Begoña Fernández |
Madrid (EFE).- ‘Relaciones peligrosas’ es un cómic del guionista Koldo Azpitarte y el ilustrador Mikel Bao que retrata el desmantelamiento de la ciencia durante la dictadura y que pone el foco en una generación perdida de neurocientíficos, la escuela de Ramón y Cajal, contada por su secretaria, Kety Lewy, que vuelve a España del exilio.
«Las dictaduras son enemigas de la cultura y de la ciencia», dice en una entrevista con EFE Azpitarte, guionista, médico y fan de Santiago Ramón y Cajal, a quien considera el «neurocientífico más importante de la historia de la humanidad» y que en la investigación emprendida con Bao para narrar su obra se encontró por azar con la figura de Kety, a la que convirtió en relatora.
Añade Bao que biografías de Cajal hay muchas, incluso una serie de televisión, así que resultaba más interesante tirar de un personaje menos conocido, como era su secretaria, «para hablar tanto de su presente como de la fascinante época del exilio».
Y así surgió el cómic, que publica Norma Editorial, y que desde esta semana está en las librerías.
Kety Lewy, vuelve a España del exilio
Kety Lewy era la hermana pequeña de Irene Falcón (que cambió su apellido al casarse) y a la que relevó como secretaria de Cajal en el Laboratorio del Instituto de Investigaciones Biológicas desde 1926 hasta la muerte del Premio Nobel (1934).
«Tuvo una vida muy azarosa. Después de casi diez años como secretaria, bibliotecaria y traductora se vio obligada a exiliarse tras la guerra civil y viaja a Rusia, donde el régimen la represalia y acaba en China», explica Azpitarte.
Kety se afilió al PCE y gracias a sus trabajos como traductora en congresos creó lazos con científicos de la España franquista que la ayudaron a volver del exilio y recuperar su plaza en el Instituto Cajal, ya denominado CSIC.
«Conforme íbamos investigando nos encontramos con otros nombres de científicos olvidados, como Pío del Río Hortega», dice el ilustrador.
Azpitarte coincide en que Pío del Río Hortega es una figura a reivindicar: «Era republicano y estaba nominado al Nobel, que nunca recibió posiblemente por su orientación sexual».
«La escuela de Cajal se perdió por el franquismo»
«La posguerra fue durísima y el presupuesto para investigación era ínfimo. España nunca más volvió a ser el referente cultural que había sido hasta la guerra», subraya Azpitarte.
Advierte el guionista de que «las siguientes generaciones han ido a rebufo y hoy en día el presupuesto que se dedica a ciencia es escaso».
Coinciden los autores en que la «escuela de Cajal se perdió por el franquismo como se perdió la Generación del 27, lo que supuso un retraso secular» que llega hasta nuestros días.
El cómic desvela que el régimen franquista quiso apropiarse de la figura de Cajal.
El científico era nacionalista español, pero se oponía públicamente a los nacionalismos catalán o vasco, a los que despreciaba, aunque también se enfrentó con la misma fuerza a Mussolini o Primo de Rivera, «a quienes plantó cara en defensa de científicos».

Cajal quería alertar a Kety de relaciones peligrosas
En el cómic se narra cómo los científicos pidieron a Kety que escribiera una biografía del maestro y que ella culminó con «Así era Cajal», editada por Austral.
Revelan los autores que Cajal previene a Kety de los males del mundo regalándole un volumen de ‘Relaciones peligrosas’, de Choderlos de Laclos.
El científico quería alertar a Kety de las artes seductoras de los hombres, y ese libro que Cajal dedicó a su secretaria es el que Azpitarte y Bao toman de referencia para titular su cómic.
Sobre el dibujo, Bao explica que se basó en fotos de la época con la idea era hacer un personaje creíble en diferentes épocas de su vida y para ello juega con los colores: «La actualidad es en verde y el flashback, morado».
«Los científicos hoy: grandes desconocidos»
Tanto Bao como Azpitarte creen que el cómic habría satisfecho a Kety y para ello se basan en que el epílogo lo hace Jesús Montero, secretario de Podemos entre 2015 y 2017, y que la conoció personalmente.
Los autores coinciden en que los científicos son hoy grandes desconocidos con «escasísima» consideración social: «No nos damos cuenta de que los científicos son los héroes más grandes de los que disponemos y que, a veces, están cobrando como becarios».
Y sobre la IA afirman que es como una escopeta: «El problema no es si la herramienta es útil o no, sino quién la va a usar y contra quién va a disparar».










