Madrid (EFE).- La próxima crisis financiera podría tener su origen en la denominada banca en la sombra, un sistema que gestiona casi la mitad de los activos del planeta y que inquieta al mercado, especialmente por el crecimiento del crédito privado, una actividad de la que España no está ajena.
El crédito privado es la financiación que algunas entidades, entre ellas fondos de inversión, conceden directamente a empresas fuera del circuito bancario. Surgió con fuerza tras la crisis financiera de 2008, cuando las nuevas exigencias de capital llevaron a los bancos a retirarse de segmentos de mayor riesgo.
Los fondos ocuparon ese hueco y hoy gestionan más de tres billones de dólares a escala global, según el Consejo de Estabilidad Financiera.

En España, el mercado doméstico de crédito privado es prácticamente inexistente. Los fondos nacionales especializados en este segmento son escasos y de tamaño reducido, y el préstamo directo a empresas por parte de gestoras locales tiene una presencia marginal, según un análisis reciente de Funcas.
El crédito privado que llega a empresas españolas procede casi en su totalidad de fondos extranjeros, principalmente británicos y estadounidenses, que financian operaciones corporativas en España.
Eso supone lo que los expertos denominan una «importación de riesgo»: si esos fondos sufren tensiones en sus mercados de origen, pueden retirar sus inversiones en España para cubrirlas.
El caso del Banco Santander
Ese canal de contagio tiene como ejemplo concreto el caso del Banco Santander, el cual figura entre los principales acreedores de MFS (Markets Financial Solutions), el intermediario hipotecario británico cuya quiebra a finales de febrero despertó las alarmas en Europa.
La exposición del banco español ronda los 200 millones de libras, unos 230 millones de euros, según informaciones de Bloomberg.
El Banco Santander ha declinado confirmar esta cifra, pero la exposición total del grupo al crédito privado es residual, pues representa menos del 1 % de la cartera, según dijo recientemente el director financiero, José García Cantera.
A eso se suma que el coste del crédito de la actividad de banca corporativa e inversión es «muy bajo», del 0,15 %.
Aun así, la propia entidad ha alertado esta semana del riesgo de tensiones en el crédito privado y de sus posibles efectos sobre la liquidez en un folleto registrado en la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).
Dudas sobre la solvencia de determinadas instituciones
Según este documento, las dudas sobre la solvencia de determinadas instituciones financieras podrían generar problemas de liquidez y pérdidas en otras entidades.
La entidad advierte además de que un cambio brusco en el apetito por el riesgo de los inversores, por ejemplo tras perturbaciones en el crédito privado, podría provocar caídas significativas en los precios de los activos y endurecer las condiciones financieras globales.
La presidenta del gigante español, Ana Botín, ha calificado estos episodios como “medusas” del sistema que no impiden seguir nadando, pero con las que «hay que ser muy cuidadosos» con ellas cuando aparecen en las playas.
La entidad no opera como fondo de crédito privado, sino que actúa como acreedor de intermediarios que lo hacen, una distinción relevante pero que no elimina el riesgo de contagio, como ha ocurrido en el caso de MFS.
Esta financiación que los grandes bancos españoles conceden a intermediarios no bancarios ya representa el 7,9 % de su activo, según el Banco de España, que la califica de «limitada, pero en ascenso».
En España el sistema financiero sigue dominado por la banca tradicional y tan solo el 34 % del sector está formado por entidades del sistema financiero no bancario frente al 42 % (60 % si se incluyen seguros) del resto de Europa, según Funcas.