A la izquierda una imagen del dictador Francisco Franco. A la derecha las elecciones generales en España en 2023. EFE/ Diseño de Beatriz Naya

Así ha cambiado España 50 años después de la muerte de Franco

Raquel de Blas | Raquel Cinca

Madrid (EFE).- La igualdad, la economía o la cultura: la realidad de aquella España en blanco y negro de 1975 que asistía expectante al esperado final de una dictadura poco o nada tiene que ver con la de ahora, ni las cifras que definían aquel país se parecen remotamente a las de hoy, ni tampoco la libertad, la mentalidad y la forma de vivir.

Repaso de cómo ha cambiado España 50 años después de la muerte del dictador Francisco Franco:

Los primeros pasos hacia la igualdad

Aquel 1975 fue el año en el que las mujeres pudieron abrir una cuenta bancaria a su nombre o comprar un producto a plazos sin permiso del padre o del marido, aunque todavía habría que esperar tres años para que se despenalizara el adulterio, el amancebamiento -convivencia entre dos personas que no están casadas- y los métodos anticonceptivos.

En 1981 llegaría el divorcio y cuatro años más tarde se despenalizó el aborto bajo los supuestos de violación, peligro para la salud de la madre o malformación del feto.

Manifestación de 1980 por las calles de Bilbao en señal de protesta por la detención en Sevilla de 24 mujeres acusadas de haber abortado. / Manifestación por el 8M en 2025. EFE

Censura, protestas sociales y huelgas

En un convulso contexto político y social, España soñaba con la modernidad de Europa, las protestas llenaban las calles y las huelgas exigiendo derechos empezaban a extenderse, llegando incluso al mundo del espectáculo: en febrero de 1975, los teatros bajaron el telón durante nueve días, y hasta Lola Flores y Sara Montiel se sumaron a la protesta.

Aunque eran tiempos de censura, se abría paso la canción protesta de autores como Joan Manuel Serrat y Luis Eduardo Aute. Ahora, iconos mundiales como el puertorriqueño Bad Bunny y la española Rosalía son los más escuchados en las plataformas digitales.

Cuando internet ni se vislumbraba, los desnudos de mujeres apenas se insinuaban en el cine nacional y seguían prohibidas películas extranjeras como ‘Emmanuelle’. En 2025, por el contrario, preocupa el acceso de los adolescentes a pornografía en la red.

Vidas más largas, menos nacimientos

Hace 50 años el país contaba una población mucho más reducida que ahora: entonces había 35,3 millones de habitantes y tan solo se acogía a 165.000 extranjeros, mientras que ahora la población alcanza los 49,3 millones y cerca de 7 millones (el 14 %) son personas inmigrantes, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

La esperanza de vida ha pasado de 73 a 84 años, la más alta de la Unión Europea (UE) y de las más elevadas a nivel mundial, y la población está más envejecida: en 1975 alrededor de un 10 % era mayor de 65 años frente al 20,5 % actual.

Lo que no ha aumentado es la media de hijos de las españolas. Si hace 50 años se situaba en 2,8 hijos, ahora lo hace en 1,12; las mujeres son madres por primera vez a partir de los 32,6 años, en vez de los 28 de antes, y el número de nacimientos ha pasado de 669.378 a 320.656

Y a María del Carmen y Antonio, los nombres más frecuentes en aquella España, los han sustituido Lucía y Hugo.

Profunda transformación económica

En el marco económico, la muerte del dictador marcó el inicio de una profunda transformación económica en España, que en cincuenta años ha multiplicado por cuarenta el tamaño del producto interior bruto, ha aumentado más de cien veces el valor de las exportaciones y casi ha duplicado el número de ocupados, un proceso en el que fue clave la adhesión a la Unión Europea.

En este medio siglo, España ha crecido más que otros países europeos de su entorno, cerrando la brecha con Italia y con «un acercamiento notable» a Francia, según un estudio del Consejo General de los Economistas y la Cámara de Comercio de España.

En aquel tiempo, el coste de la vida se había disparado por la crisis del petróleo de 1973, aunque los precios que pagaban entonces los españoles -que tenían un Salario Mínimo Interprofesional de 8.400 pesetas mensuales (apenas 51 euros) frente a los 1.184 euros actuales- hoy resulten irrisorios.

Se podía comprar un periódico por 8 pesetas (0,04 euros), una barra de pan costaba alrededor de 9 pesetas (0,05 euros), un billete sencillo de metro unas 6 pesetas (0,03 euros), por un litro de leche se pagaban alrededor de 21 pesetas (0,13 euros) y por el de gasolina los conductores abonaban 24 pesetas (0,14 euros).

En la actualidad, el precio medio de un periódico en papel es de dos euros -ahora se leen en digital y las suscripciones varían desde los 2 euros al mes a unos 100 anuales-, la barra de pan y el litro de leche superan el euro, y pagamos 1,55 euros por un litro de combustible.

A la izquierda, fachada del cine Rialto en la Gran Vía madrileña en 1975. A la derecha viandantes por la calle Gran Vía de Madrid en 2019.

Los precios de la vivienda

La vida hace 50 años era más austera: solo el 57 % de los hogares disponía de instalación de ducha o baño, había más de 7,8 millones de líneas telefónicas (actualmente la telefonía móvil supera los 62 millones de líneas) y el coche aún era un lujo al alcance de un 34 % de la población (un 86 % hoy).

El Seat 127, que costaba unas 166.000 pesetas (997 euros), fue el modelo más vendido en 1975. Ese año se lanzó al mercado el Seat 131 y el modesto Citroën 2 caballos era uno de los preferidos por los españoles.

Cuando era posible entregar 150.000 pesetas (900 euros) como señal para un piso de cuatro dormitorios, casi un tercio de los españoles vivía en alquiler (un 25 % actualmente), y algo más del 7 % poseía una segunda vivienda (ahora el 17,5 %).

Por otro lado, el país ha dado un gran salto en reducción de la pobreza y de las desigualdades, pero persisten.

Según un informe reciente de Cáritas, 4,3 millones de personas sufren exclusión social severa (un tercio son menores), afectadas por precariedad laboral y salarial y el encarecimiento desmesurado de la vivienda.

A la izquierda, una representante de la empresa que fabrica televisores «Silelis» muestra un nuevo diseño portátil de televisor en blanco y negro de la mencionada marca en 1985. A la derecha, una mujer con su teléfono móvil en 2025. EFE

La moda ‘vintage’ en la era del ‘scroll’ infinito

Aunque se empezaba a emitir en color, la mayoría veía el televisor en blanco y negro, que había pasado de ser un objeto de lujo a un electrodoméstico común en la mayoría de los hogares -en 8 de cada 10 había uno-, y la principal fuente de entretenimiento, pese a que solo había dos canales, ambos de titularidad pública.

Inimaginable pensar para la sociedad de aquella España en blanco y negro que en el futuro podrían ver la serie documental sobre naturaleza ‘El hombre y la tierra’, de Félix Rodríguez de la Fuente, cuando, como y donde quisieran porque la tecnología iba a facilitar una oferta ilimitada bajo demanda a través de internet y plataformas de ‘streaming’ como Netflix.

Quién le iba a decir a esos españoles que el ocio futuro consistiría estar pegado al ‘scroll’ infinito de un móvil y que ser «un moderno» consiste en llevar chaquetas extragrandes de segunda mano en tiendas ‘vintage’ del centro de la ciudad.