Madrid (EFE).- Cáritas alerta del aumento de la vulnerabilidad de las personas que no pueden acceder a una vivienda digna y adecuada y recuerda que acompañó a 42.850 personas en esta situación en 2024, un 1,21 % más que el año anterior, de las que dos de cada diez son mujeres.
Según los datos adelantados del IX Informe FOESSA, que se presentará este mes de noviembre, en España tres millones de personas utilizan formas precarias de tenencia de la vivienda (facilitada gratuitamente por otras personas o instituciones, realquilada, ocupada ilegalmente o con aviso de desahucio) y 3,4 millones viven en condiciones de hacinamiento.
Testimonios de difícil situación de estas personas
Con la campaña ‘Sin hogar, pero con sueños’, con motivo del Día de las Personas sin Hogar que se celebra el 26 de octubre, Cáritas Española muestra a través de testimonios la difícil situación que atraviesan estas personas.
«De forma alarmante, Cáritas es testigo de cómo sigue en aumento la vulnerabilidad en muchas personas y familias que no pueden acceder a su derecho a una vivienda digna y adecuada», explica María Santos, responsable de la campaña y del programa de personas sin hogar de Cáritas Española.
La falta de un techo obliga a estas personas a afrontar a diario una serie de obstáculos que impiden su integración plena en la sociedad. Entre ellas, la falta de intimidad, los problemas de salud física y mental, las dificultades de acceso a un trabajo decente o a una vivienda adecuada.

También se enfrentan a muchas trabas para acceder a los trámites de la administración pública, como por ejemplo el empadronamiento, expone el informe.
Perfiles de personas sin hogar
Santos explica que entre los perfiles de las personas sin hogar se encuentran trabajadores que no pueden acceder a una vivienda, migrantes, víctimas de violencia machista que no encuentran una salida segura, personas con discapacidad que no hallan oportunidades laborales, jóvenes extutelados a quienes se les cierran las puertas justo al alcanzar la mayoría de edad o mayores sin ingresos suficientes.
Como Teresa, de 59 años: «Hay noches en que me duermo imaginando que vuelvo a tener una mesa para invitar a mis nietos a merendar. No sé si pasará, pero ese sueño me mantiene viva».
Otro de los testimonios es el de Clara, de 38 años: «Me encantaría trabajar cuidando personas mayores. Lo hice muchos años. Ahora acudo a un centro de día, pero sigo soñando con volver a cuidar a alguien y tener así un hogar. Que alguien confíe en mí».
«No pido una mansión. Solo quiero una cama que no se moje cuando llueve. Sueño con volver a tener una llave en el bolsillo, me haría sentir persona otra vez», asegura Rubén, de 44 años.
Cáritas recuerda que el sinhogarismo es un problema social que no solo aglutina a las personas en situación de calle, sino también a las que viven en chabolas, caravanas o en asentamientos, entre otras circunstancias.
Ante esta situación, la entidad de la Iglesia católica invirtió el año pasado 41,7 millones de euros en su programa de personas sin hogar, el 8,6 % de su presupuesto total.