La autora coreana Keum Suk Gendry-Kim durante la entrevista con EFE durante su paso por el Salón del Cómic de València. EFE/Ana Escobar

La fortaleza de las coreanas esclavizadas llega al cómic con acento femenino

Marta Rojo | València (EFE).- Quería contar “como mujer” el sufrimiento pero también la “fortaleza” de una generación, sobre todo de mujeres coreanas, que durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea fueron esclavizadas como “mujeres de consuelo” sexual y separadas de sus familias, y Keum Suk Gendry-Kim lo ha logrado hacer en sus obras ‘La espera’ y ‘Hierba’.

En una entrevista con EFE en el Salón del Cómic de València, la autora coreana se muestra partidaria de “compartir ese legado” de fuerza al que se ha acercado en muchos casos mediante entrevistas personales pero “no como haría una periodista, sino como mujer, como persona”.

Lee Ok-Sun es la protagonista de ‘Hierba’, un cómic donde se narra la historia de esta mujer, que todavía vive y que hoy es una activista por la reparación y la memoria histórica de todas las que, como ella, fueron arrancadas de sus hogares y obligadas a servir sexualmente a los soldados japoneses que, durante la Segunda Guerra Mundial, ocupaban Corea.

Una historia real

A ella se acercó, al conocerla en la casa para supervivientes de trata donde vivía, como “mujer que habla con otras mujeres”, y en el cómic no solo recoge la vida de su entrevistada, sino también su propio proceso “de reflexión” y de conocimiento de aquella violencia.

Según la autora, aunque hoy en Corea “se habla de estas cosas, no hay silencio”, fue “difícil” que aquella mujer se abriera, y en el proceso se centró en “intentar entender qué quería decir realmente, en entresacar, porque hay cosas que se esconden”.

La autora coreana Keum Suk Gendry-Kim durante la entrevista con EFE en la que borda, durante su paso por el Salón del Cómic de València, su aproximación a la memoria histórica coreana en cómics como ‘Hierba’, donde se narra la vida de una mujer hecha esclava sexual por los japoneses en la Segunda Guerra Mundial, o ‘La espera’, que recoge testimonios del drama de las separaciones forzosas de familias durante la guerra de Corea. EFE/Ana Escobar

Por su parte, ‘La espera’ convierte en ficción diversos testimonios reales para narrar la vida de Gwija, una mujer de 92 años que vive en Corea del Sur y que tras décadas de espera pretende reencontrarse con su hijo, a quien perdió cuando huía de la guerra de Corea.

Uno de esos testimonios que le han servido para abordar el tema de las separaciones forzosas es el de la propia madre de la autora, que fue separada de su hermana, a quien trasladaron a Corea del Norte, sin haberla encontrado todavía a sus 90 años.

Un drama sin cerrar

“Tuve que pensar mucho si lo escribía o no, porque son historias de personas que siguen teniendo familia en Corea, que siguen esperando”, reconoce, y asegura que pensó mucho en “qué parte convertir en ficción, hasta dónde llegar por esa continuidad, por el hecho de que, para muchas, el tema no se ha cerrado”.

En ambas obras, las primeras de una trilogía que en España está publicando Reservoir Books, se narran hechos violentos y dramáticos a través de un dibujo y un texto casi nunca explícitos, algo que ha tratado de hacer a propósito para evitar ser morbosa.

“Lo he hecho así por dos razones: para no revictimizar a las víctimas cuando leyeran el libro y para potenciar la imaginación del lector con lo que no se cuenta, que es lo que más me interesaba”, asegura.

Transmitir el legado de una generación

Keum Suk Gendry-Kim asegura ser consciente de que hay muchas formas de hacer cómic pero dice haber escogido la de las obras política o históricamente comprometidas porque sus propios padres “vivieron la época” que narra.

“Soy heredera de esa historia, y quería compartir el legado porque conecto con las narraciones de la generación de mis padres de la época colonial y de la guerra”, relata.

Para ello, ha confiado en el cómic como una forma más gráfica y directa de “llegar” a la gente y mantener viva la voz de “una generación que vivió momentos complicados”.

La fortaleza de sus protagonistas

De esas experiencias, asegura, de “no tener para comer, de no saber dónde iban a estar dentro de unos meses”, procede el afán de “supervivencia” de sus protagonistas, su “fortaleza”.

La primera mujer en contar sus experiencias en las “estaciones de consuelo” lo hizo en 1991 con 74 años y tras más de 50 de silencio, según relata en ‘Hierba’ la propia autora, que asegura que, hoy sí, existe en Corea una reivindicación por la reparación del daño a estas mujeres.

A su juicio, entender que “es una responsabilidad nacional de un país, Japón”, ha ayudado a que las supervivientes se unan y a que exista cierta red en torno a las víctimas. “Pensaban que les había pasado solo a ellas, pero ahora lo saben; ahora saben que no es su culpa”, celebra.

Memoria para cambiar las cosas

La memoria de las mujeres a las que sometían a esclavitud sexual, a matrimonios forzosos, el recuerdo de la miseria y las separaciones de padres, hijos y hermanos puede servir, cree, para recordar la historia de su país, pero también para cambiar las cosas.

“A lo mejor a través de estas obras pero también de otras muchas se puede conocer y comprender”, valora la autora. Algo a lo que da especialmente importancia en un momento en que algunas voces niegan la historia y la violencia contra las mujeres, ante lo que apuesta por “leer e informarse” para “romper la barrera” de esos silencios. EFE