Casi treinta años después de separarse, El Último de la Fila vuelve a los escenarios
Casi treinta años después de separarse, El Último de la Fila vuelve a los escenarios.- EFE/ Jorge Zapata

El Último de la Fila regresa al escenario: «La prioridad es pasarlo bien y ser felices»

José Luis Picón |

Fuengirola (Málaga) (EFE).- Casi treinta años después de separarse, El Último de la Fila vuelve a los escenarios con una gira de doce conciertos en la que, según aseguran, «la prioridad es pasarlo bien y ser felices, y, por delante de eso, sentir que el público lo pasa bien y se emociona».

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Manolo García y Quimi Portet revelan en una entrevista con EFE, antes de uno de los ensayos para abrir la gira este sábado en el festival Marenostrum de Fuengirola (Málaga), que este regreso «surgió en una sobremesa, como tantas cosas importantes de la vida».

«Últimamente nos veíamos a menudo, y surgió. ¿Por qué no hacemos unos cuantos conciertos? ¡Ah, pues muy buena idea! No recuerdo si lo dijo él o yo, y pusimos en marcha el mecanismo», explica Portet.

No se plantean el futuro más allá de esta gira, porque «en épocas más juveniles había que planear las cosas a mucho más largo plazo, pero ahora sería iluso hacerlo».

Casi treinta años después de separarse, El Último de la Fila vuelve a los escenarios
Casi treinta años después de separarse, El Último de la Fila vuelve a los escenarios.- EFE/ Jorge Zapata

«Una de las ventajas que tenemos por nuestra trayectoria es la libertad para decidir las cosas sobre la marcha y que nuestro futuro no se vea teledirigido por unas acciones previas. Nos gusta la sensación de libertad absoluta en un oficio que muchas veces, cuando debería ser uno de los más libres, acaba convirtiéndose en una especie de cárcel de tus propios éxitos, fracasos o decisiones», añade Portet.

Manolo García coincide. «Cuando estamos juntos, algo puede salir siempre, porque hay ganas de tocar y de componer, pero esos puentes ya los cruzaremos si los tenemos delante».

Un repertorio coherente

Para la gira han preparado un repertorio «lo más coherente posible, atendiendo a lo populares que fueron las canciones, si calaron de un modo u otro o si han pervivido en el tiempo», precisa el vocalista.

«Vamos a tocarlas de la manera que ellos esperan, no haciendo inventos o solos de media hora, sino tocarlas tal y como se compusieron y se grabaron en los 80 y los 90», asegura García.

La separación se produjo en 1998 porque «todo tiene un final y las cosas se van erosionando», y después de unas giras que eran «maratonianas y muy intensas».

«Llegó un momento en el que pensamos que, si seguíamos, podía pasar eso de rebañar el plato, y nuestra dignidad no lo permitía. Como los toreros, queríamos dejarlo en un buen momento, de manera amigable y sabiendo que no era una ruptura para siempre», según el cantante.

Portet apunta que fue un momento en el que usaron su libertad «para explorar caminos diferentes». «Vete a saber si El Último se habría evaporado en un par de años más. Son decisiones que se toman en función de la libertad que te da haber tenido esa difusión».

La llegada de las plataformas

El panorama de la música ha cambiado mucho desde entonces, especialmente con la irrupción de las plataformas digitales de música.

«No es de recibo que la gente haga sus videoclips y sus canciones, que estén en las plataformas y que la soldada que reciben por ese trabajo sea ínfima, irrisoria e indignante. Es una injusticia que se está cometiendo en todo el planeta», lamenta García.

Agrega que «los músicos y los compositores están a merced de las plataformas, que son unos imperios etéreos e intangibles que están en algún lugar y que generan mucho dinero, pero el chico que quiere sacar una canción se paga su videoclip, piensa que va a ser famoso y recibe unos magros beneficios».

Para Portet, «hay cosas mejores ahora, la música se ha democratizado y la difusión de la música es más fácil para un músico, pero el valor de la música ha perdido mucho».

«La emotividad que una canción da al público sigue siendo la misma, pero la aparición del ‘streaming’ ha desvalorizado mucho la creación de la obra. Es muy difícil hoy que un músico llegue a ganarse la vida lo bien que se la ganaba en los 70, los 80 o los 90, cuando la música popular llegó a la cumbre», precisa el guitarrista.

Nuevos géneros

En este periodo han surgido además nuevos géneros como el reguetón, y al respecto Portet subraya que «la música popular no tiene academias y siempre es válida, sea la que sea».

«Cada generación intenta resultar desagradable a la anterior. Nosotros los conseguimos con creces con el rocanrol, y pusimos histéricos a nuestros abuelos. Ahora, cuando somos personas de una edad tirando a provecta, es normal que a veces nos irriten músicas que surgen de la juventud».

Pero, añade Portet, «la persona que está haciendo ahora reguetón con la máxima buena fe para llegar al público o demostrar a su novia que está enamorado es lo mismo que la gente que empezó a hacer rocanrol».