Alfredo Valenzuela |
Sevilla (EFE).- Actor, humorista, dramaturgo, pintor, cartelista, anticuario, conferenciante, Miguel Caiceo (Sevilla, 1950) es por encima de todo coleccionista, como revela la exposición «Pintura y coleccionismo», una afición que tiene desde niño, cuando, recuerda: «Fui monaguillo y en vez de ayudar al cura me quedaba embobado mirando el retablo».
Claro que no se trataba de un retablo cualquiera, sino del de Martínez Montañés en la iglesia de San Lorenzo de Sevilla, algo que también determinó la inclinación barroca de Caiceo, como demuestra en «Pintura y coleccionismo», una exposición en la Casa Fabiola de Sevilla que podrá verse hasta el 1 de marzo y en la que establece «un diálogo» entre sus propias pinturas, dibujos y ‘collages’ con obras maestras costumbristas de su propia colección.
La fuerza de las obras en papel
«Desde niño, mi padre me daba dos reales y me iba al Jueves (el rastro de Sevilla) y me compraba cualquier cosa, aunque fuera una caja de cerillas para empezar otra colección, porque he coleccionado de todo; solo de arte tengo colecciones de arte contemporáneo, de arte religioso, de pintura antigua y de obras en papel».
«Las obras en papel tienen mucha impronta y mucha fuerza, y en España aún no se les da la importancia que tienen en otros países como Francia e Inglaterra», ha añadido el artista polifacético, quien atesora valiosas series de dibujos, grabados, litografías y bocetos.

Y demuestra ese aserto señalando un dibujo incluido en «Pintura y coleccionismo», obra de Zuloaga a lápiz que muestra a un mendigo desnudo y que es uno de los cuadros más expresivos de la muestra, donde hay otras debidas a los pinceles de Gustavo Bacarisas, Jiménez Aranda, José de Zamora, Cecilio Pla, José Arpa, Gonzalo Bilbao, Virgilio Mattoni y Aureliano de Beruete, entre otros maestros españoles de la pintura y el dibujo de finales del XIX y principios del XX.
Coleccionista y «rastrólogo»
La exposición reúne también obras curiosas como un retrato de Tórtola Valencia, bailarina española que fue musa de Valle-Inclán, pintado por Ricardo Mir, y dos dibujos de Manuel Gómez Moreno, que fue amigo de Fortuny, todas las cuales están enmarcadas con marcos que Caiceo ha ido encontrando en mercadillos, no en balde se autotitula «rastrólogo».
La exposición se compone de 52 obras de maestros costumbristas -algunas anónimas, y también otras atribuidas pero sin firma- y 63 del propio Caiceo, entre ellas dos «guiños» a Picasso, artista al que considera por encima de todos y al que en sus exposiciones siempre rinde homenaje, en este caso con un arlequín al que dice «haber deconstruido para construir después, a la manera de Francis Bacon».
Del total de piezas artísticas que acumula, Caiceo no ha podido dar una cifra -solo su colección costumbrista suma unas seiscientas-. Sin embargo comenta con humor que en su casa es difícil pasar de una habitación a otra y que los dos patios con los que cuenta ha tenido que techarlos como repositorios, y eso que se trata de una vivienda del siglo XVIII de ochocientos metros, en una localidad colindante con Sevilla.
Colecciones de cerámica
También tiene colecciones importantes de cerámica y de antiguos objetos metálicos, pero su debilidad son las primeras vanguardias y la vanguardia española integrada Gris, Zóbel, Lucio Muñoz, Gerardo Rueda y Carlos Saura, maestros de los que también posee alguna obra.
El humor también está presente en sus obras y en sus colecciones, pero, ha advertido, «son dos cosas muy distintas, el humor es otra dimensión, pero mis pinturas nunca van al dramatismo y mis cosas tienen un punto de locura, y algunas arrancan una sonrisa», dice en alusión a unos retratos de niños, dibujados con varios colores que le otorgan un aire muy alegre.
«El teatro y la pintura son mis dos pasiones; y el arte es el eje de mi vida», dice antes de asegurar que «yo no sabía que era coleccionista hasta que me llamaron para un debate en televisión sobre coleccionismo, y entonces empecé a tomármelo en serio», mientras que de su faceta como actor ha zanjado: «Los actores antes trabajamos todos los días de la semana y descansábamos uno; ahora trabajamos uno y descansamos todo el mes». EFE