Lara Malvesí |
Barcelona (EFE).- La abogada y escritora Marta Borraz, último premio Tusquets por ‘Las leopardas’, ha contado a EFE que ha tardado treinta años en poder escribir la historia de su tía Paloma, la mujer que inspira el personaje principal de la novela y a través de la cual rinde homenaje a las primeras mujeres que tras la dictadura quisieron empezar a vivir libremente.
Su tía, fallecida de VIH, inspira al personaje de Clara en el libro, una mujer «luminosa» que huyó del drama durante una vida que se terminó demasiado pronto, justo cuando empezaba a vivir, ha recordado.
De hecho, en la portada aparece una foto verdadera de Paloma, jugando en el río, descalza y vestida de ‘animal print’. Una imagen alejada de la enfermedad que, como ha contado la autora, refleja su espíritu.

«Cuando vi esta foto tuve claro que tenía que ser la portada. Está en el río, en el Pirineo Aragonés. Y era así como se ve. Libre, guapa y sensual. Se tomó en 1990. Ya estaba enferma entonces, pero no se le nota nada. Está disfrutando de un día de verano», ha explicado mirando un ejemplar de ‘Las leopoardas’.
Las mujeres de la transición
La protagonista representa además a «esas mujeres que vivieron toda la movida de la transición, que les pilló el 75 en su momento de salir, de ir a la universidad. Mujeres que empezaron a poder explorar fuera de casa y, desde luego, que tuvieron más libertad que sus madres», ha contado.
La novela visibiliza además a las mujeres heterosexuales que se contagiaron, un colectivo del que apenas se ha hablado en la literatura.
«Normalmente se vincula a los hombres homosexuales o a las mujeres que consumían heroína o tenían una pareja que consumía.
Pero ella era una mujer heterosexual que no se drogaba, que apenas salía y que de hecho tampoco era especialmente promiscua», apunta la autora.

La escritora, que como otros sobrinos también hizo guardias en el hospital hasta que falleció, recuerda que su enfermedad al principio se vivió con «naturalidad» pero que el «estigma» llegó después. «Al morir supimos y empezamos a entender todo lo que había supuesto».
En ese sentido, subraya que el VIH es «una enfermedad que culpabiliza mucho al paciente». «Ella tuvo que gestionar esa culpabilización cuando sentía que no había hecho nada malo, que solo había vivido su deseo libremente», ha dicho.
«Fue muy valiente a la hora de afrontar su enfermedad y cómo lo trató con la familia, que fue un lugar seguro donde pudo no ser juzgada. Más complicado fue de puertas para fuera», lamenta.
Sororidad
Y también fueron claves para ella otras mujeres con las que compartir la misma experiencia. Esas «leopardas» del título. «La sororidad de estas mujeres fue muy importante. Se llamaban, se escuchaban. Crearon una hermandad y se acompañaron en un momento muy duro. Eran las únicas que sabían cómo se sentían las demás», ha añadido.
Borraz también rememora que su tía antes de morir hizo mucha pedagogía con ella y sus hermanas sobre la importancia de protegerse sexualmente «y tener cabeza».
«Su historia me condicionó mucho a la hora de vivir mis relaciones personales», ha reconocido.
A pesar de lo triste de la historia, Borraz ha querido que el libro sea «una celebración» y mostrar a Clara como «vital y divertida» porque así es como ella recuerda a su tía.
«Es la imagen que rememoramos siempre los sobrinos. No la recordamos enferma, sino haciendo bromas y organizando las actuaciones de Navidad en casa para toda la familia», apunta.
Borraz, que acabó escribiendo a pesar de que en su momento la falta de Facultad de Periodismo en Zaragoza la hizo decantarse por el Derecho, señala que las leyes de algún modo también la «hicieron» escritora. Mediadora además de abogada, señala que en su día a día se encuentra con «infinidad de historias».
Su próxima novela aún no está decidida, pero apunta que seguramente pasará en su tierra, Aragón. Aunque eso sí, deja claro entre risas, esta vez dejará «en paz» a su familia. EFE







