Madrid (EFE).- Un soldado destinado en Melilla ha sido condenado a tres meses y un día de prisión por viajar a Málaga sin autorización y permanecer allí cuatro días cuando se encontraba de baja médica, cometiendo así un delito de abandono de residencia.
La Sala de lo Militar del Tribunal Supremo ha confirmado la condena dictada por el Tribunal Militar Territorial Segundo de Sevilla por unos hechos que se remontan a mayo de 2025, y ha rechazado todos los motivos esgrimidos por el militar contra la pena impuesta, la mínima legal posible.
Este soldado del Ejército de Tierra destinado en Melilla estaba de baja desde el mes de febrero de 2025 por una dolencia de espalda, una situación que terminaba el 5 de mayo, cuando comenzó otra baja que se extendió hasta julio por otro diagnóstico.
Cuatro días sin autorización fuera de residencia
El 7 de mayo el soldado, con 30 años de servicio a sus espaldas, viajó de Melilla a Málaga en barco, de dónde volvió, en el mismo transporte, el día 11, permaneciendo así cuatro días sin autorización fuera de su residencia de destino.
Por ese motivo fue condenado como autor de un delito de abandono de residencia, un ilícito que castiga a los militares en activo que se ausentan de su lugar de residencia durante más de tres días incumpliendo la normativa.
Al recurrir la sentencia, el soldado negó que no estuviese disponible, un argumento que los magistrados del Supremo rechazan, en porque «es contradictorio postular que quien no está en su residencia se encuentre en disposición de hacerse cargo de ningún servicio» y también afirmar que «quien se encuentra en Málaga, esté inmediatamente disponible en Melilla».
«El sujeto era consciente de que estaba obligado a residir durante su baja médica en la localidad de Melilla, y que necesitaba autorización para ausentarse de su residencia, y aun siendo consciente de ello se ausentó», recalcan los magistrados en una sentencia a la que ha tenido acceso EFE y que confirma la existencia de dolo, que negaba el soldado.
De la misma postura es la Fiscalía, que consideró «inverosímil» que el soldado condenado desconociera que debía comunicar a sus mandos la salida de la Melilla, por ser éste «un profesional de las Fuerzas Armadas con treinta años de servicio, que conoce perfectamente la normativa sobre bajas médicas».










