Lara Malvesí |
Barcelona (EFE).- Cuando tras la pasada edición del BCNegra, su director, Carlos Zanón, preguntó a una de las asistentes más jóvenes qué opinión tenía del festival, la chica no perdió la ocasión de demandarle la presencia de los nuevos narradores del misterio y la crónica negra, esos «youtubers» y pódcast que tantas escuchas atesoran gracias al «true crime».
Un año más tarde, creadoras de contenido como Martha Caballero y Estela Naïad llenaban la sala La Paloma para contar cómo se sienten y qué las motiva a empaparse de los peores crímenes conocidos para desmenuzarlos desde la habitación de su casa para regocijo de sus seguidores, la mayoría mujeres de la generación Z.
En conversación con EFE, ambas han reconocido haber visto a escondidas casi desde la tierna infancia el programa de televisión ‘Crímenes imperfectos’, así como estar unidas por una gran admiración por Carles Porta, el periodista que hay tras programas como ‘Crims’.

«Otros quizá prefieran hablar solo de chicos o del trabajo pero a mí lo que me motivaba era tomarme algo y hablar con mis amigas sobre crímenes, sobre la maldad humana», cuenta Naïad, quien en su canal ahonda en asesinatos de época e incluso a veces, explica, se disfraza para la ocasión.
Con un estilo más desenfadado, a Caballero le gusta narrar historias de crímenes reales de la forma en que «se lo contarías a una amiga».
«Creo que mi forma de explicar crímenes es la que me hubiera gustado encontrar hace unos años como espectadora; alguien que te cuenta los casos dándote información de formas más clara o más sencilla. En las noticias dicen por ejemplo que un caso ‘está sobreseído’ o que la policía quiere ‘agitar el avispero’. Bueno, pues yo te cuento qué significa», explica.
Una audiencia femenina
Las dos creadoras aseguran que más del 90 % de sus seguidores, que se cuentan por cientos de miles, son mujeres, una realidad en la que también coinciden en dar explicación.
«Creo que a las mujeres no solo nos da morbo conocer estas historias sino que hay un punto también de aprendizaje, de conocer consejos para ir con precaución. De saber qué puerta dejó abierta la víctima para que le pasara lo que le pasó», asegura Naïad.
Sobre los límites éticos de contar crímenes que han ocurrido en la realidad, Caballero destaca que en su cabeza siempre está la prioridad de «proteger» a la víctima.
«Para mí la víctima está por encima de todo. Lo más importante es darle su lugar, explicar quién era, qué hacía. Porque cuando cuentas un crimen cuentas un vacío, hablas de alguien que existió. No es ficción. Y no puedes reducirlo a hablar de un cuerpo en una autopsia», añade.
A propósito de su participación en el festival de novela negra y suspense policíaco BCNegra, Naïad apunta que los pódcast y canales de YouTube de misterio y crímenes pueden traer igualmente nuevos lectores y consumidores a un género que «está cambiando sus códigos en todos los formatos».
Nuevos formatos para la crónica negra
«Creo que los ‘youtubers’ hemos actualizado los códigos un poco empujados por los usuarios que buscan un consumo más rápido y que te piden echar mano de ganchos y que empieces a contar la historia por el final para quedarse atrapados. De hecho, también las novelas empiezan así, con el final en suspenso», cuenta Naïad.
El caso más visto del canal de esta «youtuber», de estética gótica, trata sobre el suceso verdadero que se menciona en el libro ‘Lolita’, de Nabokov, del que llama la atención que «no había mucha información publicada en castellano».

En el caso de Caballero, uno de sus vídeos destaca con cerca de un millón de visitas. Se trata de la muerte de la niña Paulette Gebara Farah en México en 2010. «Se hizo viral», apunta.
Curiosamente, y aunque las dos creadoras de contenido son populares entre las amantes del «true crime» por las historias que cuentan en redes sociales, las editoriales no han dejado de tocar a su puerta para estirar el chicle.
Estela Naïad publicó en 2023, una década después de empezar su canal, ‘Monstruos criminales: Los casos reales más bestias de la historia del ‘true crime’ (Montena)’, y Martha Caballero escribió el año pasado ‘Tres crímenes reales sin resolver’ (Alfaguara).
El «true crime» sigue sin conocer su cota máxima. Sea el formato que sea.