Guiomar Martín, Gabriel Cerezuela (c) y Diego Blanco, los tres jóvenes ilustradores valencianos que impulsan el proyecto Ojo Garabato, con el que buscan convertir la intimidad del lienzo en algo colectivo. EFE/Ana Escobar
Guiomar Martín, Gabriel Cerezuela (c) y Diego Blanco, los tres jóvenes ilustradores valencianos que impulsan el proyecto Ojo Garabato, con el que buscan convertir la intimidad del lienzo en algo colectivo. EFE/Ana Escobar

Ojo Garabato convierte la soledad de dibujar en una cita para crear comunidad en València

Blanca Escribano|València (EFE).- Un lápiz, una libreta y un espacio al aire libre donde generar arte y comunidad. Dibujar en València ya no tiene por qué ser un acto solitario gracias a Ojo Garabato, un proyecto creado por tres jóvenes ilustradores que han convertido la intimidad del lienzo en algo colectivo, un encuentro mensual y gratuito donde profesionales y aficionados pueden compartir cuadernos y contagiarse ideas.

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«La profesión del dibujante suele ser muy solitaria, estamos en nuestras casas a solas, comiéndonos nuestros problemas, y lo que buscábamos era generar un espacio y unas dinámicas entre ilustradores profesionales», cuentan a EFE Diego Blanco, Gabriel Cerezuela y Guiomar Martín, las tres ‘patas’ de Ojo Garabato.


Sentados en una de las fuentes del Jardín de Monforte, recuerdan que todo comenzó con un viaje a Galicia: «Me fui a ver a una amiga mía que vive en Betanzos y vi que había una comunidad muy cercana de artistas. Es un pueblo pequeño, organizan muchos planes y están muy presentes, me dio envidia», asegura Blanco, un ilustrador navarro que llegó a València hace diez años para estudiar Bellas Artes.


Cerezuela y Martín tampoco son valencianos, vienen de Murcia y de Valladolid, pero llevan más de cuatro años profesionalizándose en València y compartiendo la ilustración, su «vía de escape», con el diseño gráfico y la docencia, algo que les unió a los tres, gracias a «gente en común» y a «alguna que otra cerveza».


Ese pensamiento, «¿por qué no hacemos algo así en València?», fue el culpable de que naciese Ojo Garabato -nombre que surgió tras una «divagación» en una lluvia de ideas-, y que continuó con las siguientes preguntas: «¿Cómo se hace una quedada? ¿Dónde se puede hacer al aire libre? ¿Es legal? ¿Qué fecha ponemos? ¿Cómo comunicamos esto?».


Fue así como Blanco, Cerezuela y Martín consiguieron «invadir» estos mismos jardines el 18 de octubre de 2025, en la primera quedada de Ojo Garabato. «Pensábamos que iban a venir diez amigos, pero subimos un vídeo a redes sociales, se viralizó y vinieron más de 200 personas. Nos volvimos locos, dando vueltas por el parque y buscando dónde meter a tanta gente», explican a EFE.


En esa primera cita cultural, jóvenes, adultos, profesionales y aficionados se perdieron por el parque y dibujaron todo aquello que veían -pájaros, estatuas, personas haciendo cosas- para después juntar todas las libretas y formar la ‘galería al suelo’, momento donde toca observar el resultado de esos garabatos.


«Nos hemos dado cuenta de que al final nosotros no hemos generado esa tribu de ilustradores, pero la gente que ha venido sí que ha encontrado un hueco para crear comunidad», señala Martín.

La importancia del espacio público

El Jardín de Monforte, el Parc Central, los Jardines de Viveros y, este domingo 26 de abril, la plaza del Patriarca son escenarios habituales en estas quedadas por una razón: disfrutar del espacio público en una actividad con la que se puede «no consumir».


«Intentamos hacer todo lo contrario a lo que hace un ilustrador, que es quedarse en casa y no hablar, y tampoco queríamos irnos a dibujar a una cafetería. Vas a un parque donde todo es gratis y donde te fuerzas a enseñar tu arte», afirman.


«Además, la naturaleza dentro de la ciudad es muy evocadora, hay plantas, animales, gente patinando y hasta haciendo taichí, eso estimula mucho la imaginación», añade Cerezuela.


Uno de los encuentros que recuerdan con más cariño estuvo, precisamente, marcado por un contratiempo con el que no contaban: se levantó un «viento terrible» que volaba las hojas de los cuadernos, lo que hacía imposible poder formar esa ‘galería al suelo’.


«Así se nos ocurrió hacer la ‘galería a la mano’, donde cada uno sujetaba su libreta y nos la enseñábamos los unos a los otros. Así socializamos más, nos pusimos cara y nos permitió conocernos mejor», recuerda Blanco.

Una exposición de libretas en Nave 3

Otro de las proyectos que ha surgido a partir de las quedadas de Ojo Garabato ha sido la exposición de libretas. «Estábamos dibujando en el Parc Central cuando Miguel Ángel Jordán, director del Centro Cultural Nave 3 Ribes, salió y nos preguntó que qué estábamos haciendo», rememora Martín.

«Nos dijo que Nave 3 era pública y que podíamos usarla para lo que quisiéramos», recuerdan los ilustradores. Así fue como decidieron jugar con el concepto tradicional de una exposición -donde se muestra la obra finalizada y perfecta- para exhibir bocetos inacabados bajo el tema «ciudades utópicas y distópicas».

«Lo bonito es que no había láminas impresas, sino libretas reales, abiertas con sus trazos, sus pruebas y sus errores», explica Blanco, algo así como «exponer tus vergüenzas».

Los tres jóvenes ven Ojo Garabato como «un abanico de posibilidades» que se está abriendo más y más, imaginan el futuro lleno de «grandes planes» -ampliar formatos, apuntarse a convocatorias o buscar financiación- pero siempre manteniendo su esencia: crear una red de arte al aire libre con la que poder seguir dibujando.