El cacao frena la deforestación e impulsa los bonos de carbono en Colombia

Por Laia Mataix Gómez |

Tumaco (Colombia), (EFE).- Marino Midero, machete y guadaña en mano, dedicó toda su vida a la madera, a tumbar árboles como principal actividad económica en el departamento colombiano de Nariño (suroeste) hasta que se dio cuenta de que era más rentable cuidar el bosque que acabar con él.

Ahora el cultivo de cacao ocupa la mayoría de su finca bajo la promesa de no deforestar más como parte de un proyecto colectivo de conservación.

Su cambio no es el único, vino de la mano de un impulso y fortalecimiento de alternativas económicas que lograron crear, con la ayuda de la cooperación internacional, una planta de procesamiento de cacao en la misma comunidad del Consejo de Bajo Mira y Frontera, ubicado en la zona rural de Tumaco.

Son 53 las aldeas de esa comunidad que destinaron más de 37.500 hectáreas al proyecto REDD+, que a través de la concienciación y del cambio de mentalidad para dejar de deforestar y cuidar la selva, han logrado vender una importante suma de bonos de carbono, con lo cual han mejorado sus condiciones de vida.

Detalle de unos frutos de cacao, con los que se remplazan cultivos de coca, en Tumaco (Nariño, Colombia). EFE/Ernesto Guzmán

El proyecto arrancó en 2011 y fue aprobado por las comunidades en 2012 con el propósito de mejorar las fincas para que los campesinos dejaran de cortar árboles, dieran buen manejo al bosque y redujeran la deforestación para generar recursos y aportar a su desarrollo.

Ya hay 600 productores de cacao, el cultivo tradicional de la zona, que se han apoyado en la asistencia técnica facilitada por el programa para llegar a una conclusión: el cacao es rentable.

Bonos verdes

Los bonos de carbono son un instrumento diseñado en el sistema internacional para que los países desarrollados aporten dinero para proyectos en las naciones con menos recursos que tienen muchos bosques tropicales, que son los que capturan y guardan carbono de la atmósfera, frenando en este sentido el calentamiento global.

Estos bonos son carbono que no se va a emitir por cuenta de la deforestación y la degradación, y los compran empresas que prefieren no pagar el impuesto a las emisiones de carbono sino comprar estos productos -más baratos- y el dinero, en principio, llega a la comunidad para que siga cuidando el bosque.

En esta zona de Tumaco las organizaciones cuentan con el apoyo de Páramos y Bosques, un programa de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés), para financiar la transición de actividades ilegales a legales en el bosque con una visión a 30 años.

Proceso de secado de granos de cacao. EFE/Ernesto Guzmán

Y con la venta de los bonos de carbono lograron crear y mantener una empresa y una planta donde compran cacao a los productores a un precio justo, ahorrándoles el costo del transporte hasta la zona urbana de Tumaco, para después de procesado venderlo a clientes con los que tienen acuerdos.

En la planta lo fermentan entre tres y siete días, ya que reciben el fruto con mucílago, y después lo secan, un proceso que puede durar seis días más.

La empresa fue creada en 2020 pero viene con la dinámica de comercialización de cacao a través de la Junta de Gobierno del Consejo desde 2014 con el propósito de llegar directamente al mercado nacional e internacional, sin intermediarios, para motivar a los campesinos a «salir del bosque».

Y aunque el cacao es el que se lleva todo el protagonismo dentro de los proyectos productivos en el marco de REDD+, también se ha impulsado la cría de cerdos y otros cultivos, como el coco, para frenar la deforestación.

Decisiones en comunidad

Con semillas de cacao se hace frente a la deforestación que provocan los cultivos ilegales al servicio del narcotráfico. EFE/Ernesto Guzmán

El consejo comunitario es el que toma todas las decisiones: el que recibe el dinero de la venta de los bonos de carbono y el que, en asamblea, propone y decide en qué se invierten los recursos, pues las ganancias no se reparten individualmente sino que se destinan a obras o proyectos que sean para beneficio común.

«Son asambleas que se llevan de dos días a tres días para poder tomar una decisión para beneficio de todo el territorio y las comunidades como tal», cuenta a EFE el secretario de la Junta de Gobierno del Consejo Comunitario de Bajo Mira y Frontera, Enrique Valencia, que añade que en total se beneficia a 3.000 familias.

La constitución de la empresa de cacao es un ejemplo de las decisiones colectivas que se han adoptado, un proceso en el que todas las acciones que se toman deben tener el visto bueno de la comunidad, que ya está pensando en cómo mejorar y ampliar su actividad a la fabricación de productos que les puedan proporcionar más margen de beneficio.