Vista del Museo de la Cantería, en Rasines, que muestra el movimiento de los primeros canteros en Cantabria como oficio a partir del siglo XV. EFE/ Miguel Ramos

Canteros cántabros: Los arquitectos de Castilla

Miguel Ramos Escaño | Rasines (EFE).- Los primeros canteros en Cantabria surgieron a partir del siglo XV en la comarca de Trasmiera, donde la materia prima que esconden sus abruptas montañas ofrecía un oficio para ganarse el sustento fuera de las asentadas villas marineras o de una exigua agricultura.

Así, el arte de labrar la piedra germinó velozmente entre un distinguido gremio de personas que, por su pericia, pasaron de picar explotaciones a ser reclamados en el reino de Castilla para encabezar, durante 200 años, icónicas construcciones civiles y religiosas.

Entre esas familias de maestros cántabros, explica en una entrevista a EFE el historiador, Alejandro García López, sobresalen los Rasines o los Gil de Hontañón, quienes marcaron una época de la historia de la cantería no solo en esa región, sino en España.
«Son muchísimos los exponentes cántabros que van a trabajar, incluso, en obras tan importantes como el monasterio de San Lorenzo del Escorial», afirma.

Juan Gil de Hontañón (1470-1526), oriundo del municipio de Rasines, fue el primero de una saga de constructores que participó en el levantamiento de las catedrales de Segovia, Salamanca o en el trazado de la cúpula de la catedral de Sevilla.

Su hijo, Rodrigo Gil de Hontañón (1500-1577), sostiene el historiador, enseguida demostró grandes cualidades como maestro, al nacer, criarse y empaparse del oficio entre las antiguas canteras madrileñas de Rascafría y dar sus primeros pasos junto a su padre.

Poco tiempo después, Rodrigo completó el primer trabajo individual con la colegiata de Santa María, en Villafranca del Bierzo (León), y más adelante sucedió a su progenitor en la dirección de la catedral de Segovia.

Considerado uno de los mejores arquitectos españoles del siglo XVI, además de la contribución religiosa, la aportación de Rodrigo se extiende a obra civil con los puentes que comunicarán la ciudad de Madrid o la fachada del Colegio Mayor de San Ildefonso, actual rectorado de la Universidad de Alcalá de Henares.

Liderazgo efímero

La evolución de figuras dedicadas a la extracción de piedra, pasando por diseñador de planos, hasta llegar a los primeros arquitectos responde, en opinión de García López, al cambio de mentalidad que se estaba produciendo en la Europa del Renacimiento y, sobre todo, en Italia, donde el artista es el que toma importancia y no solo su obra.

Pese a ello, el liderazgo de esas familias cántabras en el oficio de la cantería se diluye conforme avanzan los años, ya que prefieren que sus descendientes no prosigan el legado y apuesten por la educación.

«Lo que quieren es que sus nietos ya no estén en una obra trabajando con la piedra y que vayan a la universidad a estudiar Medicina o Derecho», apostilla García López.

Museo de la Cantería

En el barrio de Cereceda de Rasines, una de las cunas en la labranza de la piedra, se celebra este año el 20 aniversario de la apertura del Museo de la Cantería dedicado a la historia y a la aportación de Cantabria a este arte.

Allí, se pueden apreciar tipos de piedras que utilizaban los canteros, las herramientas con las que trabajaban, el modelo de grúa para levantar los bloques, piezas clave originales con sellos, el árbol genealógico de familias y planos de edificios o maquetas.

Si bien Rodrigo Gil de Hontañón no pisó nunca Rasines, da nombre al museo «para ensalzar la figura de esos maestros canteros reflejados directamente en la familia de los Hontañón, primero por el padre, que sí que nace aquí», apunta el historiador.

No obstante, añade García López, Rodrigo dejó en su testamento una dote económica para que en una ermita del pueblo se construyera una capilla en la que se pudiera rezar tanto por él y su familia, como símbolo de «ese cariño y añoranza por la montaña» que les vio prosperar en uno de los oficios más antiguos de la humanidad.