Madrid (EFE).- La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha requerido a cinco influencers (Sofía Suescun, Tamara Gorro, Peldanyos, Samy Spain y Lola Lolita) por no identificar de forma correcta contenidos publicitarios difundidos en redes sociales.
Así lo ha asegurado Competencia en una nota de prensa en la que ha precisado los nombres de los perfiles a quienes afectan y en cuyas publicaciones -dice- «en todos los casos promocionaban productos o servicios sin incorporar dentro del propio vídeo una advertencia suficientemente clara sobre su carácter publicitario».

En uno de los casos, según el organismo supervisor, se advierte de la aplicación de la normativa sobre declaraciones de salud en productos alimenticios.
Las actuaciones se iniciaron tras varias denuncias presentadas por la Asociación de Usuarios de la Comunicación (AUC).
Las publicaciones analizadas, según mantiene la CNMC, promocionaban distintos productos y servicios, como una tarjeta bancaria, complementos alimenticios, establecimientos de restauración, prendas de ropa o contenidos audiovisuales, sin incluir una identificación suficientemente clara de su naturaleza publicitaria en el propio contenido audiovisual.
En varios casos, según la comisión, los creadores utilizaron fórmulas como «ad» o referencias como «embajadora», o recurrieron a las herramientas de etiquetado de las plataformas, e inclusive indicaron “#publi” fuera del vídeo.
Unas medidas que Competencia ha considerado que «no son suficientes» para cumplir las exigencias de transparencia, es decir no lo son cuando la advertencia no aparece integrada de forma visible dentro del propio contenido audiovisual.
De acuerdo con el criterio interpretativo aprobado por la CNMC en junio de 2025, la identificación adecuada exige que términos como «publicidad» o «publi» aparezcan integrados y de forma visible dentro del propio vídeo para que los usuarios puedan reconocer con claridad el contenido comercial.
El carácter publicitario puede existir sin pago
Uno de los expedientes, referido a Lola Lolita, según apunta la comisión, incorpora una precisión relevante sobre el concepto de comunicación comercial.
La influencer y la marca defendían que la publicación no tenía carácter publicitario porque no existía remuneración ni estaba prevista en contrato. Sin embargo, la CNMC ha concluido que el contenido contribuía a la promoción de la marca y, por tanto, debía considerarse una comunicación comercial.

El organismo ha recordado que la jurisprudencia nacional y europea reconoce que puede existir finalidad publicitaria, incluso, cuando no media un pago directo, y aunque la promoción se realice de forma independiente por parte del creador de contenido.
Pese a ello, la CNMC no ha abierto procedimientos sancionadores al considerar que las publicaciones examinadas fueron difundidas antes de que se consolidara el criterio interpretativo aprobado el pasado año.
En su lugar, ha optado por requerir a los influencers el cumplimiento de las obligaciones previstas en la normativa audiovisual.
Advertencia sobre publicidad sanitaria
Otro de los expedientes relativos a Sofía Suescun, según apunta la CNMC, añade además una advertencia específica sobre la publicidad relacionada con la salud.
La CNMC ha concluido que la publicación analizada atribuía a un complemento alimenticio efectos beneficiosos que no están autorizados por la normativa europea, por lo que la ha considerado publicidad ilícita.

Además, ha recordado que los influencers están sujetos a las mismas restricciones que el resto de anunciantes en materia de publicidad sanitaria, incluida la prohibición de utilizar testimonios de personas famosas o conocidas para promocionar este tipo de productos.
La CNMC es el organismo encargado de supervisar el cumplimiento de las obligaciones establecidas en la Ley General de Comunicación Audiovisual por parte de prestadores audiovisuales y usuarios de especial relevancia (influencer) que operan en plataformas de intercambio de vídeos.
Vigila, por tanto, la correcta identificación de las comunicaciones comerciales para garantizar que los usuarios puedan distinguir claramente cuándo un contenido tiene finalidad publicitaria.










