Teresa Díaz |
Madrid (Madrid).- Monitorizar en tiempo real la actividad cerebral de un piloto de combate para mejorar la seguridad de vuelo y la eficacia en situaciones de máxima exigencia es el objetivo del futuro ‘neurocasco’, un proyecto pionero de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y el Ejército del Aire y del Espacio que podría estar operativo en dos años.
La monitorización ya se ha probado con éxito en un aviador de un F-18 completamente funcional en tierra y este mismo año se podría ensayar en vuelo.
Los resultados de esta innovadora iniciativa se presentarán en las jornadas de demostración tecnológica BASIC 2026, organizadas por el Ejército del Aire y del Espacio, que se celebrarán en Albacete los próximos días 18 y 19 de marzo.
Sensores que miden la fatiga y el estrés
«La neurotecnología nos permite interactuar con el sistema nervioso, ser capaces de entenderlo, de monitorizarlo, pero también de intentar modularlo», señala en una entrevista con EFE Enrique J. Gómez Aguilera, catedrático de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicaciones de la UPM y responsable del proyecto.
La base aérea de Torrejón de Ardoz (Madrid) fue el escenario de la experiencia pionera de neumonitorización de un piloto operativo de un caza del Ala 12. El ensayo culminaba el desarrollo previo sobre un simulador de vuelo de la misma unidad.
La prueba consistió en introducir sensores neuronales y fisiológicos en el casco del piloto de forma no invasiva capaces de registrar encefalogramas para medir en tiempo real y con precisión su carga cognitiva, sus niveles de fatiga y su estrés.
La monitorización se completó con la visualización y registro de las señales neurofisiológicas en una ‘tablet’ que el aviador llevaba sujeta a su pierna.

«Buscamos indicadores del estado cognitivo del piloto, es decir, conocer su conciencia situacional, evaluar sus respuestas fisiológicas en condiciones operativas reales, muchas de ellas, de alta demanda», apunta.
Predecir situaciones de riesgo
El sistema analiza cómo responde el cerebro ante situaciones de alta presión, como maniobras de combate o aterrizajes. Se trata de que el piloto sea capaz de conocer mejor su situación e, incluso en un futuro, poder predecir situaciones de riesgo que se producen en su actividad habitual.
En esta primera fase se ha demostrado que «es factible la adquisición de señales neurofisiológicas en un entorno aeronáutico operativo», asegura.
El éxito logrado abre la puerta a ensayarlo con el avión en vuelo «para intentar llegar a situaciones lo más reales posibles», lo que previsiblemente podría hacerse este mismo año. «Sería también pionero en el mundo», indica este catedrático.
La vista está puesta en el desarrollo a medio plazo del futuro neurocasco, que se hará con tecnología española y por empresas españolas y que podría ser una realidad en dos años, recalca.
La OTAN y la aviación civil, ¿el futuro?
La colaboración con el Ejército del Aire comenzó ya hace unos cuatro años «porque estaban muy interesados en el campo de la neurotecnología y la inteligencia artificial aplicada a la aviación militar», explica.
El trabajo tiene una gran complejidad tecnológica y operativa. Y por ello, se creó un equipo denominado NeuroTechAI-UPM compuesto de 18 investigadores, en el que convergen ingenierías biomédica, telecomunicaciones, informática, aeronáutica e inteligencia artificial.
La iniciativa se enmarca en un proyecto de investigación más amplio con un objetivo muy ambicioso que «es intentar mejorar la seguridad y el desempeño del personal de vuelo», explica.
Una vez que los pilotos españoles tengan su neurocasco no se descarta que lo usen también militares de la OTAN y, aunque de momento no se contempla, el proyecto podría aplicarse perfectamente a la aviación civil.