Laura López |
Madrid (EFE).- Migrar es un proceso complejo al que muchos se ven empujados por simple supervivencia o el deseo de una vida mejor y muchas veces implica enfrentarse a problemas como la explotación laboral o la pobreza, lo que hace que, en ocasiones, las personas tengan que abandonar su proyecto antes de lo pensado.
Los obstáculos para encontrar un trabajo con unas condiciones dignas, el casi imposible acceso a una vivienda y la dificultad de salir de la situación administrativa irregular llevan a muchos migrantes a querer volver a casa.
Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2024 un total de 662.294 personas abandonaron el país, de los cuales el 79,2 % eran extranjeros, sobre todo marroquíes (54.869), rumanos (50.220) y colombianos (45.543).
«He estado luchando todo este tiempo»
«Uno viene con un sueño, con una expectativa, y no le sale nada como uno lo ha pensado», relata la hondureña Dilcia Morazán (52 años) en una entrevista con EFE.
Ella migró a España en busca de una vida mejor en agosto de 2021 después de que su marido la dejara sola con sus tres hijos y perdiera el empleo en la isla donde creció, Guanaja, como consecuencia de la pandemia.

Cuando llegó, entró a trabajar como interna en una casa, pero enseguida Dilcia tuvo que volver a su país porque su hija menor la necesitaba. Ante la insistencia de la mujer para la que trabajó, volvió y trajo a su hija, de entonces 11 años, a vivir aquí con ellas.
«Pero las cosas cambiaron completamente, no nos trataban bien, trataban muy mal a mi hija», explica esta madre, que decidió finalmente salir de esa casa.
La vida para ellas no se volvió mucho más fácil ante los problemas para encontrar una habitación para alquilar, algo que solo consiguieron en Aranda de Duero (Burgos) gracias al contacto de unos conocidos.
Sin embargo, viviendo allí, es mucho más difícil para Dilcia encontrar trabajo: «He estado luchando todo este tiempo, buscando por todos lados, se consiguen por horas aquí, horas allá… pero nada firme», explica.
En estos casi cinco años en España no ha conseguido que nadie le haga un contrato de trabajo con el que regularizar su situación, lo que considera su «mayor problema».
Todo ello, unido al estado emocional de su hija, de 13 años ahora, que está «deprimida» y «triste siempre», la ha llevado a tomar la decisión de volver.
Ayuda para volver a casa y emprender un negocio
Como esta hondureña, después de años luchando por prosperar como migrante en España, en muchas ocasiones las personas que desean volver no tienen los medios para hacerlo.
Para ayudarles en este objetivo, entidades como la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) impulsan el programa de retorno voluntario, financiado por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y dirigido a personas en situación de vulnerabilidad.

Este programa, en su versión más básica, incluye la compra del billete de avión y un dinero de bolsillo para los primeros días en el país de origen.
Pero la OIM desarrolla otro proyecto dirigido a migrantes que deseen retornar y, además, emprender un pequeño negocio a su vuelta: incluye asesoramiento para crear un plan de negocio y una ayuda con la inversión inicial, que puede ser desde el pago de unos meses de alquiler de un local a mesas y sillas para montar un restaurante.
Según explica el punto focal del proyecto, André Lascoutx, el año pasado la organización recibió unos 3.000 contactos pidiendo información sobre el programa de retorno en general y finalmente se beneficiaron de él 544 personas, de las cuales 84 participaron en el proyecto destinado al emprendimiento.
El proyecto consiste en dos días de formación en España, donde se les ayuda a diseñar un plan de empresa, y, después, una vez estén allí, los técnicos de la OIM en el país de origen ayudan a estas personas a conseguir todo lo necesario para su emprendimiento.
No se les entrega el dinero como tal, sino los medios que demuestren que son necesarios para su idea, y después la OIM realiza una monitorización para comprobar cómo estos han sido empleados.
El portavoz de la OIM en España, Jesús Díaz, subraya que, aparte de la ayuda económica, es importante el componente emocional de este acompañamiento.
«Para ellos es una especie de éxito volver al país de origen con una iniciativa debajo del brazo, con un objetivo en el que apoyarse él o ella, pero también su propia familia y su propia comunidad», explica.
Gracias a este proyecto, Dilcia podrá volver a casa, una idea con la que su hija está «entusiasmada», y cumplir finalmente su sueño de montar una tienda de ropa de segunda mano en su ciudad, aunque el camino hasta conseguirlo haya sido mucho más difícil de lo que pensaba: «Pienso que ahora voy a estar bien, con mis hijos, que me echan mucho de menos», celebra esta madre.
«Me he quitado un peso de encima»
El también hondureño Reinaldo Fajardo (48 años), natural de San Pedro, migró a España en 2023 tras verse obligado a cerrar su empresa de distribución de bebidas después de ser extorsionado y recibir incluso amenazas de muerte, con el sueño de montar el mismo negocio en España: «Esa fue mi idea pero no salió bien», lamenta Fajardo.
En estos tres años ha sido muy difícil encontrar un trabajo estando en situación irregular: «Hay trabajo en construcción, jardinería… pero muy poco remunerado y a veces ni siquiera le pagan a uno», describe entre otros problemas, como acceder a la sanidad o abrir una cuenta bancaria.
Para él también ha sido fundamental la falta de acceso a la vivienda: «No hay. Por donde sea que uno busque, no hay… solo habitaciones que cuestan lo mismo que un piso», explica este hondureño, quien también acabó en un pueblo, en este caso de Castilla-La Mancha, por este motivo.
Ahora que ha decidido volver -y que sabe que podrá hacerlo gracias a este programa- Fajardo dice estar «feliz de la vida» y «contando los días» para coger el avión.
Su plan es volver a retomar el negocio que tenía en su país, ahora que, según le han contado sus compatriotas, la seguridad ha mejorado un poco: «Siento como que me he quitado un peso de encima, como que aquel montón de problemas que tenía aquí ya no lo tengo», celebra con una sonrisa.









