Participantes en la fiesta de la Tomatina de Buñol (Valencia) completamente cubiertos de tomate. EFE/Biel Aliño

La Tomatina, 60 minutos a tomatazos que asombran al mundo y dejan una marea roja en Buñol

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Blanca Escribano | Buñol (Valencia) (EFE).- Una fiesta que se espera de un año a otro y que atrae a turistas de cualquier rincón del mundo solo para 60 minutos no puede ser otra que la Tomatina, la batalla de tomatazos que sigue convirtiendo a Buñol en una icónica y viral marea roja por una tradición que en 2027 cumplirá ya 80 ediciones.

Con un cielo medio nublado que ha permitido disfrutar del acontecimiento sin pasar tanto calor, los camiones cargados con 150 toneladas de tomate pera han comenzado a circular a las 11:59 horas, tras el tradicional chupinazo, por unas calles ya abarrotadas de gente desde primera hora de la mañana.

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Momento de la Tomatina, en la que 22.000 personas se han lanzado 150.000 kilos de tomates. EFE/ Biel Aliño

Participantes de la India, Australia, Canadá…

En cuestión de segundos, los primeros tomates -procedentes este año de Don Benito (Badajoz)- han transformado el color, el olor y hasta la textura del municipio valenciano, que, como cada último miércoles de agosto, deja la tranquilidad de sus 9.700 habitantes y se convierte en un campo festivo de batalla para más de 22.000 participantes.

La India, Australia, Canadá, Gran Bretaña… un pequeño mapa internacional que ha gritado de emoción y que lo ha dado todo incluso antes de sonar la carcasa pirotécnica, con la atrevida previa protagonizada por el palo jabón y el almuerzo popular para coger fuerzas, con sus bollos con longaniza, panceta y chorizo.

Con el cartel de ‘todo vendido’ colgado por tercer año consecutivo, la Tomatina conserva la apariencia de una pelea improvisada que empezó en 1945 entre un grupo de jóvenes pero tiene, en realidad, una organización y precisión matemática: siete camiones, 150 toneladas de tomate -casi siete kilos por persona- y una hora para convertir el centro en una marea roja.

En unas calles en las que da la sensación de no caber ni un alfiler, el primer pensamiento de cualquiera que visualice esta fiesta desde las alturas, en las terrazas y balcones de las casas, es: ¿Cómo va a pasar un camión por ahí? Pero consiguen hacerse hueco sin problemas, y con cadenas humanas de seguridad y vigilancia, en medio de tanta emoción.

El centro de Buñol en plena Tomatina, que ofrece algunas de las imágenes más icónicas del verano de fiestas populares en España. EFE/Biel Aliño

150.000 kilos de tomates maduros convertidos en proyectiles

El protagonista de la fiesta ha venido desde Extremadura y tiene sus propios trucos en la elaboración -expresa para esta ocasión-, con un punto de maduración controlado para que esta ‘munición’ no haga demasiado daño a nadie.

Antes del primer tomate han llegado las gafas de buceo, las fundas impermeables para los móviles y esa camiseta vieja -blanca- que ya se da por perdida, una fiesta que tiene sus propios códigos de supervivencia, aunque siempre hay algún participante que se atreve a disfrazarse de tomate.

Una mujer se baña en tomate tras la Tomatina de este miércoles. EFE/Biel Aliño

Desde los balcones, algunos vecinos también han exhibido banderas palestinas y por la educación pública, con el color verde que ha caracterizado la huelga indefinida del profesorado valenciano, y se ha lanzado agua a manguerazo limpio -y con cubos- en unas calles en las que no cabía un alfiler.

En el primer camión, encabezando la batalla, han estado la alcaldesa de Buñol, Virginia Sanz, el presidente de la Diputación de Valencia, Vicent Mompó, y el conseller de Medio Ambiente, Vicente Martínez Mus, que ha puesto la banda sonora a la ocasión con el toque de bocinas, ante un sol que ha comenzado a salir y a caldear el ambiente.

Detalle de algunos de los 22.000 participantes en esta peculiar batalla con tomates de la Tomatina. EFE/ Biel Aliño

Cuatro atendidos por el lanzamiento de gas pimienta

Este año, la edición se ha saldado con cuatro personas atendidas tras el lanzamiento de gas pimienta por parte de alguien no identificado, que les ha provocado molestias leves en los ojos, por lo que han necesitado un lavado ocular y han podido ser dadas de alta in situ, según fuentes de la organización.

Algunos de los ‘combatientes’ en esta batalla han descrito la sensación que se vive dentro como «una experiencia imperdible» y «espectacular», que a muchos les ha hecho «sentir jóvenes», con expectativas superadas y un efecto casi terapéutico en eso de lanzar «a un rival» un tomate en el cuerpo, una emoción que no se podría entender sin estar allí en vivo y en directo.

Un hombre tumbado sobre los restos de la Tomatina, tras finalizar el lanzamiento de tomates. EFE/Biel Aliño