Madrid (EFE).- La Caja de las Letras del Instituto Cervantes ha recibido este martes la escafandra precursora del traje aeroespacial diseñada en 1935 por el ingeniero aeronáutico, aviador y expresidente del Gobierno de la Segunda República española en el exilio, Emilio Herrera Linares (Granada, 1879 – Ginebra, 1967).
La caja número 1421 de la cámara acorazada del Instituto Cervantes, ubicada en el sótano del edificio, ha recibido el legado del aviador que hace más de 90 años diseñó un modelo de escafandra para tripulantes de globos aerostáticos, que, sin duda, «fue precursor del traje espacial», ha señalado la secretaria general de la institución, Carmen Noguero.
El Cervantes, en colaboración con la Real Academia de la Ingeniería, ha abierto las puertas de la Caja de las Letras al legado de este pionero de la industria aeroespacial, y además de la réplica de la escafandra, ha recogido manuscritos originales y su discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Exactas titulado ‘Ciencia y Aeronáutica’ (1933).
También se ha incluido un retrato de Emilio Herrera, fechado en Nueva York, en 1928; su biografía ‘Emilio Herrera Linares. Ingeniero militar, aviador y científico original’, escrita y donada por Emilio Atienza, y sendos facsímiles de los manuscritos originales ‘Aerotecnia’ y ‘Del aire al más allá’.

«La vida de Emilio Herrera constituye un ejemplo de dedicación al servicio público, al avance científico y al compromiso con su país. Militar e ingeniero visionario, supo unir rigor científico con una profunda vocación humanista», ha dicho la secretaria general del Cervantes.
La Fundación ENAIRE ha donado a la Biblioteca Patrimonial del Instituto Cervantes dos obras sobre la vida de Emilio Herrera: ‘Ciencia en las ondas. Crónicas científicas de Emilio Herrera’ y ‘Del Guadalquivir al plata en dirigible’.
Un auténtico visionario y pionero de la ingeniería aeroespacial
El presidente de la Academia de Ingeniería, Jaime Domínguez, presente en el acto, ha destacado la figura de Herrera, «que ha permanecido demasiado tiempo en segundo plano pese a la extraordinaria magnitud de sus aportaciones: fue un auténtico visionario y pionero de la ingeniería aeroespacial».
Tras la Guerra Civil, Herrera se exilió en París, donde continuó su labor científica. Ingresó en la Office National de’Etudes et de Recherches Aérospatiales (ONRA) y fue nombrado consultor de la Unesco sobre temas de física nuclear.
También fue nombrado miembro de la Academia de las Ciencias de Francia y presidente del Gobierno de la República española en el exilio entre 1960 y 1962.









