Madrid (EFE).- El 8M reflejará por quinto año consecutivo la fractura del movimiento feminista con la convocatoria separada de las marchas, aunque se mantienen las exigencias comunes: la igualdad real entre hombres y mujeres y la erradicación de la violencia de género.
Durante este lustro, la consolidación de las reivindicaciones separadas de las distintas corrientes del feminismo ha estado marcada por la discordia en torno a tres cuestiones principales: la ley trans, la gestación subrogada y la abolición de la prostitución.
En paralelo, la sociedad española muestra un amplio respaldo a la igualdad y al feminismo, aunque se resiente al mismo tiempo que crece el debate sobre el alcance de las políticas de igualdad, especialmente entre los más jóvenes.
En España y otros países, el 8 de marzo de 2020 hubo gran polémica por la celebración de unas multitudinarias marchas pocos días antes de que la OMS declarara la pandemia por la covid-19. Al año siguiente, la pandemia marca un Día de la Mujer sin grandes manifestaciones y con eventos virtuales.
🟣 Ya esta aquí 'Mujeres de alto valor. No dejaremos que el pasado avance', la nueva campaña institucional con motivo del #8M.
— Ministerio de Igualdad (@IgualdadGob) March 2, 2026
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La primera escisión visible, la ley trans y el ‘solo sí es sí’
En 2022, el feminismo caminó por separado por primera vez en la historia. Uno de los puntos de desacuerdo era la autodeterminación de género que recogía el anteproyecto de la ley trans y la prostitución.
De esta manera, el Movimiento Feminista de Madrid convocó una manifestación alternativa bajo el lema “El feminismo es abolicionista” para diferenciarse de la marcha tradicional organizada por la Comisión 8M.
Al año siguiente, en 2023, las organizaciones feministas volvieron a salir a la calle divididas por las leyes trans y la de la libertad sexual, conocida como la del ‘solo sí es sí’.
La aplicación de esta última norma provocó revisiones de condenas, mucha polémica política y peticiones de dimisión de la entonces ministra de Igualdad, Irene Montero.

En 2024, el 8M volvió a celebrarse con dos manifestaciones en Madrid. La principal reunió a 30.000 personas según la Delegación del Gobierno -500.000 según la organización-, mientras que la alternativa congregó a 4.000 asistentes, según fuentes oficiales.
Pese a sus diferencias, ambas compartieron la reivindicación de la igualdad y la lucha contra la violencia machista.
Ese año, el apoyo a las mujeres palestinas y contra los bombardeos israelíes de Gaza tuvieron un papel destacado en varias de las marchas, especialmente en las de Madrid y Barcelona.
Las violencias machistas, la brecha salarial, las desigualdades laborales… las tradicionales reivindicaciones feministas volvieron a convivir con críticas al negacionismo y a las medidas contra los avances en igualdad en algunos gobiernos autonómicos.
La visión del Gobierno: unidad en la diversidad
En 2025, el movimiento feminista volvió dividido a las calles de Madrid. La Comisión 8M convocó una manifestación transinclusiva y el Movimiento Feminista de Madrid organizó otra con un enfoque abolicionista y crítico con la ley trans.

En Barcelona también se escenificó por primera vez una doble convocatoria formal: una unitaria convocada por la Asamblea 8M, que incluyó colectivos LGTBIQ+, mujeres trans y trabajadoras sexuales, y otra alternativa abolicionista impulsada por la Coordinadora 8M Moviment Feminista de Barcelona, contraria a la ley trans y a la prostitución.
Hubo también marchas separadas en Palma de Mallorca, Sevilla y León, entre otras muchas, que obedecieron a desacuerdos sobre prioridades y enfoque del feminismo, no a la reivindicación general de los derechos de las mujeres y la lucha contra la violencia machista.
En palabras de la ministra de Igualdad, Ana Redondo, «lo importante no es que haya una manifestación, dos o cincuenta. (…) Lo importante es que salgamos las mujeres y los hombres a la calle reivindicando el 8M, la igualdad».
En 2026 persisten los desacuerdos por las mismas cuestiones.
Avances y retrocesos en la percepción social del feminismo en España
El 24 de febrero de 2026, el Barómetro Juventud y Género de la Fundación FAD reflejó que el sentir feminista juvenil cae al 38,4 % en 2025, lo que supone casi doce puntos menos que en su máximo histórico de 2021, cuando alcanzó el 49,9 %.
Un día después, el Consejo de la Juventud de España señaló que el 70 % de los jóvenes apoya los principios básicos de la igualdad y son minoritarios los que se sitúan en el polo opuesto, sobre todo hombres heterosexuales con ideologías conservadoras.
A su vez, un estudio internacional de Ipsos de 2025, colocó a España como el país europeo donde más población se define como feminista: un 51 %. Sin embargo, advertía de una tendencia de regresión sobre el año anterior y de notables diferencias por género, generación y afinidad política.
Así, el 58 % de las mujeres se declaraba feminista frente al 44 % de los hombres, y casi la mitad (46 %) opinaba que las políticas de igualdad han ido demasiado lejos, percepción más extendida entre hombres y votantes de partidos conservadores.
El 8M en la última década y punto de inflexión con el caso de la Manada
El caso de la Manada, una violación múltiple ocurrida en Pamplona en 2016, marcó un punto de inflexión en la modesta participación que habían registrado históricamente en España las manifestaciones del 8M.
El clima de indignación social generado por la Manada y el posterior juicio a los agresores actuó como catalizador de la movilización feminista y contribuyó a alcanzar cifras históricas.
Cientos de miles de mujeres consiguieron inundar las calles en 2018 como colofón a un Día de la Mujer histórico en el que se desarrolló la primera huelga general feminista para exigir igualdad real.
CCOO y UGT cifraron en casi 6 millones el número de participantes en los paros.