José Carlos Rodríguez I
Santiago de Compostela (EFE).- ¿Qué ocurre cuando una obra de arte se encuentra con otra de una generación distinta, pero comparte con ella inquietudes, preguntas o formas de mirar el mundo? De ese diálogo parte ‘Ser Noutras’, la exposición que reúne en el Museo Gaiás cerca de cuarenta piezas de la colección del Museo Reina Sofía y las pone en relación con la creación gallega contemporánea para explorar nuevas conexiones.
De los encuentros surgen memorias compartidas, inquietudes que permanecen intactas o formas completamente nuevas de mirar. En este caso, hasta 18 diálogos entre generaciones, disciplinas y lenguajes, de los que han nacido quince obras inéditas concebidas específicamente para la ocasión.
«Nos interesaba compartir un espacio sin tener que establecer consensos, haciendo emerger afinidades, pero también distancias, fricciones y desacuerdos», ha explicado este miércoles durante la presentación Chus Martínez, comisaria de la muestra junto a Verónica Santos.
Ambas han configurado un espacio en el que conviven distintas generaciones y sensibilidades con el objetivo de que «sucedan cosas» y las obras se revelen como «algo vivo».
También viva y siempre incompleta es la colección del Reina Sofía, que ha incorporado a lo largo de su trayectoria piezas de numerosos artistas gallegos, desde figuras históricas como Maruja Mallo, Julia Minguillón o Virxilio Viéitez hasta creadores como Francisco Leiro, Menchu Lamas o Berta Cáccamo.
A partir de las obras de muchos de ellos se ha invitado a artistas gallegos actuales, como el cineasta Lois Patiño, la poeta Yolanda Castaño, el muralista Yoseba MP o el escultor Pablo Barreiro, a establecer conversaciones desde su propia práctica, recuperando trabajos anteriores o creando piezas nuevas.
Son miradas de ida y vuelta que atraviesan temas como la memoria, la identidad, el territorio, el cuerpo, la sexualidad o los afectos, en una configuración espacial que recuerda a un gran teatro visual.
La escenógrafa Marta Pazos ha diseñado una instalación envolvente, inspirada en el universo surrealista de Maruja Mallo, con corredores y espacios abiertos que conforman un laberinto. En el centro, una gran sala a modo de ágora invita al descanso, al juego o a la reflexión.
Encuentros singulares
La memoria es uno de los hilos que atraviesan estas conversaciones. Así, la cineasta Xisela Franco establece un vínculo entre la fotógrafa Ana Turbau y quien contribuyó a rescatar su obra, Margarita Ledo, tres mujeres de distintas generaciones que exploran, desde la fotografía, el cine y la literatura, las relaciones entre tiempo y experiencia.
También Carme Nogueira recupera una experiencia participativa desarrollada en Países Bajos para trasladarla a Galicia y hacer aflorar las memorias de mujeres relegadas de la historia oficial mediante testimonios y huellas de la vida cotidiana, en colaboración con Jaione Camborda, Javier Fernández Peréz de Lis y Xosé Lois Gutiérrez Failde.
En esa misma línea, las esculturas de Elena Colmeiro y Mar Ramón Soriano se encuentran a través de los trabajos de las mujeres y las redes culturales generadas por la emigración; al igual que las de Julia Minguillón y la fotógrafa Mar Caldas.

Por otro lado, los afectos y los cuidados protagonizan el encuentro entre Andrea Costas y Virxilio Viéitez: Costas trabaja con su propia familia y aborda las dificultades de la maternidad y la crianza, mientras que la obra del fotógrafo adquiere nuevas lecturas a través de la recuperación de su legado familiar.
El cuerpo femenino y la sexualidad aparecen en el diálogo entre Chelo Matesanz y Arturo Souto. La artista explica que le interesaba abordar «un tema humano, femenino, que afecta sobre todo a la mujer», mediante metáforas relacionadas con el cuerpo presentes también en ‘La casa de citas’, del pintor.
Diferentes disciplinas
Otros encuentros desbordan los límites tradicionales de las disciplinas. Mar Vicente lleva la geometría y la abstracción de José María Labra más allá del cuadro mediante espejos y luz; Julia Huete se encuentra con la abstracción matérica de Berta Cáccamo, y Yolanda Castaño reactiva la voz de Loreto Martínez Troncoso en una polifonía.
También desde los materiales dialogan las enigmáticas esculturas de Francisco Leiro y las estructuras metálicas de Pablo Barreiro; mientras que el cineasta Lois Patiño traslada al audiovisual los colores y el universo pictórico de su madre, Menchu Lamas.
La atención a lo aparentemente insignificante une a Kiko Pérez y la fotografía de Vari Caramés y la dimensión política aparece en el encuentro entre Pía Piados y la Estampa Popular Galega, colectivo surgido a finales de los años sesenta contra la dictadura franquista.
Además, el artista Yoseba MP reinterpreta la fotografía de Xurxo Lobato con una pintura que mezcla humor y memoria rural e incluso la poesía encuentra su lugar en el diálogo entre Carlos Rodríguez-Méndez y Tino Grandío, a partir de una obra del pintor vinculada a la figura de un campesino y una guadaña que inspira una instalación performática sobre el filo y la repetición.

Quizá una de las conexiones más sutiles sea la de Jacobo Bugarín, que convierte el traslado de unos caramelos en un puente entre dos instituciones, en diálogo con la obra de Salvador Cidrás.
El artista los lleva desde la retrospectiva de Félix González-Torres en el Reina Sofía hasta el Museo Gaiás, una acción que resume el espíritu de ‘Ser Noutras’: que las obras están vivas. EFE










