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El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un acto de campaña en Córdoba. EFE/Salas

Sánchez afronta un año decisivo tras constatar en Andalucía cómo Vox condiciona al PP

Antonio del Rey

Madrid (EFE).- El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tendrá que poner a prueba su proverbial capacidad de resistencia a partir de ahora tras el varapalo sufrido en Andalucía por su candidata, María Jesús Montero, aunque los comicios también han constatado que su adversario, el PP, sigue muy condicionado por Vox.

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La pérdida de la mayoría absoluta por parte de Juanma Moreno era el escenario más temido por los populares, porque el ciclo electoral autonómico que terminaba este domingo desde Extremadura hasta Castilla y León pasando por Aragón, al final se ha caracterizado porque el PP siempre ha precisado de Vox para investir presidentes y después gobernar.

Ante la caída experimentada por los socialistas en Andalucía -donde Montero se ha dejado dos escaños y ha bajado al peor resultado del PSOE en esta autonomía en toda su historia- los socialistas pueden contraponer la dependencia estratégica que el partido de Alberto Núñez Feijóo va a seguir teniendo de la formación de Santiago Abascal.

Precisamente uno de los argumentos más recurrentes de Pedro Sánchez cuando arremete contra el jefe de la oposición, el cual, por su parte, puede exhibir cuatro victorias consecutivas en las autonomías donde ha habido elecciones y de las que los socialistas no han salido nada bien parados, con mucho más voto acumulado a la derecha que a la izquierda.

La recta final de la legislatura, para Sánchez y Feijóo

Estos son los mimbres que Feijóo presenta para argumentar su fortaleza ante lo que él considera el fracaso del «sanchismo», con el presidente cada vez más huérfano de apoyos parlamentarios y sujeto a la evolución de casos de corrupción que ya han llegado a juicio, como el caso Koldo, con su exministro José Luis Ábalos en el banquillo.

En todo caso, con cuatro victorias amargadas por el empuje de Vox y cuando Moreno, uno de los barones más relevantes de su partido, ha perdido la mayoría absoluta, siempre queda Feijóo en primera línea, como líder de la oposición, cara a cara con Sánchez, para la recta final de la legislatura y con la vista puesta en las elecciones generales.

Una carrera que puede dilatarse más de un año (después de las elecciones municipales y autonómicas que se celebrarán en mayo de 2027) si Sánchez cumple su promesa de agotar la legislatura, por muchas piedras que se esté encontrando en el camino y tras unos resultados autonómicos decepcionantes, incluso con candidatas exministras, como Pilar Alegría o María Jesús Montero.

Además, la gestión de gobierno resulta cada vez más complicada por el distanciamiento de los socios de investidura, con Junts y Podemos casi en pie de guerra en algunos momentos e instalados en el bloqueo y con el PNV haciendo incluso amagos de alejamiento.

La actividad legislativa está bajo mínimos por las dificultades para sacar adelante las leyes, no hay visos de que puedan aprobarse presupuestos y el tratamiento de las últimas crisis -como la reciente por el hantavirus- se ven sometidas a un constante escrutinio crítico por parte de la oposición.

Un tiempo para gobiernos de la derecha

Con todas estas dificultades tendrá que seguir bregando Sánchez, algo que por otra parte lleva haciendo desde hace mucho tiempo, casi desde que llegó a Moncloa. Pero ahora los gobiernos autonómicos del PP y Vox en Extremadura, Aragón y Castilla y León (aquí todavía por conformar) echarán a andar con políticas propias.

La «prioridad nacional» para acceder a los servicios públicos así bautizada por Vox ya ha asomado en los acuerdos para las investiduras de María Guardiola en Extremadura y Jorge Azcón en Aragón, y ha obligado a los populares a ofrecer explicaciones y aportar matices no exentos de tensión en el debate público.

En Andalucía a Moreno le han faltado dos escaños para revalidar su mayoría absoluta, y eso que ha sumado 144.000 votantes a los que logró hace cuatro años, pero el aumento de la participación, la irrupción de Adelante Andalucía y la aplicación de la ley D’Hondt produce a veces estos efectos al repartir escaños.

En el otro extremo, un partido como Vox, con 79.000 papeletas más y solo una subida de 0,3 puntos sale de esta noche como uno de los grandes triunfadores porque sus votos serán clave en el Parlamento.

Falta por saber cómo digerirá internamente el PSOE la derrota de Montero, que al fin y el cabo es vicesecretaria general del partido, con un comité federal en el horizonte para finales de julio, pero sí parece cierto que, elecciones tras elecciones, pasa el tiempo y Pedro Sánchez sigue sumando páginas a su manual. De resistencia.