Cómo mantener vivo el latín en tiempos de Twitter e Instagram

Marina Segura Ramos |

Madrid (EFE).- Más de 2.000 alumnos de latín de secundaria y bachillerato de toda España participan en un pionero proyecto de intercambio de postales, cartas y pergaminos manuscritos en esta lengua, un modo de mantenerla viva, conocer a chicos de otros lugares e incluso hacer amigos en «instagramma» (Instagram) y «pipiator» (Twitter).

«Si muere (el latín), no será porque no le hemos puesto ganas», afirma el profesor Manuel Moreno, del IES Albalat de Navalmoral de la Mata (Cáceres), que junto a Claudia Ibarzo, del IES Tierra Estella (Navarra); Francisco Pérez, del IES La Basílica (Algezares, Murcia) y Olga Vázquez, del IES Santiago Apóstol (Almendralejo, Badajoz) han logrado prender la ilusión en 95 centros, uno en Suiza.

La experiencia, que se retoma tras un intento fallido en pandemia, en 2021, entre unos pocos institutos, quiere demostrar que el latín es una herramienta comunicativa como cualquier otro idioma moderno y que se puede usar en situaciones reales, explica a EFE la profesora Claudia Ibarzo.

Cartas en latín en un proyecto pionero para cuidar la lengua
Vista de la carta de Claudia en latín que intercambia con otras alumnos. EFE/ Marina Segura

Durante este mes de octubre, los alumnos de latín deberán escribir una postal («photocartula»), que curiosamente ha costado encontrar en algunos lugares porque también estos artículos comienzan a estar en desuso, a modo de presentación, a la que seguirán otros tres envíos durante el curso académico.

Cartas hechas a mano

Una de las normas que tuvieron claro los impulsores de «commercium epistularum» (intercambio epistolar) es que el carteo debía ser manual: «Curiosamente, la forma de innovar aquí es irse al papel. El hecho de recibir algo físico para los chavales era algo muy interesante; les gustaba porque no están acostumbrados y tenía su encanto», afirma Moreno, que entra a clase dirigiéndose en latín a sus alumnos.

Sí hay libertad en el formato de los siguientes intercambios, y los chavales que tomaron parte en el proyecto el año pasado tiñeron papel para darle apariencia de pergamino, otros quemaron los bordes para que fue tuviera aspecto envejecido e incluso hay quienes fabricaron su propio papel de cartas.

Algunos de ellos no pudieron resistir la tentación y, sin el permiso de los profesores, anotaron en la carta sus direcciones de redes sociales; por ejemplo, el «instagramma» (Instagram) y el Twitter, en latín «pipiator», del verbo piar, para quedar después entre ellos y mantener una relación de amistad.

Este curso, tras la breve presentación a través de la postal, se enviarán cartas con una descripción más amplia de cómo son ellos, sus familias y cuáles son sus intereses, y en marzo (en coincidencia con el año nuevo romano) redactarán una felicitación, mientras que el asunto de la última carta aún está por definir.

Mayor motivación

Coinciden Claudia Ibarzo y Manuel Moreno que este modo de enseñar implica un aprendizaje mucho más significativo para sus alumnos; la materia les «engancha» y motiva más; mejoran su nivel de latín y el contenido no se les olvida de un curso a otro.

Este año, relata Moreno, llegó el primer día a clase, les habló en latín y supieron contestarle. «No han hecho borrón, controlan el vocabulario. Intento enseñar el latín con un enfoque comunicativo, que lean un texto y lo entiendan, más que el análisis sintáctico, como yo lo aprendí».

Además, subraya el profesor, el latín es la llave para acceder a más de veinte siglos de historia, ya que hasta el siglo XVIII era la lengua común, como ahora el inglés; por tanto, el legado del latín es enorme como para olvidarlo, no se limita a Roma».

Al final, es una cosa «tan sencilla como abrir a los alumnos al mundo, hacerles ver que el latín no es ‘la cuarta (clase) del jueves’, sino que hay gente en todo el mundo que aprende y disfruta» de esta lengua, añade Ibarzo.

De hecho, en casi todas las ciudades hay «circuli latini», grupos de conversación de amigos y conocidos que se reúnen a tomar algo, y comunidades de hablantes «muy vivas» que enriquecen el idioma con nuevos vocablos; por ejemplo, Twitter es «pipiator» (pío pío); un tuit sería un «pipiatio»; e internet, «retes omnium gentium».

Ibarzo lamenta, por otro lado, que el sistema educativo español maltrate a las humanidades debido a «una cierta voluntad, no intencionada, de dar protagonismo a otras materias. Sin embargo, no debemos olvidar que las clásicas son nuestro legado y, si no sabemos de dónde venimos, no podemos progresar».

Edición web: Rocío Casas