

«Este local no estaba en nuestra ruta pero nos enteramos de la posibilidad de optar a este espacio y no lo dudamos. Fue una corazonada: tenemos que hacerlo. Por nosotros, por Barcelona, por nuestros padres y nuestra abuela», ha confesado.

En el mercado de Santa Caterina

El nuevo bar ocupa el espacio que había quedado huérfano de varias paradas del céntrico mercado, principal proveedor de los alimentos que se sirven en el nuevo bar.

«Desde que empezamos a poner esto en marcha los propios paradistas nos cuentan que ha ayudado a volver a dar vidilla al mercado y eso nos hace muy felices también porque nosotros siempre veníamos aquí a comprar con nuestra abuela», apunta Torres.

Con precios mucho más discretos que los de su Cocina Hermanos Torres, la carta recupera clásicos «pero con el toque de la casa». Entre otros, el cocinero destaca el ‘tío Pepito de ternera con tapenade de tomate seco, mayonesa trufada y patatas fritas’, la ‘escalivada a la brasa de carbón vegetal’, la ‘crema catalana quemada al romero’ y los ‘xuxos rellenos con crema pastelera y anís’.

También el ‘fricandó de ternera’, el ‘torrezno de Soria’, la ‘ración de champiñones al ajillo’ o la de ‘gambas blancas rebozadas’.

«Es más sencillo pero está bien hecho. Y en el sitio hay ambiente de bar, bullicio y buen rollo. ¡Viva los bares!», defiende el cocinero sobre el espacio de 440 metros con capacidad para 160 comensales y que domina visualmente una gran barra metálica de toda la vida y a juego con el resto del mercado.

Propuesta de precios asequibles

Torres ha señalado que en los días previos a la inauguración oficial han visto más visitante español que turista, algo que les ha hecho «ilusión». «Aquí vendrá gente que igual no nos conocería en otras propuestas y eso es una maravilla», ha señalado.

Los hermanos Torres bajan la alta cocina hasta la barra de bar. EFE/ Enric Fontcuberta

La presencia de los Torres en Santa Caterina aumenta la competencia gastronómica del lugar con la Boqueria, al otro lado de la Rambla, y suma atractivo a un mercado que atrae a locales y turistas por su tejado ondeado inspirado en el ‘trencadís’ de colores de Antoni Gaudí (es obra del artista Toni Comella y los arquitectos Benedetta Tagliabue y Enric Miralles).

Aunque la coincidencia es, apunta Sergio Torres, puro «azar», el ‘Parada Torres’ ha coincidido con la apertura de otra propuesta de tapeo de un chef con tres estrellas, Martin Berasategui, quien junto a su Lasarte de Paseo de Gracia ha abierto ‘Bera’, también de precios más asequibles y cocina continua.

Los hermanos Torres tienen así un nuevo local en la ciudad de Barcelona que se suma a Cocina Hermanos Torres (3 estrellas Michelin), Eldelmar y Alas, en la terminal 1 del Aeropuerto de Barcelona, que en otoño terminará una reforma que le permitirá convertirse en un gran mirador donde comer antes o después de coger un vuelo. EFE