Por Juan David Mosos |
Redacción Deportes (EFE).- Las selecciones de Europa han marcado, hasta ahora, el compás al que se ‘baila’ en la Copa Mundial, por cuenta de sus doce títulos, un trono que está continuamente bajo la mira de los equipos suramericanos que acumulan 10 estrellas y aspiran a reducir la diferencia a solo una en la edición de 2026.
Esta hegemonía del Viejo Continente se sostiene en las vitrinas de la UEFA gracias a la cosecha de cinco potencias: Alemania e Italia encabezan la vanguardia con cuatro coronas cada una, seguidas por el doblete de Francia y los títulos en solitario de España e Inglaterra.
Tres suramericanos en un ‘club excluviso’
Por su parte, el contraataque de la Conmebol se apoya en la mística de sus tres gigantes tradicionales. El pentacampeonato de Brasil lidera la resistencia de la región, escoltado por las tres estrellas de Argentina y el histórico doblete de Uruguay.

El peso de estas cifras cobra una dimensión monumental al recordar que, en casi un siglo de historia, la gloria del torneo ha sido un club de acceso exclusivo: solo ocho países en todo el planeta han sabido lo que es coronarse campeones del mundo.
De acuerdo con la tendencia contemporánea, el dominio europeo se ha hecho más evidente. A pesar del reciente triunfo argentino en Qatar 2022, la balanza de los últimos cinco mundiales se inclina con un contundente cuatro a uno a favor de las escuadras de la UEFA.
Esta racha reciente comenzó en Alemania 2006 con el triunfo de Italia, se extendió con la coronación de España en Sudáfrica 2010, continuó con el éxito germano en Brasil 2014 y se consolidó con la victoria de Francia en la edición de Rusia 2018.
Un pulso geográfico
Europa ha sabido defender su localía de forma casi perfecta, ganando la gran mayoría de las ediciones disputadas en su propio suelo, una ventaja territorial que Suramérica ha intentado contrarrestar con su garra característica.
El gran desafío para la Conmebol en las últimas décadas ha sido la sequía del Scratch. Brasil, el máximo exponente de la efectividad suramericana, no ha podido levantar el trofeo desde la campaña de Corea-Japón 2002, dejando una enorme responsabilidad sobre sus vecinos del continente.
Esta rivalidad transatlántica ha dejado en el rezago absoluto al resto de las confederaciones de la FIFA. Regiones de gran crecimiento como África, Asia o la Concacaf de Norteamérica llegan a la 23.ª edición del certamen sin haber clasificado, al menos, a un finalista.

La expansión del formato a 48 selecciones, que se pondrá en marcha en las canchas de Estados Unidos, México y Canadá, ya alteró las cuotas de poder tradicionales al otorgar a Europa un total de 16 plazas directas y a Suramérica 6 cupos fijos, ampliando las opciones de ambos bloques.
No obstante, es un enigma si en otras regiones podrán sacar provecho de su respectivo aumento de lugares en el torneo, aunque actuaciones como las de Marruecos en 2022 o Corea del Sur en 2002 representan una pequeña luz de esperanza para hacerse un espacio en la élite.
Pero la UEFA buscará estirar en Norteamérica su ventaja para blindar su estatus de máxima potencia, mientras que la armada suramericana saltará al césped con la misión de acortar distancias, recordando que en la mesa de los campeones los puestos están contados.










