Madrid (EFE).- Comer en la escuela no solo garantiza una alimentación completa al día al alumnado más vulnerable, sino que también favorece su rendimiento en matemáticas o lectura: «Es más fácil atender en clase cuando no se tiene hambre», señalan los propios estudiantes y el profesorado.
Son testimonios recogidos por la ONG de educación e infancia Educo en su informe ‘El espacio comedor también educa.
Evidencias y propuestas para un mediodía universal, gratuito y equitativo’ y que analiza hasta 45 publicaciones científicas de países de la OCDE.
Todas ellas coinciden en que la gratuidad universal de los comedores escolares mejora la seguridad alimentaria en familias de rentas bajas, elimina estigmas, influye en sus rendimientos e incluso en los futuros sueldos del alumnado.
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— Educo (@Educo_ONG) November 2, 2026
Nueve de diez estudios analizados muestran un impacto positivo en los resultados escolares, con mejoras importantes en matemáticas, lectura y lengua: un mayor rendimiento debido a una mayor capacidad de concentración.
Un estudio en Dinamarca señala que el alumnado que iba al comedor leía más rápido y resolvía correctamente más ejercicios. La mejora era de entre el 11 y el 25 % del progreso esperado en todo un curso escolar.
Unos resultados similares se dieron también en dos centros de secundaria de Londres que implantaron comidas escolares gratuitas para todos. Tanto los estudiantes como el personal educativo relacionaba la comida con más energía, mejor concentración y un comportamiento más positivo después del almuerzo.
Alivio económico en las familias
El comedor universal y gratuito supone un alivio económico en las familias más desfavorecidas. Un análisis de Corea del Sur señala que el ahorro del comedor se revierte en la educación, en actividades extraescolares y de refuerzo académico.
En Suecia entre 1959 y 1969 se introdujeron comidas escolares gratuitas en sus municipios, con requisitos nutricionales exigentes.

Afectó a más de un millón y medio de personas y quienes recibieron estas comidas durante toda la etapa de Primaria ganaron, de media, un 3 % más a lo largo de su vida laboral.
En España 2,6 millones de estudiantes usan el comedor pero 1,2 millones de menores vulnerables quedan fuera de las ayudas. En 2025, el 5,6 % de los menores de 18 años vivía en hogares que no podían permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días.
Por otra parte, solo el 18,4 % de centros públicos de secundaria cuentan con un comedor.
Los comedores universales reducen el estigma
El comedor universal reduce las experiencias negativas y el estigma que viven algunos niños y niñas por recibir ayudas o becas para poder comer.
La directora general adjunta de Educo, Guiomar Todó, incide en que el comedor no es únicamente un espacio donde se distribuyen alimentos: es un espacio social en el que las normas, la organización y la participación pueden influir en cómo se construyen las relaciones.
Por ello urge aprobar una hoja de ruta de universalización de los comedores, con fases, calendario y presupuestos y mientras no se alcance poder garantizar el acceso gratuito de toda la infancia que vive en riesgo de pobreza o exclusión.
«Que el 100 % de los niños en situación de vulnerabilidad tengan asegurada la totalidad de la beca comedor», señala al tiempo que pide que los comedores escolares estén operativos durante todo el año y no solo en periodo lectivo.
Educo añade que la concesión de la beca comedor debe ser directa y automática, sin necesidad de solicitud.
La importancia del espacio
No vale cualquier comedor escolar, señala Educo.
Cuando el alumnado tiene menos de una hora para comer se generan largas colas y situaciones de agobio en vez de un bienestar compartido.
La disposición de las mesas y las sillas es importante para que los estudiantes puedan hablar entre ellos. En algunos centros las características del comedor dificultan que los adultos puedan ayudar a los más pequeños a usar los cubiertos o a manipular algunos alimentos.
«Los comedores universales y gratuitos tienen un impacto en el bienestar de los niños y niñas y eso pasa porque se escuche su voz y se tengan en cuenta sus propuestas, sobre los espacios -para que estén más insoronizados- o sobre la calidad de la comida», señala Todó.







